Trabajar con jóvenes te lleva, en su mayoría, por caminos inexplicados. En tecnología van a la vanguardia, cosa que muchas veces a los profesores, se nos dificulta. Ellos nacieron con la tecnología bajo el brazo y uno la incorpora poco a poco en la labor docente.
         Otro punto que considero importante, es la manera en que se imparte la materia de literatura y los taller de poesía dentro del aula. ¿Cómo hacer que la poesía les parezca cercana? ¿Cómo hacer que la consideren parte de su entorno y su contexto? Insisto en lo siguiente: la literatura, como la escritura, hace muchos años dejó de ser una actividad en solitario.
         A partir del uso de la tecnología digital, la literatura incorpora múltiples formas de escritura, de lectura, de interpretación. Abre nuevos espacios, rompe fronteras, pero también establece vínculos con lo escrito anteriormente. Partiendo de esta premisa, mis alumnos se aventuraron a escribir poesía tomando como referente los pictogramas que usamos en las redes sociales y medios de comunicación. No es algo nuevo, el poeta Dante Tercero, trabajó con éstos su proyecto para el FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) y aunque con opiniones encontradas, los "Poemojis" son finalmente un ejercicio novedoso para los jóvenes; los emoticones en las conversaciones actuales a través del internet son imprescindibles. Además, si este acercamiento a la poesía lleva a mis alumnos a indagar más, a leer más, a sumergirse en otros universos, estaré eternamente complacida.

Trabajos presentados por alumnos de segundo semestre de preparatoria.

Alejandra Saucedo
Poemojis inspirados en algunas frases de Joseph Joubert



Valeria Torres
Poemojis inspirados en algunas frases de  Friedrich Nietzsche



Melyssa Mena
Poemojis inspirados en algunas frases de François de la Rochefoucauld 


María Fernanda Luna Rodríguez
Poemojis inspirados en algunas frases de Cristóbal Serra 


María José García
Poemoji inspirado en algunas frases de Elias Canetti


Delmy Martínez 
Poemoji inspirado en algunas frases de Carlos Edmundo de Oro

Renata Álvarez Morales
Poemoji inspirado en algunas frases de François de la Rochefoucauld





