NADIA CONTRERAS (Quesería, Colima, 1976) Escritora, académica y tallerista. Licenciada en Letras y Periodismo y maestra en Ciencias Sociales por la Universidad de Colima. En la Universidad Autónoma de La Laguna cursó la Especialidad en Educación. Es fundadora y directora de la Revista Literaria Digital Bitácora de Vuelos (http://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/) y de la casa editorial digital con el mismo nombre. Es becaria del PECDA Coahuila, en la categoría Creadores con trayectoria, género Poesía (2016-2017). Su obra ha sido traducida al inglés, portugués e italiano. Escribe para diferentes medios nacionales y extranjeros. En su página web (http://www.nadiacontreras.com.mx/) con la etiqueta (hashtag) #EscribirPoesía, comparte recursos, videos, consejos, libros, etc., para aquellas personas interesadas en hacer poemas.  
            Entre sus premios destacan: Mención honorífica en el Premio Nacional de Poesía “Elías Nandino”, 2001; Premio Estatal de la Juventud, Colima, 2002; Premio de Poesía Instituto Mexicano de la Juventud, 2003; Premio de Publicación Editorial, convocado por la Dirección de Cultura de Torreón, en 2006, 2008; Premio de poesía “Timón de oro” convocado por la Secretaría de Marina y la Escuela Naval Militar de México y Ganadora del Primer concurso de narrativa “Salvador Márquez Gileta”, Universidad de Colima, 2011. En 2014, el congreso del Estado de Colima le otorgó la presea “Griselda Álvarez Ponce de León”, por su trayectoria en la literatura; es el máximo galardón que el estado puede entregar a una mujer.
            Autora de poesía Retratos de mujeres (SCC, 1999), Mar de cañaverales (La luciérnaga, 2000), Lo que queda de mí (FETA, 2003), Figuraciones (Paraíso Perdido, 2005), Cuando el cielo se derrumbe (El tucán de Virginia, 2007) Presencias (Mantis editores, 2008), Caleidoscopio (Dirección Municipal de Cultura Torreón, 2013), Visiones de la patria muerta (Ed. El humo, Col. Ojo Cautivo, 2014), Cumplimiento de la voluntad (Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Coahuila, Colección Arena de Poesía, 2014), Un viento [que] jamás. Urdimbre [de] cuerpos y palabras (en coautoría con Marisol Vera Guerra (Ediciones BV, octubre 2015); Quedará el vacío (PinosAlados Ediciones, 2017); de ensayo literario: Pulso de la memoria (Universidad de Colima, 2009); y de prosa poética Solo sentir (Editorial Paraíso perdido, 2017).
Su trabajo literario forma parte de las antologías, entre otras, de Creación joven poesía (1999), prólogo de los poetas Juan Domingo Argüelles y Eduardo Langagne, Conaculta y Secretaría de Cultura del Gobierno de Jalisco; Árbol de variada luz, antología de poesía mexicana actual 1992-2002, estudio, selección y notas de Rogelio Guedea, Universidad de Colima, 2003; Los extremos se tocan, poesía y narrativa de becarios de creación literaria, edición, selección apéndice y prólogo de Bernardo Ruiz, Secretaría de Cultura del Estado de Colima, 2004; Encuentro de escritores coahuilenses, Ponencias, Instituto Coahuilense de Cultura, 2008; Coral para Enriqueta, libro-homenaje a la escritora Enriqueta Ochoa, 2009 y 2013; Detrás de la puerta, antología erótica de cuento y poesía, Universidad de Colima, 2014; Pequeña antología para el amado (poesía erótica-amorosa), compilada por María Luisa Trejo Sirvent, Pontevedra, España, Editorial El Taller del Poeta, 2014.


