Versión resumida de la ponencia que ofrecí dentro del marco del Coloquio Mujeres del Noreste, realizado del 6 al 9 de marzo de 2019, en la ciudad de Durango, Durango. 

En la poesía de la monclovense Dana Gelinas el paisaje es seco, desolado. En el desierto, bajo ese sol iracundo que vuelca la vida a la penuria, a la dolencia, a la sed, surge el milagro de un lenguaje directo, preciso, con el que Gelinas configurará el escenario ideal para el verso. Este paisaje se verá reflejado en la terminología que encontraremos a lo largo de su obra, tal como lo hace notar Luis David Palacios, en su texto “Hábitat”, publicado en Circulo de Poesía.
        No obstante, esta característica, que además, se aleja de la poesía solemne, ornamental, colmada de reflexiones existenciales y metáforas del siglo XIX y XX, se combina con otro elemento que la poeta trabaja perfectamente: el “yo personal” que se transforma en un “yo colectivo”.
        La poesía de Gelinas, es en primer momento, personal, íntima, para posteriormente, desplegarse hacia el otro, los otros, valiéndose de una segunda o tercera voz gramatical y de diversos tonos, provocando al lector a mirar desde diversos ángulos, el “hecho narrado”. Estamos ante una poesía, que en un escenario “infértil” como lo es el desierto, encuentra vitalidad; su voz personal, se multiplica en voces infinitas que manifiestan y reclaman ante la injusticia, las muertes, los dolores acumulados, no sólo de la época actual y no exclusivas del norte del país, de México, sino de otros tantos. De ahí, que hablemos de una poeta actual y universal. Hecho, por supuesto, que la llevó a obtener, con su libro Boxers, el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2006.
        Dana Gelinas apuesta por los sentimientos; su cercanía con la poesía de Jaime Sabines es inusitada. La emoción, los sentimientos, ese volcarse y desgarrarse, sin embargo, no dejan de lado la rigurosidad del verso. El verso preciso, exacto, como el que encontramos en Octavio Paz; el verso punzante de Rosario Castellanos, Enriqueta Ochoa, Sara Uribe; el verso descarnado de Pita Amor, Amparo Dávila, Esther M. García. El verso a partir del dolor, así lo enmarca la poeta, así lo concibe. Leamos: “Volví al hogar, / a la ciudad que funde los rieles de los trenes, / y perdí el apetito. // Yo, este Yo que devoraba rib-eyes por costumbre, / mi Yo con apetito de beber coca-colas, / y cien diferentes tipos de ensaladas […] En mi casa vacía, / -un terrón de azúcar y una pisca de sal disueltos en agua de la llave-, / hidrataron un mínimo mi sangre / durante los tres días que tardé en recuperar mi automóvil” (Altos hornos, 2006):

EL YO

El dolor tuvo que incubar, echar raíz y quebrar justo por el medio. El dolor, reconfigurado en la escritura nombrará las cosas del mundo con cada una de sus letras. El referente inmediato del “yo”, es el de Walt Whitman (no olvidemos el “yo” de un poeta muy cercano a nosotros: León Felipe), que aturde si no se lee con cuidado. Abrir el grueso de la obra de Whitman, es entender la relación de ese “yo”, a partir de la relación que el poeta establece con el alma y la naturaleza. En la poesía de Dana Gelinas, el “yo personal” se transforma en un “yo colectivo”. Es mecanismo de introspección, de diálogo consigo misma, con la naturaleza, con la historia, como lo será para Walt Whitman (el autor de Canto a mí mismo y Hojas de hierba, no olvidará, además el diálogo con Dios y el mundo). A partir del yo, como ocurre con Gelinas, el mundo es absorbido por la poeta y se convierte en portavoz de éste.
        Revisemos el tránsito entre los “yo” a partir de dos poemas: el primero, tomado de Altos hornos; el segundo, de Los trajes nuevos del emperador:El primer día, en los minutos próximos a las seis de la tarde, / mis pupilas se subordinaron al horizonte. // Del azul óxido / al púrpura violento. // Mis ojos volvieron a perderse en la gimnasia compleja / de las ondas expansivas / que golpean la retina y el cerebro / para ser testigos mudos de la creación del acero. // Todo esto es real, estallé, / ¿cómo demonios me piden / que escriba sobre cosas que no existen? (Yo-personal).
        “Augusto, el nene Pinochet, sólo podía llamarse Augusto. // No obstante, ¿qué es incluso el apelativo César / sin la armada de un pequeño país? / Y qué es un pobre país, / su presidente y su moneda, / y qué son las urnas / de una democracia / sino cenizas, / sin las insignias de un gran ejército” (las preguntas exponen la presencia de un yo-colectivo).

