Les comparto con agrado la reseña que David Bonilla escribió sobre mi libro Solo sentir. Los invito a leer de manera completa desde su sitio original: Centro de Experimentación Literaria

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Quisiera que mis letras tuvieran la temperatura exacta. Es difícil contarle a un papel o una pantalla lo que es la respiración que se agita y que pesa a la vez. Nadia Contreras vence estos márgenes y los disloca en Sólo sentir, una lectura que puede gemirse sin complejo alguno (ya sea en varias sesiones o en una experiencia erótica con la fuerza de un arrebato). 

La fantasía sorprende la propia intimidad en la obra de la acreedora al premio Griselda Álvarez Ponce de León en 2014. Nadia no tarda en hacer que su escritura exija un espacio íntimo –aquí la paradoja– para develarse uno mismo, como un cuerpo expectante detrás del tacto de otras manos. «El temblor de la imaginación» encarna y se vuelve labios y pelvis desnudos. Es escritura que no se queda en el papel. Hay pocas letras que migran a la sangre para enarbolar la piel en forma de escalofrío. Sólo sentir, esa desnudez violenta y jadeante que tiene apenas una demanda, un mandamiento pagano: «...hacer con las palabras el cuerpo del deseo, la anatomía de este y la respiración. Sobre todo, la respiración». Leer más


Piensen en ese momento en el que, frente a la playa, el paisaje, la noche, o simplemente la lluvia, cerraron los ojos, los abrieron y poco a poco sus sentidos percibieron cada elemento del escenario; el mínimo estertor, el mínimo murmullo. Alguien quitó la venda de los ojos y abrió los oídos; alguien retiró el caparazón con el que se protege el cuerpo evitando así los filos, las púas de este tiempo. Ocurre lo mismo con la poesía de Rocío Cerón.

Encasillarla en un mismo estilo, en un mismo proceso de creación, en una misma visión para interpretar el mundo, es imposible. Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) es una escritora que aprovecha todos los soportes, para ampliar el horizonte poético. La palabra escrita, la tecnología, la actuación, el video, la música, la fotografía, dan como resultado un corpus en donde los sentidos están a disposición de la poesía, una poesía dinámica. La autora rompe con la idea tradicional de que el libro está hecho sólo para leerse; un libro, además, está hecho para oírse, sentirse, levantarse y danzar.

Tiento (UANL, México, 2010), cumple con lo dicho líneas arriba. Tiento, es decir, palpar, aborda el tema de la migración. Está dividido en tres secciones: Kalemegdan, 1947, América y Eleonora, que a su vez se subdividen en otras tantas. En él se conjugan lo visual, lo sonoro (las partituras de Enrico Chapela), lo visual (el trabajo fotográfico de Valentina Siniego) y la poesía de Cerón. Como un mapa (cada lectura es una ruta, una travesía), el poema-objeto hace referencia al recorrido que hace una familia: La abuela, la madre y Eleonora.


¿Qué eriza la piel y los sentidos? ¿Qué yergue las emociones? Los poemas hacen referencia aquello que, en la travesía (de Serbia a Sonora), se deja, no porque se quiera, sino porque la vida terminantemente arrebata: “Ranura. Armario. Del suceso, conjetura. / Detrás de la mirada se ha poblado un mundo. // Grieta. La leche de su madre. / Leche que deja heredad, apenas gota en la comisura”. Otro momento inquietante, es cuando se aborda el tema de la familia. ¿Qué es la familia?: “Una familia es tiento. Precisión de sangre. / Una familia es borde. / Derrumbe y asidero. // La habitación es el centro donde rondan los nombres. / Un padre es trayecto entre la creciente y lo que cae. // Algo ahí espanta. // Lo que aprendimos aquí no se consume”.

Otro libro importante en su propuesta poética es Diorama (UANL, 2012), galardonado en 2015 con el Premio al Mejor Libro Traducido en inglés que otorga la Universidad de Rochester (BTBA, Best Book Translated Awards). El libro se enfoca en lo que se escucha y viene; Cerón lo explica de la siguiente manera: “Me dediqué a oír, oír, por ejemplo la idea de la sangre suspendida, que es uno de los temas que más me interesa, la suspensión, ese momento que existe antes de que va a llegar la tormenta, o como el tsunami, cuando se empieza a retraer el mar, que es como un momento suspendido antes de la tragedia, un poema que está dedicado a eso, un poema que habla de lo que yo creo que viene, de que la gente todo el tiempo sabe pero no quiere verlo, no quiere oírlo.” [Javier Moro Hernández. Entrevista con Rocío Cerón. En La Jornada de Aguascalientes, 06/01/2013].