La culpa de que esté buscando mi historia entre papeles, carpetas, álbumes antiguos, es de Susan Sontag y su libro Sobre la fotografía. Hasta hace poco mi aversión a la fotografía no tenía nombre. No tenía caso que apareciera si no estaba contenta con mi apariencia. Eso era todo. El pasado me llega a pedazos, fotografías de épocas y contextos muy diferentes. Si quiero entender a la persona que era entonces tengo que inventar parte de esa historia, llenar los huecos que resultan incomprensibles. Una fotografía llama mi atención. Tengo cinco o seis años y estoy sentada sobre el cofre de La caribe, ese auto famoso de la Volkswagen con más de “30 millones de unidades fabricadas”. No recuerdo el lugar; el fondo se difumina porque el tiempo se ha llevado las orillas del paisaje. Hay un árbol en el fondo derecho y otros más pequeños en el izquierdo. Quizá Montitlán, Cerro Colorado, Carrizalillo; quizá sólo la orilla de un camino muy largo en el que nos detuvimos a descansar. ¿Qué sucedió antes de que mi padre, mi madre, alguien, tomaran la foto? Un largo descanso y el motor frío para que yo pudiera posar de tal modo. Una parte de mí está ahí pero sin historia. La imagen, el auto, el paisaje, mi vestimenta es lo tangible. Tiene sentido mirar las fotografías en absoluto desorden porque es como entender el glaucoma, es decir, esa visión una y otra vez eclipsada. La cronología no está completa como tampoco está completo el ojo izquierdo de mi padre. El derecho, es un horizonte un poco más amplio. Las manchas, esas ausencias, agregan otros fondos donde acaso abundan los árboles, donde la imaginación los viste de hojas verdísimas y hay un lago que se extiende lado a lado de lo que falta, de lo que se ha roto, de lo que se exige con cirugía y válvulas. Mi padre miente y yo también. No importa. En esos huecos, en esas orillas faltantes, en esas ventanas-popotes, “la posesión imaginaria de un pasado irreal”.

Texto publicado en el El comentario semanal, suplemento del periódico El comentario de la Universidad de Colima y en Prensa Cultura, CultoGrama.


El mundo cambia rápidamente. Las herramientas digitales que usamos hace un año, ahora resultan casi obsoletas. Otro punto: casi todo existe en internet. Efectivamente, la idea es abarcarlo todo aunque hoy en día, los más curiosos, descubramos sus infinitos huecos. El problema comienza cuando escuchamos frases como "estudiantes digitales, ciudadanos digitales". Es decir, personas que responsablemente usen la tecnología para su vida académica, profesional y social.

Si analizo mi entorno, pocos de mis estudiantes usan la tecnología con responsabilidad. Hablo, por ejemplo, desde socializar, investigar, escribir, crear. Es más fácil descargar un trabajo de Rincón del Vago o Buenas tareas, por mencionar un par de sitios de esa calaña, pasarlo a un nuevo documento, ponerle su nombre y presentarlo al profesor. Así cumplen, así se presentan orgullosos de lo que han hecho. ¿Qué pasa con el aprendizaje, las competencias, el lenguaje mismo? El documento en cuestión nos habla de una persona que no tenemos frente a nosotros.

Una simple pregunta, la solicitud de explicar un concepto o el argumento que defiende o refuta cierta postura, echan por tierra la farsa. Palabras que ni siquiera sabían que existían están escritas bajo su nombre. El lenguaje, como la lectura y como cualquier oficio, crece y se perfecciona con el tiempo. Los que comenzamos a leer, por ejemplo, hace veinte años, no somos los mismos que leemos ahora. El lenguaje es un sello inconfundible en cada uno; es único, irrepetible. Pero ¿qué importa? El plagio se hace a destajo.

Hay, en el programa de español de primer grado de secundaria, un proyecto completo en donde se enseña el manejo de fuentes bibliográficas. Aprendemos, practicamos, pero si el maestro no insiste, el alumno, prescindirá de este requisito. Dejamos de lado la responsabilidad de citar con nombre y apellido al autor, con nombre y apellido la publicación estudiada. Si lo permitimos ¿qué otra cosa podemos plagiar? Plagiar, robar, mentir, sobornar, manipular…

La era digital llega de manera abrupta en los adolescentes. ¿Qué tan preparados están para recibir tal cantidad de información? No están preparados. En los salones de clase debemos estar atentos a las páginas que consultan. Desafortunadamente, si estamos de espaldas, una cantidad considerable de páginas no relacionadas con la materia inundan las pantallas. O fotos, o videos. Lo ideal es que el alumno pudiera trabajar y cumplir con sus investigaciones sin supervisión alguna.