HISTORIA DE LA HUMANIDAD

Otro momento importante en la poesía de Dana Gelinas es el aspecto testimonial que guardan algunos de sus libros. Mantiene una relación directa con la historia de la humanidad, pero se deshace de los elementos duros. En esa ambigüedad (sin cifras, sin años, sin lugares determinados), los hechos cobran relevancia y se vuelven actuales. Lo lejano, lo que correspondió a otras generaciones, se vivifica. El universo se gestó y la sed (el desierto, una vez más) aprisionó un fragmento de mar. La historia se retoma en este poema titulado “La poza de La Becerra”: “En medio del desierto salobre / bajo el peso del sol, / hace millones de años / fue atrapado un fragmento de mar, / y formas de vida que no existen en Groenlandia / ni en Tíbet. / La taxonomía tradicional se resquebrajó / como los maderos de las arcas antiquísimas / al ser libradas del musgo lodoso del lecho de los ríos. / Nuestros cíclidos sobreviven a las eras”. Pero la historia se dobla, se descarrila, por ello, la poesía se torna denuncia social. El poema “Los niños de Hamelin”, es ejemplo singular de lo antes dicho: “Es, llanamente, un problema de números. / Los trasplantes exitosos, / los órganos que padecen necrosis después del injerto, / los órganos descartados por virus y antivirus / exceden las cifras de donantes muertos / en accidentes de tránsito / y, es claro, al raro universo / de los donadores saludables. // Cada hora que pasa desaparece un niño / para siempre / en Latinoamérica. / Sin embargo, no hay alcalde que ofrezca / un rescate por los niños de Hamelin. / No hay alcalde que escuche / a las madres de Hamelin./ Llenarían, entre todas, / la plaza mayor de esta república. / Los alcaldes las evitan, / esconden al responsable / del equipo de médicos cirujanos / de cierta unidad de trasplantes”.
        La habilidad de la poeta reside en amalgamar la leyenda documentada por los Hermanos Grimm, titulada “El flautista de Hamelín” (originalmente “El cazador de ratas de Hamelín”), con la historia acaecida en la ciudad del mismo nombre, Alemania, ocurrida el 26 de junio de 1284 y nuestra historia, donde el flautista (que en el pasado se le llamó “El coco” o “El señor del costal”), se torna sombra de miedo. A partir de esta metáfora saltan las preguntas: ¿qué ha pasado con los niños? Cada hora desaparecen en Latinoamérica, cada hora, mientras también cada hora, se duplica la cantidad de donantes. El flautista mágico no es quien se llevó a los niños (preguntemos ¿hay niños en los parques? ¿en las plazas? ¿jugando, riendo, inventando historias? ¿se los han llevado? ¿quién? ¿la tecnología, en su uso adverso, también toma el lugar del verdugo?).
        La poesía de Dana Gelinas es una veta infinita para el estudio. Para trabajos posteriores queda pendiente un acercamiento lingüístico y fonético, así como la revisión más extensa a cada uno de sus libros. Su mirada, sobresale en la poesía mexicana; una mirada que enfrenta los temas del desierto, la ciudad metalúrgica, el pasado y el presente en un mismo espacio.

Texto publicado originalmente en el suplemento cultural Siglo Nuevo, año 8, número 332, del periódico El Siglo de Torreón. Página 76, 7778 y 79 