Diorama, es un reclamo directo al mundo actual en donde la mayor parte del tiempo la pasamos frente a la pantalla de los dispositivos móviles. No importa a través de qué medio o a través de qué red, pero la simulación de la comunicación y de la información, nos sobrepasa, dejándonos sordos y ciegos. Dioara, es volver a palpar esas cosas olvidadas a lo largo del camino. Dos poemas sirven de ejemplo: El primero corresponde al apartado II de “Ciento doce”: “[…] camuflaje: // oído fino para escuchar sonidos inarticulados, viento rompeolas canciones de cuna gritería de hordas palpitaciones ultra rápidas 2507 petaflop cuchillo picando cebolla vía láctea transcurriendo/ // suspensión, sangre en suspensión/.” El segundo, es el poema titulado “Sonata mandala al ave penumbra”. ¿Qué es el ave? El cuerpo, el olor, el destino, porque si caminamos, lo hacemos dudando el paso siguiente.

Veamos: “Curiosidad intensa: ¿hacia dónde se mueve la imposibilidad, el interior arenoso de un hombre, el vórtice solar, la visión, el autismo, la mano posada sobre la núbil rodilla, el cuerpo celeste no identificado, la ostra, el tiempo, el soplo que agita apenas el mar Báltico, el cuerpo herido, el progreso, las violetas, el romero? ¿A dónde se mueven las intensas partículas de azul Berlín?”.

Del libro Nudo Vortex (Literal, 2015) resalta la preocupación de la autora por el lenguaje. Pensemos, que junto con Cerón, en México hay autoras de finísimos sentidos: María Baranda, Gloria Gervitz (con quien comparte el tema de la migración), Elsa Cross (las páginas de Urracas son relación inmediata), Coral Bracho, y de nuestras tierras coahuilenses, Claudia Barrueto. En esta idea de buscar en el lenguaje la sonoridad, el ritmo, la pulsión correcta, es posible considerar la concepción de este libro. La poeta [también ha publicado Basalto (2002. Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2000); Soma (2003); Imperio/Empire (2008 / 2009, edición interdisciplinaria y bilingüe); y su trabajo visual y acciones poéticas se han presentado en diferentes partes del mundo], se vale distintos recursos tipográficos, como lo señala el escritor Ignacio Ballester Pardo, al referirse a la forma del libro: “Distintos recursos tipográficos sustituyen la puntuación: las rayas cercan versos en prosa, y los corchetes acotan la escena que se canta a modo de estribillo. Los espacios en blanco, marcados por una línea larga que hace de base, cuestionan la perfección o la obra completa […] Los guiones y las comillas son recursos comunes para para especificar, aclarar o alterar la complejidad fragmentaria y sugestiva del universo Cerón.

Del primer poema que abre Nudo Vortex, surge el ejercicio con el que se inició este texto: “/cerrar los ojos/ // abrirlos/ // desmembrar el objeto en lenguaje hirviente/ // abrir los ojos/ // cerrarlos como si se quisiera tener una instantánea de todas las líneas, el contorno, / los volúmenes posibles del recuerdo/”. Podemos decir que los cuerpos, los sonidos, el ruido, las calles, la agitación (entiéndase ésta como parte de la violencia, de los conflictos, de los problemas sociales) del mundo, son para Cerón, motivo de escritura, reclamo, rebelión.