Se habla de edades para enfrentar los tantos tipos de información que existen. No obstante, esto pasa a segundo término cuando se le permite el celular, la Tablet… para mantenerlo quieto o "entretenido". Dentro de las condiciones del facebook el niño-adolescente debe tener 13 años para poder usarlo, pero muchas veces cuando llega a éste, su historia con otras aplicaciones es lo suficientemente extensa. Supervisado o no, el joven se enfrenta a miles de formas de usar la internet, grupos, chats, sin olvidar también aquellas otras personas, buenas o malas, en el otro lado de la gran pantalla del ciberespacio. ¿Qué sustenta lo que digo? Bastan las noticias de las últimas semanas.

Por otro lado, ¡qué alegría cuando el alumno investiga, descubre, crea, haciendo uso de las posibilidades que tiene la internet! El resultado sería muy distinto si fomentamos el manejo responsable de la información. Pienso, en el alumno ideal; un alumno que dentro y fuera de la escuela maneje información de una manera objetiva y productiva. Otro punto importante es saber comunicarse de manera correcta, adecuada y efectiva a través de los diferentes dispositivos que existen; comunicar y desarrollar proyectos en equipo. En este momento quien no sabe trabajar colaborativamente está condenado a fracasar, así de sencillo. Y que viaje. Conocer otras ciudades del mundo, otras culturas, otras formas de vivir, ahora es posible.

No quiero concluir esta reflexión sin dejar en claro que la vida en la escuela es sólo una parte de esta educación, como también otra parte la del maestro que debe ser un agente activo en cada una de estas competencias digitales. En casa, en la familia, ocurre el primer paso para convertirse en ciudadanos digitales responsables.

Texto publicado en La vereda, sección Opinión.

Hace unos días apareció en el portal de Poesía mexicana contemporánea, una entrevista que me realizó el también escritor Ignacio Ballester. Mi gratitud por permitir que mis proyectos, ideas, libros, lleguen más lejos. Reproduzco aquí solo la primera parte del texto e invito al lector a continuar la lectura en el sitio original.


La vida es un idioma extraño
Nadia Contreras (pág. 55)

Nadia Contreras es una poeta fundamental por lo que escribe y por lo que trabaja para la cultura en México. Cumplimiento de la voluntad (Secretaría de Cultura del Estado de Coahuila, Col. Arena de Poesía, 2014), su antología personal, está disponible en ISSUU, donde también se puede leer Un viento [que]jamás. Urdimbre [de] cuerpos y palabras (2015), muestra que prepara junto a Marisol Vera Guerra de su proyecto Bitácora de vuelos: activo espacio sobre poesía mexicana y otras artes donde se puede colaborar.

La poeta Nadia Contreras (Quesería, Colima, 1976) también es maestra. Sus libros más recientes son: Presencias (Mantis editores, 2008), Caleidoscopio (Dirección Municipal de Cultura Torreón, 2013) y Visiones de la patria muerta (Ed. El Humo, 2014). Veamos a continuación Cumplimiento de la voluntad y algunas preguntas que generosamente nos respondió Nadia Contreras.

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El título de esta entrada lo tomé de un verso de Goethe que leí primeramente en la conferencia número siete de Borges. Leo el poema completo, pero me queda nuevamente el mismo verso. La reflexión de Borges sobre éste es exquisita. Veamos: “Goethe lo escribió refiriéndose al crepúsculo de la tarde. Todo lo cercano se aleja, es verdad. Al atardecer, las cosas más cercanas se alejan de nuestros ojos, así como el mundo visible se ha alejado de mis ojos, quizá definitivamente”. La conferencia número siete aborda el tema de la ceguera.

