digopalabratxt.com publicó algunos poemas del libro inédito La luz se muere, que este año, ocupará los estantes de las librerías. Mi gratitud a la revista y a su directora Oriette D'Angelo.

I
Cruzamos
las calles
como si cada una
fueran un regreso.

Así,
las caminatas
se convierten
en una especie de locura,
o un amor,
que no reconoce
la propia imagen
de los escaparates... Seguir leyendo


La serie de poemas que conforman "La casa", además de brindarnos la atmósfera propiamente de lo que parece familiar y de aquello que para muchos no lo es, me refiero al hogar, tienen la particularidad del ritmo. El ritmo en estos poemas te conduce por los diferentes pasillos de la casa. Pero ¿qué es la casa? O ¿qué es nuestra casa? El significado de la casa también se expande. No es sólo la casa, si no la vida misma, el caos en que vivimos inmersos, los muros que vamos construyendo delante de nosotros. El poema también nos hace reflexionar sobre las cosas que tenemos, cosas finalmente efímeras, como la vida.

A Miguel Castro Leñero

I

La casa no existe,
por más que la repitas, la dibujes,
traces sus líneas,
sus muros, sus divisiones
con lo que no es la casa,
no existe.
Lo que existe es construir la casa
—o destruirla—
y lo que habitamos
es esa construcción en proceso,
esa destrucción.
El día que la construcción termina
es el día que abandonamos la casa
a su suerte.
La casa está hecha de pintura,
es otra capa de pintura,
es un muro que se mueve de lugar,
es una luz cambiante proyectada
contra el muro.
La casa es el principio que no termina.
No se puede entrar a la casa
ni salir de ella.
Somos el espacio, la casa,
siempre estamos saliendo de ella.
La casa es un viaje hacia el final de la casa.


II

Un muro divide la casa
de lo que no es la casa.
Para llegar a ella
hay que construir un muro.
Para entrar a la casa
hay que trasponer el muro.
Para salir de la casa
hay que levantar otro muro.
Todos los muros
se mueven de un lado a otro.
No hay muro fijo.
No hay casa terminada.
La casa no tiene fin,
es un laberinto
extendido en el tiempo y el espacio
que siempre estamos pintando.
El día que dejamos de pintar la casa
empieza a derruirse
como un muro de arena contra el viento
del tiempo que pasa
—a veces más rápido, a veces más lento—.


III

El viento del tiempo que va pasando
le da fin a la casa.
Le da término, le ofrece
una dulce forma de morir.
Y todos seguimos pintando la casa
para que no termine,
para que no se termine,
para que no nos termine,
para que siga moviéndose
y hurte su cuerpo al viento
que pasa sobre lo alto de la colina.


IV

La casa está abierta,
la casa está cerrada,
a la casa le faltan muros,
pedazos de muros,
le falta espacio,
pedazos de espacio,
le falta tiempo,
tiempo de construcción.
Es tan sólo una forma fugaz
de la ruina.
La casa necesita que la pinten.
La casa tiene que estar en la pared,
proyectada en la pared,
colgada de un muro
en la tela de las cortinas.
La casa vive en la ventana
que es su negación.
La ventana es donde no está la casa.
En la ventana está lo que no es la casa.
No hay casa si no hay ventanas.


V

Telas, dibujos, recortes.
Papeles donde está la casa,
líneas de tinta por los muros.
Sin esos papeles,
sin esas telas,
sin esos dibujos no hay casa,
no hay casa que no sea de papel.


VI

Terminar una casa
es dejar de pintarla
—un bote de pintura
abandonado en un rincón
es la casa concluida—.
Cuando nadie la pinta
la casa pierde sus contornos
—una brocha seca—.
Terminar la casa
es dejar que la borre el viento
en que está suspendida.


MARCELO URIBE (1953). Nació en la ciudad de México, el 2 de noviembre de 1953. Estudió letras en la UNAM y en la Universidad de Maryland. Además de poeta, es ensayista, traductor, antólogo y editor. Ha publicado dos libros de poesía: Las delgadas paredes del sueño (1987) y Última función (2008). En 2008, junto con Coral Bracho, llevó a cabo el volumen La tinta negra y roja: Antología de poesía náhuatl. Entre otros reconocimientos, ha merecido el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada (1987), por Las delgadas paredes del sueño.