Hace algunos días volví a leer a Antonio Muñoz Molina. Leo sus libros con suma devoción y también los artículos que publica en el diario El país. Uno de sus artículos coincide con mi último libro leído Encuentros con la sombra, edición a cargo de Connie Zweig y Jeremiah Abrams, y que ofrece una compilación de textos de autores como Jung, Joseph Campbell, Marie-Louise von Franz, entre otros, donde se explora la naturaleza humana en su aspecto sombrío, oscuro, negado. “Ambigüedades” [URL acortada: https://goo.gl/AUmP6f] es el nombre del texto de Muñoz Molina. La insensibilidad es su tema central y cómo nos puede llevar al extremo de permanecer mudos e inmóviles ante las catástrofes. Analiza también, las cosas que se polarizan, y aquí nos referirnos a la intolerancia que revelamos cuando alguien no está de nuestro lado o no comparte nuestro punto de vista, una práctica común en la actualidad.
          Destaco del autor el siguiente fragmento: “No creo que la sensibilidad hacia las artes o la afición a las novelas garanticen por sí mismas una mirada compasiva y alerta hacia los seres humanos. Uno puede amar mucho a los personajes de una novela y al mismo tiempo tratar a patadas a las personas reales que tiene cerca. Pero si el amor por las artes se corresponde con una actitud cordial hacia las personas reales, si la belleza que contemplamos en ellas nos enseña a mirar el mundo terrenal, la educación estética puede volverse inseparable de un aprendizaje práctico de la decencia, y proveerlo a uno con facultades de conocimiento y de intuición, de flexibilidad de espíritu, que le ayuden a comprender la complejidad de cualquier vida humana, y las variedades de gradaciones y matices de la experiencia de cada uno, lo estimulante y lo inapresable de la vida real”.
          De la cita, subrayo lo siguiente: la educación estética puede volverse inseparable del aprendizaje práctico, es decir, inseparable de esa facultad de conocimiento, de intuición, de flexibilidad de espíritu, que nos permitirá comprender la complejidad de la vida humana. ¿Qué difícil lograr esto? Muy trillada es ya la expresión: “Todos llevamos consigo un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde”, o lo que quiere decir: la persona bondadosa que podemos ser, junto con aquella otra malvada, cruel, o despiadada. Esa otra, que permanece oculta, como afirman Connie Zweig y Jeremiah Abrams, bajo la máscara de nuestro “yo”.
          Lo que entiendo del ser humano es que vive muchas facetas y esas facetas lo van modelando. Cada una de nuestras vivencias, nuestras relaciones, nuestras experiencias, los eventos que nos hicieron felices o nos traumatizaron, forman lo que somos. No comparto la idea de que, si tuvimos infancias difíciles, seremos por ello, personas malas, crueles o asesinas. Creo que esa es una decisión personal y se relaciona directamente con la manera en cómo enfrentamos la vida y cómo enfrentamos nuestra sombra. En efecto, los miedos, la maldad, por ejemplo, y “todo lo que hemos ido rechazando en el curso del desarrollo de nuestra personalidad por no ajustarse al ego ideal”, en palabras de Edward C. Whitmont. En este libro, Encuentros con la sombra, es interesante el debate que se abre en torno a las cosas que se le han negado a la persona, por no corresponder a la educación, a las ideologías, a los patrones aceptados de conducta y generan, en la represión, bien una cantidad positiva de energía o negativa. En este último caso, la sombra se convertirá en algo dañino.
          La relación entre el texto de Muñoz Molina y este libro es el margen tan estrecho entre lo positivo y lo negativo, por decirlo de algún modo, o los márgenes tan difuminados entre el bien y el mal, su ambigüedad. Formulo una pregunta ¿somos realmente seres “humanos”? Observen que he puesto comillas a la palabra “humanos”. Como mencioné líneas arriba, una frase en alguna red social, una idea, acaso deliberada, que no empate con la forma de pensar del otro, su forma de actuar o de asumir algo, convierte la sección de comentarios, los muros, los hilos compartidos, en una verdadera carnicería. No se argumenta; se apuesta al coraje, al odio, a la descalificación por cualquier medio. Me da la impresión de que estamos a la espera del error del otro para clavarle cruelmente los colmillos. Como editora, me quedo sin palabras cuando se presentan situaciones que se pueden solucionar fácilmente, de manera respetuosa, sin tanta faramalla. Sin embargo, se trata de criticar, depreciar el trabajo realizado, ridiculizar, ofender. Aquí, lo más difícil es decir “no estoy de acuerdo” o “podemos cambiar esto o aquello” de manera lúcida. O cuando menos, dirá Antonio Muñoz Molina, una lucidez parcial.
          Un segundo ejemplo, como lectora me quedo sin palabras, pero hay autores que no les gustan los comentarios “negativos” a sus publicaciones, sean textos o libros. Me atrevo, de vez en cuando, a poner de manifiesto alguna discrepancia, no por ego, sino por el trabajo académico que realizo o por el dominio en determinados temas o autores. ¡Qué complicado! Como autor, me parece más práctico escuchar a esa otra parte, porque efectivamente, pude haber errado, o bien, porque existe la oportunidad de establecer un diálogo fructuoso con esa otra persona en torno a aquello que señala. Identificarse con un libro es tan complejo como identificarse con el resto de las personas. Quizá, no se trate de fallos, discordancias, enfoques, ideologías, sino simplemente, un encuentro no afortunado. Libros que no nos gustan en una época se convierten en libros de cabecera años después. Lo que ocurre, según Anthony Percival, es un encuentro de naturaleza lingüística, en donde se involucra la percepción, la imaginación y la memoria. La realidad, para fortuna nuestra, no es una sola.
          Muñoz Molina, Connie Zweig y Jeremiah Abrams concuerdan en la importancia de “la toma de conciencia profunda de nuestra propia identidad”, evitando así caer en episodios estúpidos; estos episodios en lugar de ayudar, orientar, corregir… dañan a las personas. Hay una frase de Albert Einstein que cabe perfectamente: "Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y yo no estoy seguro sobre el universo". Erich Neumann, volviendo al libro Encuentros con la sombra, remata esta toma de conciencia de la siguiente manera: “El yo descansa oculto en la sombra, ella es quien custodia la puerta, el guardián del umbral. Así pues, solo podremos llegar a recuperar completamente nuestro yo y alcanzar la totalidad reconciliándonos con la sombra y emprendiendo el camino que se halla detrás de ella, detrás de su sombría apariencia”.