Como cierre a estos comentarios, debemos decir que Rocío Cerón, en México, es representante innegable de la llamada poesía expandida, o multidisciplinar. Podemos agregar otros conceptos, que como los de Cerón, van más allá de la ruptura de los elementos fónicos, visuales, tipográficos y lingüísticos del poema. Hablamos de la poesía experimental, multimedia; la poesía hecha en la red y para la red conocida como ciberpoesía, o poesía digital o electrónica. No son conceptos nuevos, basta volver la mirada a las ya conocidas Vanguardias. No obstante, hace falta un estudio profundo sobre su situación actual, sus discursos, la manera de situarse e interpretar el mundo circundante. La mirada que hay sobre estos conceptos y sus autores(as), es dispersa. Por otro lado, hace falta que se le de mayor importancia en los programas de estudio al interior de las escuelas sobre todo de nivel básico. Junto con otros temas, en México, la poesía (la de todos los tiempos), parece estar de relleno, hecho que se agrava, cuando el profesor o maestro, desconoce el tema y no tiene interés en documentarse. Sin embargo, la poesía además de ser tiendo, es fe (algún día las cosas para la poesía serán diferentes); es, ese otro mundo, donde quizá podamos salvarnos. Rocío Cerón en Apuntes para sobrevivir al aire (2005), lo declara: “Sólo la resistencia de la poesía le quita el peso al miedo”. Más de la autora y de las piezas que conforman los libros y los poemas comentados aquí, sugerimos visitar: http://www.rocioceron.com

Texto publicado originalmente en Siglo Nuevo, del periódico El siglo de Torreón.


Yo solo me perdí
de mano de la sombra
donde no llega el sol
ni nubes
ni pájaros
ni se acercan los hombres
mis huesos
se hacen nudo
y mis dientes se quiebran
y nada quiero
si no veo el sol
ni pasan las nubes
ni la saliva pasa
no respiro el aire
ni oigo los pájaros
ni ruidos
y me voy secando
sediento
sediento
porque el valle es un lago de sol
agitado por la ola de las campanas
y a esa constelación
me lleva
el solo sol
de la jeringa
Su torrente
que alivia
y vuela

Del libro Las maneras del agua (FCE, 2016)