La frase, siguiendo a Borges, se puede aplicar en casi todo: la vida, el amor, las cosas mismas que en determinado momento se alejan. Nos alejamos de la fecha de nuestro nacimiento para acercarnos a pasos agigantados a la recta final. Leo el verso y pienso inmediatamente en mi padre. Ustedes saben la historia; esa necesidad de contar lo personal, las confidencias. Los ojos de mi padre fallaron. Si nos vamos a la familia, a los genes que lo retuercen todo, nadie tuvo tal padecimiento. Él, a sus ochenta años, es un hombre fuerte, sano, sin ninguna afección que pudiera dar como resultado la invidencia. El destino escribió su nombre en el libro de los ciegos, así, sin recato. Las cosas, de un día para otro, cambiaron de lugar. El vaso, el plato, la taza, escapaban de las manos, se acercaban o caían fatalmente. Así comenzó todo.

La vida se mide con la palma de la mano y con los dedos. Lo cercano, efectivamente, se aleja: la mano en una dirección y los objetos en otra, aunque exista un ligero roce imaginario. Las formas, los colores, el sol, la luna, la sombra misma, toman distancia dentro del ojo. Por fuera, si nos acercáramos a esos ojos semiapagados, verdosos, desorientados, las imágenes son su propio universo. ¿De qué se apropia el ciego? Mi padre aún no responde a la pregunta. El mundo se desconfigura; no el mundo, sino un trozo de mundo. Es decir, esa fotografía que no es capaz de mostrarnos el paisaje, sólo el desgaste de lo que puede ser un campo de caña o la cima de un volcán.


La forma de escribir ha cambiado como también la forma de difundir nuestro trabajo creativo. Lo que digo, incluso, parece obsoleto. Así de rápida es la tecnología. Les digo a mis alumnos que los primeros artículos que publiqué en mi ciudad natal, los escribí en una máquina convencional. Una Olivetti Lettera. Luego, en máquina eléctrica y, por fin, una computadora. Así de rápido fue el salto tecnológico. Las herramientas digitales sintetizan al máximo la labor del escritor, y también, las labores de edición y difusión. “Cualquiera puede cocinar”, dice el lema del chef Gusteau; si lo aplicamos en nuestro entorno, funciona perfectamente: “Cualquiera puede escribir”. Que esta persona lo haga con calidad o no, dependerá principalmente de él mismo. Todo lo anterior tiene un punto de partida: “la tasa de rebote”. Es decir, “el parámetro que analiza las visitas que tiene un blog. Se produce un rebote cuando un visitante llega y se va a los pocos segundos sin haber navegado por ese blog”.

Sabemos que el mundo de la Internet es un mundo infinito. ¿Ustedes, tienen idea de cuántos artículos se publican diariamente? Si tenemos suerte, lo que escribimos, nos dará cierta presencia. Amigos, redes sociales, publicidad pagada (por ejemplo, facebook), pueden ayudarnos a llegar más lejos, para desaparecer en un par de horas, días. ¿Qué debemos hacer para generar lectores? Esta es una pregunta clave y tan importante como publicar poemas respetando la propuesta estética del autor: líneas sangradas, movimientos, tipografía, etc. Ver publicado un poema en su forma más perfecta, es una de mis mayores satisfacciones. El lector, aunque no lo creamos, se fija en todo esto.

En cuanto a contenidos, por un lado, distingo a un lector más relajado que busca o prefiere textos sencillos, cotidianos; el lector medio, por calificarlo de alguna manera, busca contenidos más específicos, por ejemplo, una crónica, una reseña, un cuento, un poema; el más cultivado se dirige hacia las secciones más especializadas, ensayos, investigaciones, tesinas. Los últimos dos tipos de lectores, además de saber lo que buscan y de leer contenidos, participan activamente en las publicaciones por medio de comentarios, foros, chats. Incluso, son lectores que también producen contenidos. Hay diversas páginas que motivan este tipo de retroalimentación. Pienso por ejemplo en las páginas de Antonio Muñoz Molina (http://xn--antoniomuozmolina-nxb.es/), Arturo Pérez Reverte (http://www.perezreverte.com/), Elvira Lindo (http://www.elviralindo.com/blog/), Alberto Chimal (http://www.lashistorias.com.mx/), Ana Clavel (https://anaclavel.com/blog/).