Texto publicado originalmente en Mujeres Construyendo 



Ingeborg Bachmann (1926-1973) se ha convertido en una de mis escritoras de cabecera. Uno de sus temas principales en poesía es la "desilusión del yo", como consecuencia de los problemas que lo circundan. Por ejemplo, en 1953 publicó el libro Tiempo postergado, y la desilusión se centra en las consecuencias de la guerra, las vidas perdidas, el desastre. La poeta escribe:

La guerra ya no se declara, sino se sigue. Lo inaudito
se ha convertido en cotidiano. El héroe se queda lejos de los combates. El débil es llevado a las zonas de fuego.

La vigencia de sus temas es abrumadora; ironías del siglo XXI, cuando más tenemos acceso a la información y al conocimiento, cometemos los mismos errores o, incluso, los superamos en vileza. Lo que consideramos sería corregido, juzgado, castigado, se olvida y las mujeres, las niñas, las víctimas… aparecen una vez más subyugadas y desamparadas. Como es tradición en cada sexenio (me refiero de manera directa a México), los responsables de cuidar nuestra integridad dan palos de ciego y la violencia, el desprecio, el asesinato, revolotean. Bachmann lo explica:

La muerte como séquito del alboroto
está decidida desde siempre.

La poeta austriaca aborda la enemistad del hombre hacia la mujer. La relación que establece entre lo político y lo privado le funciona para hacer palpable la “falta de comprensión y violencia entre el hombre y mujer”, no sólo como un comportamiento individual, sino colectivo. A unos días del #DíaInternacionalDeLamujer, la poesía nos pone frente a frente con la realidad y con la política, una forma de tocar la conciencia del ser humano, sacudirlo, obligarlo a mirar la realidad /verdad. En su discurso "La verdad se le puede exigir al hombre" (1958), afirma

“No puede ser la tarea del escritor negar el dolor [el gran dolor secreto, que distingue al hombre de todas las otras criaturas], borrar sus huellas, hacerlo olvidar. Debe, al contrario, reconocerlo y, una vez más, para que lo podamos ver, renovarlo. Porque todos queremos llegar a ver. Y aquel dolor secreto es el que nos hace sensibles para la experiencia, en especial, para la de la verdad”.

La pregunta aquí es hasta cuándo, hasta qué momento, bajo qué ley, podremos combinar las palabras “Mujer” y “Felicidad”. Hablo de libertad, de experimentar la esperanza, de alcanzar un hogar, una sociedad, una patria ideal.
Bachmann guardó silencio; las palabras no siempre esclarecen la realidad y se debe sospechar de ellas y del poeta. Las palabras deberán sostenerse hasta que originen algo nuevo, como concluye Cecilia Dreymüller en el libro Últimos poemas, que recoge 18 textos escritos por Bachmann entre 1957 y 1967. El poema “Vosotras las palabras”, dedicado a Nelly Sachs, es ejemplo de ello: la poesía, lejana a la “desilusión”, mostrará la realidad con sus virtudes, sus limitaciones, sus complejidades; y la sociedad debe ser una en la que caben todos.