La primera vez que leí el ensayo breve “Por qué escribir”, de Jean-Paul Sartre (1905-1980), que forma parte del libro ¿Qué es la literatura? (1975), no tenía muy clara mi vocación literaria. Escribía como pasatiempo o aventura. Lo leí y me pareció revelador, motivante, como ahora, que una vez más vuelvo a él. La escritura en ese momento me pareció una herramienta poderosísima, más que una pistola, un tanque de guerra o un misil. Si realmente usáramos su poder, nuestra historia actual sería otra.
         La escritura no puede generarse sola y necesita al hombre como afirma el autor de El ser y la nada: “Cada una de nuestras percepciones va acompañada de la conciencia de que la realidad humana es ‘reveladora’, es decir, de que ‘hay’ ser gracias a ella o, mejor aún, que el hombre es el medio por el que las cosas se manifiestan. Y agrega: “es nuestra presencia en el mundo lo que multiplica las relaciones; somos nosotros los que ponemos en relación este árbol con ese trozo de cielo; gracias a nosotros, esa estrella, muerta hace milenios, ese cuarto de luna y ese río se revelan en la unidad de un paisaje; es la velocidad de nuestro automóvil o nuestro avión lo que organiza las grandes masas terrestres; con cada uno de nuestros actos, el mundo nos revela un rostro nuevo”.
         Puedo hacer un compendio de autores que se han referido a los motivos de la escritura, la lista, sin embargo, es interminable. Recuerdo dos casos en particular: el de Ernesto Sábato que considera la interrogación sobre la acción y sus consecuencias el motor para generar las ideas que llenarán la hoja en blanco; y el de Gabriel García Márquez, que escribió su primer cuento para taparle la boca a Eduardo Zalamea Borda (posteriormente su gran amigo), en ese momento director del suplemento literario de El Espectador de Bogotá, que había publicado una nota donde decía que las nuevas generaciones de escritores no ofrecían nada, que no se veía por ninguna parte un nuevo cuentista ni un nuevo novelista.
         Los motivos de la escritura son muchos. En mi caso, el motivo más fuerte es la sanación. Lo he dicho muchas veces: sin la escritura, hubiese sido casi imposible pasar de los veinticinco años. Todo en aquella época era un gran nubarrón. ¿Motivos? Llorar, gritar, maldecir, arrancar de mí aquella soledad cruel, arrancar de mí aquel deseo de muerte, trascender; escribir para decir mis dudas, para amar, para refugiarme, para entender la fractura de mi cuerpo, para saltar de gozo, para sentirme a salvo, para formar otro universo y con él otra existencia, para no sentir miedo, para dejar constancia del desgarro y del horror, para nombrar a nuestros muertos, para exigir ¡Justicia!; para hablar de mi padre, de mi madre; “Porque estamos aquí, pero querríamos estar allí” (Antonio Tabucchi), “Para volver a vidas anteriores, a las lecturas y los tumbos que cada uno lleva en la mochila” (Arturo Pérez-Reverte); “Porque uno no se encuentra bien” (Juan José Millás). O simplemente, para crear vida (y con la vida la muerte), ser dios.
         Lancé la siguiente pregunta en Facebook: ¿Cuáles son los motivos por los que escribes? Después de unos minutos las respuestas comenzaron a llegar. Todas las respuestas son válidas en el sentido que manifiestan la necesidad vital de hacer palpable los registros que tomamos de nuestra existencia. Lo maravilloso de este ejercicio: la necesidad de escribir; una necesidad que jamás se supera, antes bien, aguarda y se vuelve a generar como la sed, el sueño, el hambre. Se sacia, sí, pero la necesidad volverá una vez más, esa relación con el lenguaje, con uno mismo, con el mundo, con el universo. Aquí un breve recuento de estas respuestas:

Eduardo Vardheren 

Las aves trinan, las ranas croan, las vacas mugen y así, cada ser tiene su canto y forma de expresar su armonía con la naturaleza o el cosmos; algunos humanos cantan, pintan, bailan, actúan y escriben, cada uno tiene sus formas de expresar, la que más le adecua a su personalidad. Creo que la mía es escribir, sí lo hago bien o mal no es el punto, solamente lo hago.


Edna Basurto 

Para poder vivir las vidas que no puedo vivir.


Adriana Vargas 

Me hace re pensar el mundo. Cuando escribo me entiendo mejor a mí misma y a los demás.


Alejandro Montero 

Al principio por mero placer, al final por mantenerme cuerdo.


Gilberto Arvizu Morales 

Una forma de ser y estar en este mundo, imagino para entender la realidad.


Daniella Giacoman 

Antes lo hacía porque sentía que por mi voz no me entenderían; ahora lo hago para domar a mis demonios que a cada rato me hablan.


Adriana de la Mora Motivo

Una voz interna como de tornado. Finalidad: darme.


Alberto Quero

Por el mismo motivo por el cual respiro. Es una necesidad vital para mí. Es la forma de trascender la muerte y el olvido.


Julián Parra Ibarra 

Para mí es una necesidad fisiológica, como respirar, dormir; me mantiene vivo.


Alberto Llanes 

Cronicar, relatar, narrar nuestro tiempo y espacio, lo que vemos, lo que vivimos, lo que usamos, la moda, el ambiente, etc. Cronicamos nuestro tiempo, somos los cronistas de estos días.


Georgina Lagenan 

Porque me es inevitable. No hay ninguna pretensión más allá. Lo de leer y publicar es un regalo inesperado


Circe Aguilar Ramírez 

Porque se me ocurren muchas cosas. Me imagino historias y siento muchas ganas de escribirlas. Me gusta leerlas, quitar, poner, leerlas y… qué maravilla cuando uno inventa un mundo que antes no existía.