La palabra tasa de rebote sigue girando en mi cabeza. ¿Tengo lectores de rebote? Quiero pensar que no; quiero pensar que tengo lectores asiduos a las cosas que colgamos en la revista; asiduos a mi blog personal. A través de facebook hice la pregunta ¿Qué aspectos consideras para convertirte en lector asiduo de una página web? Las respuestas fueron muchas. Reproduzco aquí algunas con la finalidad de conocer un poco más a ese lector que tanto anhelamos:

Lorena Sanmillán Que esté bien escrita. Sin errores ortográficos. Que no tenga anuncios. Que se descargue fácil.

Eduardo Vardheren
1. Que sea de interés.
2. Que sea entendible lo que plantean (desde la ortografía pasando por la redacción hasta el contenido de la información que comparten).
3 Que inviten a la reflexión y al diálogo, vamos, que al menos se tomen la molestia de responder los comentarios (obvio los que aporten algo al tema).

Rosa Espinoza Primero que nada, sus contenidos, después el aspecto general del sitio, que no tenga distracciones, que pueda ser leído en cualquier soporte o plataforma, que remita a referencias de calidad, que actualice su información con periodicidad breve.

Marisol Vera Guerra Si contiene buena poesía y el formato permite una lectura rápida y amena, seguro volveré.

Alberto Quero
1. Que la ortografía sea correcta.
2. Que sea gráficamente agradable. Y, si es posible, que incluya contenido multimedia.
3. Que tenga moderador(a) para evitar contenido indeseable. Por ejemplo, usuarios que ofendan a otros usuarios, usuarios anónimos, etc.

Claudia Marcela Soto Además de que el contenido sea interesante, la página debe actualizarse constantemente.

Héctor Manuel Aceves Ortega Que el contenido sea original.

Ramón Ventura Esqueda Su diseño, ya que por la imagen entrará la atracción, y desde luego sus contenidos, centrales y periféricos.

Si tomamos en cuenta lo anterior, quizá tengamos una brevísima oportunidad de que el lector se quede en nuestra página o blog. Resumiendo, para evitar esa famosa tasa de rebote, tenemos que tomar en cuenta la velocidad de carga de la página, el diseño de la misma, los contenidos (hablo de cualquier contenido), y por supuesto, la originalidad. Mi gratitud a todas las personas que respondieron a la pregunta a través de Facebook. Agrego aquí el link para que quienes tengan curiosidad lean todas las respuestas.

Pregunta en facebook

Twitter: @contreras_nadia.
Responsable de Bitácora de vuelos, revista de literatura y cultura digital www.rdbitacoradevuelos.blogspot.com

Texto publicado en La vereda, sección Opinión.