Comparto con ustedes una selección de poemas:


TRAS ESTE DILUVIO

Tras este diluvio
quiero a la paloma
y únicamente a la paloma
verla salvada de nuevo.
¡Yo me hundiría en este mar!
si ella no volase,
si ella no trajese
a última hora la hoja.


VOSOTRAS, PALABRAS

Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración
¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más, hacia ningún final.
No aclara.
La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,
quiere estar dicho ya.
No las digáis.
Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
—esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!
Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de manera diferente.
Dejad, digo, dejad.
Nada, digo yo, susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurra nada,
deja y sígueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos—
Y sobre todo, no eso: la imagen
en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de sílabas, palabras de agonía.
¡Sin decir nada,
vosotras, palabras!


EN VERDAD

Para Ana Ajmátova
A quien nunca se quedó sin palabras,
y yo os lo digo,
quien sólo sabe ayudarse a sí mismo
y con las palabras,
a éste no se le puede ayudar.
Ni por el camino corto
ni por el largo.
Hacer sostenible una única frase,
aguantar en el ding-dong de las palabras.
Nadie escriba esta frase
que no la firme.


ENIGMA

Para Hans Werner Henze del tiempo de los Ariosi
Ya no vendrá nada más.
Nunca más será ya primavera.
Los calendarios milenarios a cualquiera lo predicen.
Pero tampoco verano y más adelante lo que tiene nombres
tan buenos como «veraniego»—
No vendrá ya nada más.
No debes llorar,
dice una música.
Más
no
dice
nadie.



Texto publicado originalmente en Liberoamérica.