Jade Agua 

Porque es como una extensión de mí que se manifiesta con exquisito poder a mi alrededor.


Pregunta en Facebook

Texto publicado en La vereda, periodismo cultural en línea y en El comentario, suplemento cultural del periódico El comentario de la Universidad de Colima.


Es difícil pretender dar una definición a la palabra Poesía. Tal vez, lo que hacemos al momento de materializar el concepto, es acercarnos, aproximarnos a su cuerpo exquisito. Cualquier definición que demos tiene mucho que ver con la manera en que vivimos la poesía, cómo ésta nos ha tomado, impresionado, seducido o embaucado.
         No me preocupa responder a una definición; me importa cómo la poesía puede mover mundos, el mundo del cuerpo y del alma y cómo de los detalles más insignificantes, puede hacer un paisaje, un río, o una caminata a la orilla de un lago. La poesía como forma de expresar nuestro acuerdo o desacuerdo con el mundo, para sentir, para ser felices; la poesía para perpetuar nuestra historia (sí, sanguinaria como la que vivimos ahora); la poesía para hablar de ello, para abrir nuevos ojos y nuevas conciencias. 
         He recopilado a continuación una serie de videos que pretenden de una u otra manera definir la poesía. Tal vez, luego que hayamos escuchado y reflexionado, podamos escribir ese poema "preexistente en nosotros".









Pienso en la escritura como un universo infinito. No sé si aplico bien el término “universo”, pero lo considero así, vivo, maravilloso, en eterno movimiento. Sin indagar en la corrección del término, la escritura es el mayor invento, incluso, por encima de la tecnología. Sin ella, ésta última no hubiese sido posible. ¿Cómo planearla, estructurarla, plasmarla? La escritura nos permite dejar huella de cada uno de los episodios de nuestra historia. Y lo mejor, a través de la escritura, si la llevamos a cabo, interpretar nuestras circunstancias. Fijar leyes claras, mejorar nuestras relaciones con los vecinos, la comunidad, la sociedad, son algunos de sus objetivos.

La tecnología, sobre todo para quienes vivimos de la escritura, es una maravilla. Abre múltiples posibilidades y gran parte de la información que se comparte es sumamente valiosa. Nos obliga también a desarrollar diversas habilidades, a mantenernos actualizados, por ejemplo, en el uso de las herramientas digitales. Pero, saliéndome de ese pequeñísimo circulo en el que caben maestros, escritores, periodistas, estudiosos… respondamos las siguientes preguntas: ¿La tecnología realmente nos ha llevado a leer más? O ¿buscamos en foros, grupos, chats, el resumen de la noticia, la síntesis, el parafraseo de aquello que deberíamos leer? ¿Verificamos las fuentes de información, analizamos, jerarquizamos, comparamos…? Un océano de información con unos cuantos milímetros de profundidad, dicen.

Volvamos a la escritura. Gracias a las redes todo mundo está escribiendo. Hablo de cualquier tipo de escritura que lleve en efecto, la articulación de un mensaje. Hay una interacción como nunca antes la hubo entre esos seres ficticios que configuramos para los otros y para nosotros mismos. Es decir: personajes de novela (a veces muy mala) en Facebook, Twitter,  Snapchat… Sin embargo, lo que parece una maravilla, no lo es; la escritura es la más afectada. Un buen porcentaje de los usuarios de las redes sociales no escriben correctamente y no porque no conozcan las reglas básicas de ortografía y redacción. ¿Para qué escribir correctamente? Escribo como hablo, dicen, y el habla es coloquial. Incorrecto. La escritura se debe entender cabalmente.