Uno elige libros porque simplemente se siente identificado, porque hubo algo que giró en sentido contrario lo interno, las entrañas. Menciono lo anterior por el hecho de que este fin de semana, volvieron las famosas listas a la mesa de las conversaciones. Hablamos, hicimos anotaciones, reímos, comparamos, nos llevamos a casa la tarea de leer aquellos libros que por diferentes cuestiones pasamos por alto. Yo releí parte de la obra de Jane Austen, y para mi sorpresa, a uno de mis invitados le pareció innecesaria la narrativa de esta autora británica. Nosotras, defendimos pero no pudimos cambiar la visión de Eduardo que para entonces se negaba a escuchar todo tipo de argumento.
         Austen es autora de cabecera en el curso de literatura inglesa de la universidad en la que imparto clase. Me gusta, disfruto su narrativa. Eduardo dice que los finales de sus novelas son predecibles. Y agrego: son finales felices, de matrimonio. Sin embargo, su valor se relaciona directamente con su capacidad de observación. Chejov, Capote, Carver, Berger, Bowles, miran el alrededor, las circunstancias, los detalles que aderezan las fotografías más exquisitas. La observación de Austen se centra en ese espacio reducido que podemos llamar familia, ese microcosmos, como dice Eduardo Láñez. ¿Qué hace Jane Austen?: resaltar la complejidad, los entramados de las relaciones humanas. La propuesta de Austen efectivamente es el matrimonio pero, para llegar a él, el funcionamiento del personaje (podemos pensar en relaciones maduras, en posición social, económica...), tuvo que cambiar por completo.
         Aunque una buena parte de mis conocidos prefieren la novela Orgullo y Prejuicio, siempre elijo Persuación. Anne Elliot para mí es un personaje muy fuerte. La primera impresión que tenemos es que Anne no cuenta, no vale. Como afirma Stuart Tave: "Nadie oye a Anne, nadie la ve". No obstante, ella está para contarnos lo que sucede en ese microcosmos. Al final, Anne también vivirá un cambio en su forma de pensar y actuar, hay un grado mayor de conciencia sobre la vida y sus vicisitudes. Su capacidad de observación es agudísima, como agudísima es la mirada de muchos de los personajes de Chaucer y Shakespeare.
         Tal vez, mi debilidad por las memorias, los diarios, las autobiografías, respondan a mi gusto por sus letras. Más que estar atentos a nosotros mismos, lo estamos a los demás; por morbo, por necedad queremos saber cómo vive aquel, qué hace, con quien duerme. Así de simples somos. Así de simples en el placer de trastocar la intimidad. Los personajes de Austen están atentos a su alrededor, pero cuando uno llega al final de sus novelas, ya son otros frente al espejo. Son alma y cuerpo.


¡Nadie quiere un ebook!, fue la frase con la que abrió una amiga cercana la conversación. Nos reunimos en una de las pocas librerías de la ciudad, y supongo, que mirarse rodeada de tantos libros, la llevó a gritar tal sentencia. Temblé. Digo temblé porque además de la mirada de la mayoría de los presentes, yo me dedico desde hace algunos años a hacer ebooks y distribuirlos gratuitamente a través de Internet.
         No quise argumentar el valor de los ebooks en ese momento, y mi amiga, lo sé, no lo hizo para herir mis sentimientos. En México, a pesar de los rezagos en la tecnología, se lee bastante libro electrónico y las editoriales por su parte están cada vez más atentas a ofrecerlo como una alternativa también más económica, y en el caso de aquellos que transitan libremente por la red, traspasan sin ningún problema todo tipo de barreras.
         Nunca he considerado que el ebook esté en guerra con el libro físico; hablo de otra alternativa para leer. Hay personas que se sienten cómodas leyendo en dispositivos electrónicos (me incluyo), como otras que prefieren abrir el libro para sumergirse en el universo maravilloso que ofrece cada página (también me incluyo).
         La lectura electrónica es fría, estoy de acuerdo; no es lo mismo la sensación de un libro a la de un dispositivo. Insisto, son cuestiones de precio y de espacio. A través de estos aparatos las bibliotecas se han simplificado al máximo. Mi aparato, un Barnes & Noble, llamado normalmente Nook, tiene hasta el día de hoy 2, 714 libros. En mi casa, estos libros, sumándolos a los ya existentes, me exigirían ampliar por segunda ocasión mi área de estudio. Tal vez, para quienes vivimos en casas pequeñas, el libro electrónico es una buena opción.
         Pensemos ahora en la elaboración de un libro electrónico. Es como hacer un libro, sólo que al final no se imprime. Se convierte en el formato adecuado para su lectura en línea o para su lectura en estos dispositivos. El editor de un libro electrónico tiene la misma responsabilidad que aquel que maqueta para imprimir. Cuando hablo con los autores que publican en BV Ediciones (http://bitacoradevuelosediciones.blogspot.mx/), ponemos sobre la mesa la revisión de la portada, revisión de originales, pruebas en línea y en dispositivo, hasta culminar con la carga del material y su distribución. Un libro breve, no más de 40 páginas, me lleva más de dos meses de trabajo continuo hasta, como dije, hacerlo llegar al lector. Tal vez con el tiempo y la práctica podré reducir el tiempo, pero un libro se publica hasta que ambas partes están satisfechas. Difícil, pero lo hemos logrado.
         La primera vez que escuché la palabra "ebook" fue cuando mi libro Figuraciones (https://archive.org/details/CRP007) apareció en segunda edición en Crunch! Editores, iniciativa del escritor mexicalense Carlos Adolfo Gutiérrez Vidal, considerada la primera editorial en México dedicada exclusivamente a la publicación de eBooks gratuitos en español. A diferencia de la presentación tradicional donde el autor comparte con los asistentes, mi libro podía transitar libremente por el ciberespacio, no estaba atado a una región exclusiva, a un país, incluso a un continente. En ese momento, hablo del 2003, era una posibilidad muy remota que alguien, de Tijuana, por ejemplo, pudiera leerlo. Yo vivía en Colima y la inmediatez me conquistó. Para mí era un salto importante en la difusión de la obra de un autor como lo es ahora.
         Lo que resta de todo este proceso es considerar que los ebook están hechos para permanecer en nuestras bibliotecas digitales. Que vamos a encontrar mucha literatura basura, por supuesto, como encontramos cada vez que visitamos una librería: estantes colmados de libros de moda o temporada. Creo que al ebook no se le ha dado la oportunidad de crecer, aún hay cierta resistencia como la hubo cuando apareció la máquina de escribir, como la hubo muchos años después cuando comenzamos a usar las computadoras. Y sí, podemos amar un ebook tanto como amamos los libros impresos.