Recientemente participe en un foro sobre el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en la educación. En el foro, se analizaron tanto las ventajas y las desventajas, pero sobre todo, la manera en cómo éstas han revolucionado la manera de impartir clase, compartir información, trabajar, estudiar, socializar, etc. La manera de leer y de escribir, también se ha modificado y ahora es imposible concebir a la escritura sin la tecnología. Los muy jóvenes, quizá no lo entiendan, no lo sientan, no lo comprendan totalmente. Quienes pasamos los 40 años sabemos lo que implicó ese salto, ese vértigo. De las máquinas convencionales, a la eléctrica, al teclado; de la página en blanco, a la página electrónica. Tal vez, algo muy similar sucedió cuando Gutenberg hizo posible la impresión e inició la era de la edición masiva. Imagínense, de la letra hecha a mano, a la letra fabricada en moldes de plomo preparados exclusivamente para impresión. Encender la computadora, o el celular, ejecutar programas, apps, diseñar una presentación, realizar las tareas en las diversas plataformas existentes, indagar en Facebook, Twitter, hacer apuntes en Evernote, etc, representa un cambio radical. Ahora, pensemos en la literatura que se genera en la red y debe ser leída en la red. Menciono a la poesía electrónica como un ejemplo, que incluso, es anticuado.
            La tecnología es parte de nuestra vida y también forma parte de la vida académica. El desarrollo de las mismas sociedades da origen a estos cambios e ignorarlos, pasarlos por alto, pretender anularlos, limita, en parte, la manera en cómo los alumnos se integrarán al campo social, económico, político..., una vez que hayan egresado. Tal vez, hasta aquí, resulte alarmante ¿cómo hacer esto posible? ¿Cómo lograr que estás se conviertan en verdaderos utensilios para elevar el nivel educativo en un país como el nuestro? Como nunca nos preguntaron si estábamos de acuerdo en que la tecnología “asaltara” nuestro hogar, nuestra escuela, la vida, queda entonces involucrarnos en su proceso, promover su uso adecuado, informado, reorientar esa fascinación, esa enajenación.
            Con la introducción de la Web 2.0 cambiaron las cosas. Los usuarios dejaron de ser lectores estáticos, receptivos y, de la noche a la mañana, se convirtieron en co-creadores o creadores. Surgen los blogs, las redes sociales, los cuadernos digitales, los foros, las wikis, la educación a distancia; surge todo lo que ahora conoces, cada vez más perfecto, cada vez más ambicioso. Hay una historia aparte para el hipervínculo, el hipertexto, los audiolibros (o libros parlantes)… Y aquí, utilizaré un término fundamental en el aula de clase: aprendizaje colaborativo. Es decir, el trabajo en equipos, muchas veces no físicos, sino conectados, en línea.
            Los teléfonos son otra maravilla de las TIC, estemos de acuerdo o no, dentro del salón de clase; una maravilla en comparación con aquellas primeras computadoras enormes, imposibles de llevar de un lado a otro; hablo de almacenamiento, desempeño, ergonomicidad. El uso de dispositivos móviles, el uso de lectores de libros electrónicos, sintetizan el trabajo realizado al interior de los salones de clase. Mis alumnos leen en pantalla, y si quisieran, leerían también con sus apps en sus dispositivos móviles. Hay infinidad de éstas para la lectura: Aldiko, es un ejemplo. Tendrían acceso a un sin número de bibliotecas digitales gratuitas, a un sin número de fuentes de lectura bajo préstamo o bajo renta mensual: Digitalee, Bookmate, por mencionar dos ejemplos.
            Quienes somos asiduos compradores de libros electrónicos, conocemos sus ventajas: cuestan menos y en nuestros dispositivos, llámense Kindle, Nook, Kobo, etc, podemos llevar miles de estos. En mi caso, la investigación es una tarea cada vez menos difícil. Si antes cargaba con innumerables volúmenes, ahora basta con mi dispositivo que alberga “casi” mi biblioteca completa. Como dije, las TIC en la educación tienen sus ventajas. En síntesis, su relación con otras disciplinas, con otros medios; su relación con información no solo producida en nuestro país, sino en el extranjero; la interacción inmediata con los compañeros de clase, los mismos profesores; la comunicación vía chat, correo electrónico; videoconferencias o transmisiones en vivo (Periscope, Skype, Facebook Live) otros agentes, acaso, en la coincidencia, en la visión sobre el mundo. La nube, lo sincrónico y asincrónico, son otra forma de ocupar ese otro espacio, infinito, perdurable, sí, tal vez.
            Pero debemos mirar también las desventajas y los retos que presentan las TIC en la educación. El primero de ellos, son los costos; no me refiero propiamente al plano individual (el equipo según nuestras necesidades y podemos comprar), sino al de las instituciones. El costo de equipamiento y el costo del personal capacitado para su funcionamiento óptimo. En Latinoamérica, el rubro de los presupuestos es desigual y las escuelas se separan entre públicas o privadas, por no decir, pobres o ricas. Otro punto: verdaderamente ¿se puede leer todo lo que se publica en internet? ¿todo lo que se publica sirve como material fiable de consulta tanto para alumnos como por profesores? ¿los profesores apoyamos a nuestros alumnos en la elección de la información? ¿Los apoyamos otorgándoles herramientas que les sean útiles para jerarquizar, analizar, interpretar, reformular esa nueva información? ¿qué tanto los docentes inculcamos el manejo adecuado de fuentes bibliográficas respetando la propiedad intelectual?
            Finalmente, pongo sobre la mesa otro concepto: “analfabetas digitales”. Es decir, aquellas personas que utilizan la herramienta digital como un medio básico para conversar, seguir las publicaciones en redes, subir fotos, ver videos, pero sin fines educativos. La posibilidad de crear un ambiente óptimo para el aprendizaje, lúdico, de múltiples experiencias, se ve reducido. En fin, el debate puede ser infinito y origina múltiples lecturas. Lo que queda claro es que las TIC (que se suman a lo que ya se hace al interior de las escuelas), como se mencionó líneas arriba, son parte de la vida y parte del salón de clase. Aquí comienza el trabajo de investigación, actualización, reflexión, creación... por parte de los padres de familia y los docentes. Un poco tarde (alrededor de 1950 nació el internet), pero ya necesario.

Artículo publicado originalmente en la página de Mujeres Construyendo

Les comparto con agrado la reseña que David Bonilla escribió sobre mi libro Solo sentir. Los invito a leer de manera completa desde su sitio original: Centro de Experimentación Literaria

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Quisiera que mis letras tuvieran la temperatura exacta. Es difícil contarle a un papel o una pantalla lo que es la respiración que se agita y que pesa a la vez. Nadia Contreras vence estos márgenes y los disloca en Sólo sentir, una lectura que puede gemirse sin complejo alguno (ya sea en varias sesiones o en una experiencia erótica con la fuerza de un arrebato). 