MINERVA MARGARITA VILLARREAL (Nuevo León, 1957) es profesora e investigadora en la Facultad de Filosofía y Letras y directora de la Capilla Alfonsina de la UANL, donde dirige la colección de poesía internacional El Oro de los Tigres. Es presidenta de la Corresponsalía Monterrey del Seminario de Cultura Mexicana. Ha realizado antologías de poesía como Nuevo León. Brújula solar. Poesía (1876-1992) (Conaculta, 1994); Elogio de la fugacidad. Antología poética 1958-2009 (FCE-España / Universidad de Alcalá de Henares, 2010); de José Emilio Pacheco, con motivo del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, 2009; Gabriel Zaid: Apartado M 8534 (Conaculta, 2014), y de Ida Vitale, Sobrevida. Antología poética (Ediciones Era, 2015; Esdrújula Ediciones, 2016). Ha recibido varios premios, entre los que destacan el Nacional de Poesía Nuevo Reino de León, 1986; el Nacional de Poesía Alfonso Reyes, 1990; el Internacional de Poesía Jaime Sabines, 1994; el de Poesía del Certamen Internacional de Literatura Letras del Bicentenario Sor Juana Inés de la Cruz, 2010; el Honor Prize de Naji Naaman’s Literary Prizes, 2013. En 2016, recibió el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes por su libro Las maneras del agua.  Es miembro Artístico del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Leía hace algunos días el discurso de Wislawa Szymborska que dictó al recoger el Premio Nobel de literatura en 1996. Es un discurso directo, sin artificios, sencillo. ¿Cuál es el tema? La poesía y cómo los poetas deberíamos estar orgullosos de serlo y cómo las cosas, frente a la mirada de éste, dejan de ser simplemente cosas. Nada es ordinario en la poesía, efectivamente. Una de sus primeras frases, dan origen a este texto: “El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso -o más bien sobre todo- de sí mismo. Con desgana confiesa públicamente que es poeta, como si se trata de algo vergonzoso. […] En las encuestas o en las charlas ocasionales con desconocidos, cuando el poeta se ve forzado a revelar su profesión, prefiere acudir al término genérico de «escritor» o declarar otro oficio que ejerza paralelamente”. Recuerdo: soy periodista antes que poeta, dije; ahora, afirmo, soy poeta y además maestra. En esa primera ocasión, no fue por vergüenza, sino porque al interior de mi familia, el ser poeta, no era propiamente una profesión y, una vez elegida, me moriría de hambre. Creo que hasta el día de hoy piensan lo mismo, pero qué importa, son muchos años de dedicarme a la poesía y el hambre, va y viene como ocurre en cada uno de nosotros, a lo largo del día.
          Lanzo la pregunta: ¿quién está orgulloso de su oficio, su carrera, su vida? Y algunos, pocos, asienten y dicen estar contentos, pero las demás caras, se alargan, se esconden. No hay respuesta o si la hay, se duda de estar en el sitio correcto. No sé si la reacción realmente tenga que ver con aquello a lo que nos dedicamos, o porque la vida misma, en este justo momento, nos coloca de frente a la encrucijada. O ¿será que simplemente caímos en la costumbre de vivir, cansados, agobiados, desilusionados? No hay mucho de dónde asirse; no hay mucho, de dónde tomar fuerza.
          Todo oficio es noble, pregonaba mi abuelo, pero él ya no está para constatar que la percepción sobre los oficios ha cambiado. Muy pocos políticos se salvan del rechazo, la vergüenza, el odio; muy pocos servidores públicos, empresarios, policías, médicos, sacerdotes, monjas, maestros y un largo etcétera. Su testimonio ha sido contrario a la encomienda de su oficio y eso basta en las sociedades actuales, su resultado, su proyección. Puedo afirmar, sin equivocarme, que las circunstancias, ese filón de destino rodeándonos, nada tienen que ver en esto. Muy distinto es, ese hábito desarrollado en las últimas décadas, que nos lleva por los caminos peligrosos de la frustración. Szymborska, lo explica: “La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja para sobrevivir, trabaja por obligación. No fueron ellos quienes por pasión escogieron tal o cual oficio, son las circunstancias de la vida las que escogieron por ellos”. Posiblemente, pero ante el filo de las circunstancias, no queda más que “tomar al toro por los cuernos”.
          Comparto plenamente con la poeta cuando habla del asombro. Es un término es desuso y sin asombro no hay inspiración. Tal vez, partiendo de sus palabras, sea necesario volver a esa frase famosa de Sócrates “yo solo sé que no se nada” que origina la reflexión en torno a lo que verdaderamente sabemos, creemos saber, o ignoramos, acaso, sin darnos cuenta. La poeta, la resume en un contundente «no sé». Su justificación es maravillosa: “Es breve, pero vuela sobre poderosas alas. […] Si Isaac Newton no se hubiera dicho “no sé”, las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho “no sé”, probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose “no sé” y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante”.
          El discurso es un “jalón de orejas” para quienes permitimos que la vida cotidiana nos hunda en el hastío y negamos el gozo que pueda haber en nuestros oficios. Por cierto, lo repito orgullosamente: Soy Poeta. Tampoco podemos decir que nuestra actitud, ésta con la que nos presentamos diariamente, responda a la vida corriente que nos fue asignada. Szymborska, refuta una y otra vez esta idea: no hay vidas corrientes, aunque seamos en el inconcebible azar. Entonces, queda mucho por vivir, por gozar. Para concluir, los invito a leer uno de sus poemas:

Soy quien soy
inconcebible azar
como cualquier azar

[...]
No fui yo quien escogió
pero no me quejo.
Pudiera haber sido alguien
mucho menos singular.
Uno entre el cardumen, entre el hormiguero,
entre el enjambre zumbante
un fragmento del paisaje sacudido por el aire.

[…]
Pude haber sido yo misma, pero sin que me sorprendiera,
lo que habría significado
ser alguien completamente diferente.


Para leer
1. Antología de poemas de Wislawa Szymborska

Texto publicado originalmente en La vereda, periodismo cultural en línea











El amor y el desamor, la vida o la muerte, son binomios que tejen la narrativa de Aline Pettersson (México DF, 1938). Sus novelas, como ella misma lo afirma, no se refieren a los grandes estruendos de la vida, sino al rumor fuerte que nos habita, esos abismos y barrancos que tenemos dentro.