Comenzó el año y con esto nuevos proyectos en puerta. Uno de ellos es el de escribir poesía y como lo había anticipado, la idea en este año es ejecutar la escritura de un libro o cuantos sean posibles. Noviembre y diciembre serán meses determinantes para cerrar nuestras tareas. 
          Lo primero que debemos hacer y eso quedó en alguna entrada anterior, es tener la idea de lo que queremos hacer. Es decir ¿de qué vamos a escribir? Establecer el tema y delimitarlo. Implica tener en claro nuestros alcances y nuestros límites. Entre más queramos abarcar en nuestro libro, mayor el trabajo que se desprende de éste. Hablo de investigación, libros, la propia escritura de los poemas y la corrección. Apuesto más por lo medido que por aquello que no podamos contener y termine desbordándose. Tener el tema y tentativamente la estructura del libro, les ahorrará mucho tiempo y dolores de cabeza.
          Otro punto, son las páginas que tendrá nuestro libro. Los concursos de poesía nos piden como mínimo 60 (o en algunos casos 80) pero si escribimos tal cantidad, en la corrección, los ajustes, les aseguro quedarán 50 o menos páginas. Lo que me funciona es apostar por un libro de mayor envergadura y que les permita moverse en los límites requeridos de cada concurso o solicitud expresa de las editoriales. 
          Tener un cronograma de trabajo y aplicarse a él, es sin igual. Organicen y tomen de su tiempo dos horas óptimas (ojalá se pudiera más). Es decir, enfocados directamente al trabajo. No es óptimo cuando estamos al mismo tiempo atendiendo nuestras redes sociales o haciendo otra cosa. A veces es necesario, sí, pero hacerlo de manera adecuada. En mi caso, tengo una computadora en un rincón de la casa que he destinado exclusivamente para escribir. Aunque la computadora tiene acceso a internet, por el hecho de ser antigua y tener una memoria RAM muy limitada, me obliga a abrir las páginas justas y necesarias para el libro en cuestión. No soporta más de tres pestañas al mismo tiempo, por lo que es una maravilla. Si supieran cuántos trabajos salen de ella.
          Hay una cosa que no he podido abandonar y son los cuadernos. Pese a que la mayoría de las cosas las escribo directamente en el celular, la tablet o la computadora, los cuadernos-diarios me salvan la vida. Cuando vamos de un lado a otro de la ciudad, cuando viajamos, en las salas de los consultorios, o en cualquier momento, tomar el cuaderno y escribir, da muy buenos resultados. La poesía puede presentarse en el momento inesperado, esa punzada, ese incendio, y el cuaderno, ¡qué les digo! justo para rescatarnos. 
          Leer mucho. Claro. Muchísimo. Si vamos a escribir poesía entonces leer poesía. Y dependiendo del tema que vamos a escribir explorar autores que hayan trabajado temas similares. Experimentar formas, estructuras, técnicas. Aquí las redes sí nos pueden ayudar porque muchos de nuestros contactos pueden recomendarnos lecturas y, estas mismas lecturas, acortarnos el camino hacia libros fundamentales.
          Por último, tres cosas: 
          1) Terminar lo que empezamos. Por eso, para los últimos meses de este año el libro deberá estar terminado. No sé si pueda realizar un taller virtual para comentar lo escrito pero veré la manera apoyarlos. 
          2) Participar, proponer, estar vigente en grupos, colectivos, comunidades de escritores también es importante. Diría que publicar algunos de los poemas del libro que están escribiendo pero eso es prematuro y además, si la idea de ustedes es concursar más adelante, la mayoría de los certámenes solicitan material inédito. Publicar de manera suelta en digital o en papel, los poemas del libro en cuestión, puede infringir esta regla. 
          3) Disfrutar escribir este libro de poesía. Si el ritmo te trabajo les parece abrumador, disminúyanlo o modifíquenlo. Es posible que mientras lo escribamos cambiemos parte de la estructura, modifiquemos capítulos, ajustemos. Es normal y es parte del proceso. Disfruten estos nuevos caminos. 

Por último, les dejo dos enlaces en donde verás la planeación de cuatro libros. Son dos propuestas para becas; el material les puede servir para solicitar PECDA (o SNCA). El primero de ellos, ya lo escribí y estoy en la etapa de revisión o posrevisión porque hay algo que no me gusta, que falta. Si conocieran “la versión final” del libro, verán que cambié parte de la estructura, se movieron y se agregaron capítulos, hice algunas cosas que no estaban en el plan original ni en el cronograma de trabajo. Sobre los otros tres libros, estoy en la etapa de la investigación. Ahora estoy terminando de conseguir la biografía necesaria para tal tarea (escribiré tres libros que comparten un mismo enfoque), como aún no empiezo a escribir, no sé si los libros sufrirán cambios. Supongo que sí, porque como dije, es parte del proceso. 

           Espero me compartan en la sección de comentarios sus proyectos. O a través de mis redes sociales o correo electrónico.

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