La fantasía sorprende la propia intimidad en la obra de la acreedora al premio Griselda Álvarez Ponce de León en 2014. Nadia no tarda en hacer que su escritura exija un espacio íntimo –aquí la paradoja– para develarse uno mismo, como un cuerpo expectante detrás del tacto de otras manos. «El temblor de la imaginación» encarna y se vuelve labios y pelvis desnudos. Es escritura que no se queda en el papel. Hay pocas letras que migran a la sangre para enarbolar la piel en forma de escalofrío. Sólo sentir, esa desnudez violenta y jadeante que tiene apenas una demanda, un mandamiento pagano: «...hacer con las palabras el cuerpo del deseo, la anatomía de este y la respiración. Sobre todo, la respiración». Leer más


Piensen en ese momento en el que, frente a la playa, el paisaje, la noche, o simplemente la lluvia, cerraron los ojos, los abrieron y poco a poco sus sentidos percibieron cada elemento del escenario; el mínimo estertor, el mínimo murmullo. Alguien quitó la venda de los ojos y abrió los oídos; alguien retiró el caparazón con el que se protege el cuerpo evitando así los filos, las púas de este tiempo. Ocurre lo mismo con la poesía de Rocío Cerón.

Encasillarla en un mismo estilo, en un mismo proceso de creación, en una misma visión para interpretar el mundo, es imposible. Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) es una escritora que aprovecha todos los soportes, para ampliar el horizonte poético. La palabra escrita, la tecnología, la actuación, el video, la música, la fotografía, dan como resultado un corpus en donde los sentidos están a disposición de la poesía, una poesía dinámica. La autora rompe con la idea tradicional de que el libro está hecho sólo para leerse; un libro, además, está hecho para oírse, sentirse, levantarse y danzar.

Tiento (UANL, México, 2010), cumple con lo dicho líneas arriba. Tiento, es decir, palpar, aborda el tema de la migración. Está dividido en tres secciones: Kalemegdan, 1947, América y Eleonora, que a su vez se subdividen en otras tantas. En él se conjugan lo visual, lo sonoro (las partituras de Enrico Chapela), lo visual (el trabajo fotográfico de Valentina Siniego) y la poesía de Cerón. Como un mapa (cada lectura es una ruta, una travesía), el poema-objeto hace referencia al recorrido que hace una familia: La abuela, la madre y Eleonora.


¿Qué eriza la piel y los sentidos? ¿Qué yergue las emociones? Los poemas hacen referencia aquello que, en la travesía (de Serbia a Sonora), se deja, no porque se quiera, sino porque la vida terminantemente arrebata: “Ranura. Armario. Del suceso, conjetura. / Detrás de la mirada se ha poblado un mundo. // Grieta. La leche de su madre. / Leche que deja heredad, apenas gota en la comisura”. Otro momento inquietante, es cuando se aborda el tema de la familia. ¿Qué es la familia?: “Una familia es tiento. Precisión de sangre. / Una familia es borde. / Derrumbe y asidero. // La habitación es el centro donde rondan los nombres. / Un padre es trayecto entre la creciente y lo que cae. // Algo ahí espanta. // Lo que aprendimos aquí no se consume”.

Otro libro importante en su propuesta poética es Diorama (UANL, 2012), galardonado en 2015 con el Premio al Mejor Libro Traducido en inglés que otorga la Universidad de Rochester (BTBA, Best Book Translated Awards). El libro se enfoca en lo que se escucha y viene; Cerón lo explica de la siguiente manera: “Me dediqué a oír, oír, por ejemplo la idea de la sangre suspendida, que es uno de los temas que más me interesa, la suspensión, ese momento que existe antes de que va a llegar la tormenta, o como el tsunami, cuando se empieza a retraer el mar, que es como un momento suspendido antes de la tragedia, un poema que está dedicado a eso, un poema que habla de lo que yo creo que viene, de que la gente todo el tiempo sabe pero no quiere verlo, no quiere oírlo.” [Javier Moro Hernández. Entrevista con Rocío Cerón. En La Jornada de Aguascalientes, 06/01/2013].

Diorama, es un reclamo directo al mundo actual en donde la mayor parte del tiempo la pasamos frente a la pantalla de los dispositivos móviles. No importa a través de qué medio o a través de qué red, pero la simulación de la comunicación y de la información, nos sobrepasa, dejándonos sordos y ciegos. Dioara, es volver a palpar esas cosas olvidadas a lo largo del camino. Dos poemas sirven de ejemplo: El primero corresponde al apartado II de “Ciento doce”: “[…] camuflaje: // oído fino para escuchar sonidos inarticulados, viento rompeolas canciones de cuna gritería de hordas palpitaciones ultra rápidas 2507 petaflop cuchillo picando cebolla vía láctea transcurriendo/ // suspensión, sangre en suspensión/.” El segundo, es el poema titulado “Sonata mandala al ave penumbra”. ¿Qué es el ave? El cuerpo, el olor, el destino, porque si caminamos, lo hacemos dudando el paso siguiente.