Tantas veces la muerte

En la primera novela de Pettersson, Círculos, publicada en 1977 (contenida en Colores y sombras. Tres novelas, Conaculta, 2010), el vacío y la insatisfacción caen como una losa sobre los hombros de Ana. El entorno de su vida es perfecto: casada, madre de tres hijos, una economía decorosa. No obstante, el tedio, la rutina, son círculos que giran en torno a la vida que pudo ser colmada. Ana despierta a la agonía: “El día comienza ya y yo no quiero, estoy cansada, muy cansada de dejar pasar uno después de otro, días que nada traen, días vacíos.”
          Un escenario semejante rodea la vida de Natalia. Pettersson, autora también de libros de poesía: Cautiva estoy de mí, Enmudeció mi playa y Ya era tarde, este último publicado por el Fondo de Cultura Económica en junio de 2013, devana la historia de Natalia y Brian, su matrimonio en pedazos. En el libro titulado Las muertes de Natalia Bauer se aborda el hartazgo, el aburrimiento en torno a la mujer.
          Hay diversas maneras de contar una historia y cada autor despliega trucos literarios que seducen maquiavélicamente al lector. La brevedad, el monólogo interior y el “teatro escrito”, son recursos que Pettersson maneja a la perfección. La mayoría de las novelas de la autora de Sombra ella misma, son breves y por ello la tensión dramática se ve fortalecida. El libro culmina cuando la vida de Natalia está a punto de extinguirse. Muy al contrario de lo que uno espera, esa brújula de la existencia perdida, Natalia se apropia del aliento del amor, le da forma (puede llamarse Vicente o Guillermo), lo matiza. La muerte es para el cuerpo, no para un espíritu libre.
          Lo mismo ocurre con la novela Deseo (Alfaguara, 2011). A lo largo de veintiún episodios, Leonora, niña y mujer, descubre las posibilidades de la pasión, del deseo heterosexual y lésbico. Los años sesenta y setenta rompieron (no del todo) las ataduras y Leonora se enfrenta a esos cambios. Son escenas que van desde la inocencia que despierta hasta los encuentros completamente carnales.
En una entrevista para este diario (7/VIII/2011), la ganadora del Premio Latinoamericano y del Caribe Gabriela Mistral (1998) comenta: “El hombre se va acondicionando en esa rutina y son estos cambios en contra de la rutina los que permiten un renacimiento interior en la gente.”

El mito en el centro del caos de la humanidad

Rosario Castellanos escribe: “¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve/ la cara a la pared?/ ¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye?/ ¿Se echa uno a correr, como el que tiene/ las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?” En la novela La noche de las hormigas (Alfaguara, 1997 y 2012), este poema sustenta el impacto que toma al hombre por sorpresa y un chorro de sangre le mancha el pantalón.
          Alfonso no sabe qué hacer; la muerte siempre será un acontecimiento imprevisto y quien la vive, así de pronto, no sabe si sujetarse a los hombros del pasado o dejarse ir hacia lo más profundo de la noche. La muerte de Alfonso ocurre en dos tiempos: el mito y la realidad. Es decir, Elisa-Ifigenia y Alfonso. Estos discursos entrecruzan vida y muerte.
          La muerte de Alfonso es injusta pero no para la otra realidad del mito. El mito de Ifigenia lo salva. Luz Aurora Pimentel, en el prólogo al libro Obra reunida(Alfaguara 2011), califica como “travesía de voces” la obra de Pettersson. Así como la introspección es importante, lo serán los mitos, las citas, las evocaciones de la música y la pintura. Pimentel escribe: "Una buena parte de la obra de Aline Pettersson es, en verdad, una “travesía de voces”. […] Lo hemos visto en Las muertes de Natalia Bauer, en donde, como en una suerte de bajo continuo musical, las constantes citas y alusiones a La muerte de Virgilio, de Hermann Broch, le dan una resonancia y una profundidad a la narración de Natalia, que de otro modo tal vez no tendría, minimizada como está por la forma misma de narrar, cotidiana, aparentemente inocua: el e-mail. Lo hemos visto también en Casi en silencio; el Orlando de Virginia Woolf orienta la lectura, le da voz y cuerpo andrógino a los diálogos virtuales de esta novela".