Twitter: @contreras_nadia. Responsable de Bitácora de vuelos, revista de literatura y cultura digital www.rdbitacoradevuelos.blogspot.com

Texto publicado en La vereda


Hubo pocas luces de colores en mi colonia; sólo dos o tres casas, incluida la mía, se llenaron con los colores que anticipan la navidad y el año nuevo. Tal vez, sea una banalidad cubrirnos de adornos navideños e incluso de malgastar la corriente eléctrica, que como sabemos, su precio siempre va en ascenso. Hay, sin embargo, cuando menos de mi parte, la idea de romper con la monotonía de lo cotidiano. Si vamos por la calle, la mirada se clava en las luces, en las guirnaldas que penden o que se descuelgan a manera de enredaderas por los muros. Dejamos de ver los espectaculares, ahora convertidos en frías láminas, para concentrarnos en esas luces chispeantes, en ese destello que crece la mirada. Los árboles son un espectáculo; desde el árbol sintético hasta el árbol natural (con la leyenda “Recicla tu árbol natural de navidad” este año por primera vez abrieron un centro de reciclaje a un par de cuadras de mi casa), lo que vemos es aquello que puede cambiar el ánimo de los sentidos, incluso la perspectiva con la que mira la ciudad atestada de autos, prisa, tiempo. Es, de pronto, la aprobación de las cosas porque estos festejos, además, tienen dentro de sí, en su ser, en su alma, la posibilidad de convertirnos momentáneamente en otras personas. El destello reemplaza a la tristeza y, por qué no decirlo, tenemos la sensación de dominar las peores calamidades. No hay vacío que no se llene, parecen decirnos esos bloques de luces fascinantes. Y todo esto ocurre dentro de la mirada, dentro de ese aparato maravilloso del ojo que se abre o se contrae dependiendo de la intensidad de lo que se observa. El hombre, más allá de considerarlo una banalidad, aprueba la maravilla. Una tentativa de devolvernos, a caso de manera efímera, la felicidad continuamente arrebatada.