Veamos: “Curiosidad intensa: ¿hacia dónde se mueve la imposibilidad, el interior arenoso de un hombre, el vórtice solar, la visión, el autismo, la mano posada sobre la núbil rodilla, el cuerpo celeste no identificado, la ostra, el tiempo, el soplo que agita apenas el mar Báltico, el cuerpo herido, el progreso, las violetas, el romero? ¿A dónde se mueven las intensas partículas de azul Berlín?”.

Del libro Nudo Vortex (Literal, 2015) resalta la preocupación de la autora por el lenguaje. Pensemos, que junto con Cerón, en México hay autoras de finísimos sentidos: María Baranda, Gloria Gervitz (con quien comparte el tema de la migración), Elsa Cross (las páginas de Urracas son relación inmediata), Coral Bracho, y de nuestras tierras coahuilenses, Claudia Barrueto. En esta idea de buscar en el lenguaje la sonoridad, el ritmo, la pulsión correcta, es posible considerar la concepción de este libro. La poeta [también ha publicado Basalto (2002. Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000); Soma (2003); Imperio/Empire (2008 / 2009, edición interdisciplinaria y bilingüe); y su trabajo visual y acciones poéticas se han presentado en diferentes partes del mundo], se vale distintos recursos tipográficos, como lo señala el escritor Ignacio Ballester Pardo, al referirse a la forma del libro: “Distintos recursos tipográficos sustituyen la puntuación: las rayas cercan versos en prosa, y los corchetes acotan la escena que se canta a modo de estribillo. Los espacios en blanco, marcados por una línea larga que hace de base, cuestionan la perfección o la obra completa […] Los guiones y las comillas son recursos comunes para para especificar, aclarar o alterar la complejidad fragmentaria y sugestiva del universo Cerón.

Del primer poema que abre Nudo Vortex, surge el ejercicio con el que se inició este texto: “/cerrar los ojos/ // abrirlos/ // desmembrar el objeto en lenguaje hirviente/ // abrir los ojos/ // cerrarlos como si se quisiera tener una instantánea de todas las líneas, el contorno, / los volúmenes posibles del recuerdo/”. Podemos decir que los cuerpos, los sonidos, el ruido, las calles, la agitación (entiéndase ésta como parte de la violencia, de los conflictos, de los problemas sociales) del mundo, son para Cerón, motivo de escritura, reclamo, rebelión.

Como cierre a estos comentarios, debemos decir que Rocío Cerón, en México, es representante innegable de la llamada poesía expandida, o multidisciplinar. Podemos agregar otros conceptos, que como los de Cerón, van más allá de la ruptura de los elementos fónicos, visuales, tipográficos y lingüísticos del poema. Hablamos de la poesía experimental, multimedia; la poesía hecha en la red y para la red conocida como ciberpoesía, o poesía digital o electrónica. No son conceptos nuevos, basta volver la mirada a las ya conocidas Vanguardias. No obstante, hace falta un estudio profundo sobre su situación actual, sus discursos, la manera de situarse e interpretar el mundo circundante. La mirada que hay sobre estos conceptos y sus autores(as), es dispersa. Por otro lado, hace falta que se le de mayor importancia en los programas de estudio al interior de las escuelas sobre todo de nivel básico. Junto con otros temas, en México, la poesía (la de todos los tiempos), parece estar de relleno, hecho que se agrava, cuando el profesor o maestro, desconoce el tema y no tiene interés en documentarse. Sin embargo, la poesía además de ser tiendo, es fe (algún día las cosas para la poesía serán diferentes); es, ese otro mundo, donde quizá podamos salvarnos. Rocío Cerón en Apuntes para sobrevivir al aire (2005), lo declara: “Sólo la resistencia de la poesía le quita el peso al miedo”. Más de la autora y de las piezas que conforman los libros y los poemas comentados aquí, sugerimos visitar: http://www.rocioceron.com

Texto publicado originalmente en Siglo Nuevo, del periódico El siglo de Torreón.