La conciencia ante la incertidumbre y el abatimiento


La noche de las hormigas, titulada así por el hormigueo en el cuerpo de Vigil y en la anécdota de la infancia que lo detiene arriba de un hormiguero (a Ifigenia las velas de las embarcaciones del ejército de su padre le parecen “puntos minúsculos como el ir y venir de hormigas”) y el conjunto de la obra de Pettersson es reflejo de la sociedad en que vivimos. El hombre vive en el corazón de la violencia y sobrevivir es privilegio de unos cuantos. El mundo de hoy arrebata la sonrisa de los niños, la dicha de las mujeres, la fuerza de los hombres. No hay soluciones. Y si las hay, corresponden a intereses particulares.
          La narrativa escrita por mujeres es, desde luego, más que interesante. Las propuestas son muchas pero caben las siguientes para adentrarse en esta literatura de sentidos muy amplios: En silencio, la lluvia (2008), de Silvia Molina; Saña (2007), de Margo Glantz; El tren pasa primero (2005), de Elena Poniatowska; La muerte me da (2007), La frontera más distante (2008) y Los muertos indócilesnecroescrituras y desapropiacion (2013), de Cristina Rivera Garza. 

Foto: Diario Excelsior

Texto publicado originalmente en La Jornada Semanal


La crisis de la sociedad actual se centra principalmente en el sentido. Hemos perdido orientación y actuamos contra los valores morales; la vida y la fe, son por ello, elementos efímeros. En este contexto se inscribe la obra de la chilena Andrea Jeftanovic. Las instituciones que deberían fortalecer el futuro: la familia, la iglesia, las comunidades, los grupos de opinión, caen, fracturados desde dentro.

