Entramado de relaciones. Un breve comentario sobre Jane Austen


Uno elige libros porque simplemente se siente identificado, porque hubo algo que giró en sentido contrario lo interno, las entrañas. Menciono lo anterior por el hecho de que este fin de semana, volvieron las famosas listas a la mesa de las conversaciones. Hablamos, hicimos anotaciones, reímos, comparamos, nos llevamos a casa la tarea de leer aquellos libros que por diferentes cuestiones pasamos por alto. Yo releí parte de la obra de Jane Austen, y para mi sorpresa, a uno de mis invitados le pareció innecesaria la narrativa de esta autora británica. Nosotras, defendimos pero no pudimos cambiar la visión de Eduardo que para entonces se negaba a escuchar todo tipo de argumento.
         Austen es autora de cabecera en el curso de literatura inglesa de la universidad en la que imparto clase. Me gusta, disfruto su narrativa. Eduardo dice que los finales de sus novelas son predecibles. Y agrego: son finales felices, de matrimonio. Sin embargo, su valor se relaciona directamente con su capacidad de observación. Chejov, Capote, Carver, Berger, Bowles, miran el alrededor, las circunstancias, los detalles que aderezan las fotografías más exquisitas. La observación de Austen se centra en ese espacio reducido que podemos llamar familia, ese microcosmos, como dice Eduardo Láñez. ¿Qué hace Jane Austen?: resaltar la complejidad, los entramados de las relaciones humanas. La propuesta de Austen efectivamente es el matrimonio pero, para llegar a él, el funcionamiento del personaje (podemos pensar en relaciones maduras, en posición social, económica...), tuvo que cambiar por completo.
         Aunque una buena parte de mis conocidos prefieren la novela Orgullo y Prejuicio, siempre elijo Persuación. Anne Elliot para mí es un personaje muy fuerte. La primera impresión que tenemos es que Anne no cuenta, no vale. Como afirma Stuart Tave: "Nadie oye a Anne, nadie la ve". No obstante, ella está para contarnos lo que sucede en ese microcosmos. Al final, Anne también vivirá un cambio en su forma de pensar y actuar, hay un grado mayor de conciencia sobre la vida y sus vicisitudes. Su capacidad de observación es agudísima, como agudísima es la mirada de muchos de los personajes de Chaucer y Shakespeare.
         Tal vez, mi debilidad por las memorias, los diarios, las autobiografías, respondan a mi gusto por sus letras. Más que estar atentos a nosotros mismos, lo estamos a los demás; por morbo, por necedad queremos saber cómo vive aquel, qué hace, con quien duerme. Así de simples somos. Así de simples en el placer de trastocar la intimidad. Los personajes de Austen están atentos a su alrededor, pero cuando uno llega al final de sus novelas, ya son otros frente al espejo. Son alma y cuerpo.

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