De ascendencia judía por parte de la madre y serba-croata por el lado paterno, Andrea Jeftanovic (Santiago, 1970) creció en una casa donde “había tres religiones, ortodoxo ruso, católica y judía, y hacían todas las fiestas desde la Navidad, la Fiesta de los Reyes al Día del Perdón”. Estudió sociología en la Universidad Católica e hizo un doctorado en literatura hispanoamericana en la Universidad de California, Berkeley.
EL LIBRO
No aceptes caramelos de extraños (Seix Barral, Biblioteca breve, 2012), con el que obtuvo el Premio Círculo de Críticos de Arte de Chile a Mejor obra literaria 2011, consta de once cuentos: Árbol genealógico; Marejadas; Primogénito; Medio cuerpo afuera navegando por las ventanas; La necesidad de ser hijo; La desazón de ser anónimos; En la playa, los niños; Mañana saldremos en los titulares; No aceptes caramelos de extraños; Tribunal de familia; Hasta que se apaguen las estrellas.
En Escenario de guerra (2000), Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura a la mejor obra editada, la infancia es fundamental. Tamara es quien a partir de esta época construye su historia y la del padre. No aceptes caramelos de extraños devora la memoria de los niños y son ellos quienes hacen palpable el torrente oscuro que habita en el hombre. Así los dos primeros textos que se han comentado. El último “Hasta que se apaguen las estrellas”, corresponde a otro escenario, quizá más firme, más seguro.
MAREJADAS
El sueño interrumpido por una llamada telefónica. El policía pronuncia el nombre del hijo, se viste rápido, su marido se disculpa por no poderla acompañar, se dirige al hospital, a la entrada del recinto está Javier (antigua pareja y padre de este), no se han visto en años.
El accidente, la fractura en la clavícula, la perforación del hígado, la mancha enorme del derrame cerebral, son para Jeftanovic metáfora que desdobla a sus personajes en una intención 'purgativa'. Quieren deshacerse de la muerte y legitiman su existencia y la del hijo en un juego sexual. La boca hambrienta de Javier es comparada con la boca de Cristóbal, succiona los pezones, es un pequeño animal bajo el tórax de la madre, se aferra al hueco de las axilas.
NO ACEPTES CARAMELOS DE EXTRAÑOS
En Santiago (de Chile) desaparecen muchos niños cada día, doblan la esquina y no se les ve más, caminan a la escuela y nunca regresan, cruzan la casa del vecino y se pierden en el trayecto, nos dice la protagonista de la historia. El tema es verdaderamente estremecedor.
No aceptes caramelos de extraños presenta a una madre que busca a su hija. En una especie de ritual, abre los planos de la ciudad y vuelve a comenzar. Es una madre que viste un chal de plegarias. Por supuesto, está sola, la policía no tiene noticias y no las tendrá, han cerrado el caso y ella se ha cortado el pelo a tijeretazos. Entendemos la historia a partir de dos escenas:
Antonia, cuando estabas conmigo observabas por la ventana, mientras yo, tu madre, semana tras semana, repetía los mismos gestos. Una niña entre la infancia y la adolescencia sale con una naranja, contando gajos, dejando el aroma cítrico como una estela”.
Siempre avanzar en línea recta, siguiendo el perfil de la fábrica a lo lejos, el recinto bajo que divide el campo. Tengo esperanza de hallar una sandalia en el sendero. Por mientras, invento números telefónicos. Marco. Cuelgo. Voy enhebrando la tira de lana, ese hilo secreto.
Un niño de diez años explica la desaparición forzada en México: Entonces enviaron como a un platillo volador para que los desapareciera por eso nadie sabe donde están. La nota invadió las redes sociales, sin embargo, la realidad va más lejos: cada día decenas de niños son vendidos o traficados en el mundo como objetos sexuales.
Según el Centro Internacional para Niños Desaparecidos y Explotados (CINDE), más de 1.8 millones de niños son víctimas de explotación sexual globalmente; el tráfico sexual ahora ya no se negocia en las calles sino en Internet, lo cual ha provocado un floreciente mercado global difícil de controlar. Entre 250 mil y 800 mil niños procedentes de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua viven a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México como migrantes ilegales, lo cual hace que sea más difícil estimar el número exacto de niños que podrían ser víctimas de trata.
El final de la historia ratifica la ausencia. Imposible materializar la integración de la familia, aliviar el dolor, renovar en la aceptación toda esperanza. No obstante, la madre no deja morir lo que le ha sido arrebatado:
Ensayo infinitas carreras con tus bototos (en Chile, zapato más robusto y pesado que el ordinario, propio de la estación invernal, para poder caminar por calles con barro y charcos de agua en época de lluvias) desde el baño hasta la entrada del cuarto. Por si vuelves. O por si alguna vez abro la puerta y en realidad nunca te has ido.
Los caramelos son engaño. En las manos de los niños son tumbas sobre las que no podemos sólo llorar y guardar silencio.
HASTA QUE SE APAGUEN LAS ESTRELLAS
Hasta que se apaguen las estrellas es un texto conmovedor: el padre moribundo en un hogar para ancianos y la hija, sentada a su lado, fumando marihuana. La hija, en cada una de sus visitas, es motor que exterioriza el argumento de los días, sueños, anécdotas, añoranzas, ideales.
Para la autora de Monólogos en fuga (cuentos, 2006); Geografía de la lengua, (novela, 2007); Conversaciones con Isidora Aguirre, (entrevistas y testimonios, 2009) y Hablan los hijos (ensayo, 2011), la vida tiene dos caras. La primera, corresponde al hombre orientado en el tiempo y en el espacio: Mi padre con su conocimiento enciclopédico me corregía, yo siempre confundía los planetas con las estrellas, erraba la ubicación de las constelaciones, no distinguía la luz de los satélites del parpadeo de los aviones. La segunda, es terrible, nos persigue para destruirnos: Mi padre atacado por un terco mal de Parkinson desde hace doce años, mi padre diabético […] mi padre paciente cardiaco […] Él, en sí mismo, un exponente de la medicina contemporánea, la intersección entre la mala genética, los pocos cuidados y la tecnología avanzada. Ahora mi padre diagnosticado con cáncer […] El riñón izquierdo con miles de pequeños quistes.
El cuento se cierra cuando la hija y el padre emprenden un viaje sin retorno; si vuelven, es porque se han apagado las estrellas.
Andrea Jeftanovic habla por todos. Nos saca del letargo en el que vivimos. La vida con sus filos, noches en vela, sombras o luces, debe interesarnos. La indiferencia y la apatía no caben aquí. Perdido el rumbo, el futuro sólo nos deslumbrará con el artificio de las malas intenciones. Es urgente buscar nuevos caminos y la certeza de personas excepcionales. De lo contrario, estamos condenados a vivir aturdidos por los mismos errores.