Una visión fría puede ser esta: las redes sociales han perjudicado a la escritura. ¿Por qué? Sencillamente porque no seguimos las reglas. La escritura, pese a los cambios que sufre día a día, hablábamos de su condición cambiante e infinita, debe mantener ciertas normas; sin ellas, la comunicación sería un caos (como ya lo es en repetidas ocasiones). O mejor dicho, no habría comunicación, sólo frases inconexas, gritos, manoteos… Leamos un ejemplo: “Tan solo una coma puede salvar del canibalismo: no es lo mismo «Vamos a comer niños» que «Vamos a comer, niños». Tampoco es lo mismo «salir de casa» que «salir de caza» (al menos para los animales), ni ser profesora «de ingles» que «de inglés»”. El ejemplo circula en la red y tal vez lo consideren nada original, pero sirve para ilustrar el tema abordado.

Otro daño a la escritura: el afán de abreviar al máximo los mensajes (los famosos 140 caracteres en Twitter): porque (xq), te quiero mucho (tqm), retuitear (RT)... Hace días, con motivo del día del maestro recibí el siguiente mensaje: “Miss, la qm y 100pre la extraño”. Dudé al interpretar lo que mi alumna había querido decirme. Después de un rato entendí: “Miss, la quiero mucho y siempre la extraño”. Me pareció algo muy hermoso de su parte y más cuando hace tres años egresó del colegio en el que imparto clase, sin embargo, el uso inadecuado del lenguaje escrito me dejó inquieta. No le comenté nada, muy al contrario, le agradecí sus palabras. El mensaje de una amiga con la que suelo tomar café en las tardes fue el siguiente: “Ns vms dsps”. Entendí luego de un rato: “Nos vemos después”. Y pasa lo mismo cuando escriben por favor (xfa), donde (dnd), aki (aquí), etc. Ignoro si en el futuro será éste un nuevo tipo de escritura o lenguaje (espero que no), pero ahora, es sinónimo de confusión.

Irónicamente cuando tenemos más acceso a la información es cuando menos consultamos un diccionario, por ejemplo. Eso sucede en los salones de clase. Difícil que los alumnos consulten nuevas palabras o busquen su uso correcto. La tecnología no está peleada con la escritura correcta. Escribir mal parece ser una moda pero no lo es. Escribir mal es escribir mal, así a secas; dentro y fuera de las redes sociales, es importante el uso correcto de la escritura. Y como parte de estos mismos medios, tenemos variados perfiles que pueden ayudarnos a aclarar dudas ortográficas y gramaticales. Si no queremos abandonar el entorno de las redes sociales, aquí estas cinco opciones.

1. RAE informa (https://twitter.com/RAEinforma)
La Real Academia Española (RAE), fundada en 1713, vela por el buen uso y la unidad de la lengua española, patrimonio común de 500 millones de hispanohablantes.

2. Blog de lengua (https://www.facebook.com/blogdelengua/) también en Twitter (https://twitter.com/blogdelengua)
El Blog de Lengua es una publicación de Alberto Bustos, profesor de Didáctica de la Lengua en la Universidad de Extremadura.

3. Fundéu BBVA (https://twitter.com/Fundeu)
Fundación promovida por la Agencia Efe, patrocinada por BBVA y asesorada por la RAE, cuyo objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación.

4. Acentos perdidos (https://www.facebook.com/acentosperdidosoficial)
Pablo Zulaica pone el foco en las tildes que faltan en textos, carteles y avisos publicitarios.

5. Ortografía para todos (https://www.facebook.com/ortografiaparatodos)
Fomenta con humor el gusto por la buena escritura del español.

El primer libro que escribí en serio, si se puede decir así al hecho de tener un poco de más conciencia sobre lo plasmado, fue un libro que titulé Mar de cañaverales (La luciérnaga editores, 2000). Hablo de este libro porque me resulta fácil ilustrar la idea de cómo el entorno contribuyó a que yo pudiera escribir poemas. Sigo pensando que escribir es muy sencillo, incluso más que el habla (en mi caso hablo con muchas incorrecciones). Esta última es innata al hombre, es decir, nuestros antepasados antes de escribir contaban historias. Posteriormente, se llegó al punto de dejar evidencia de lo vivido, lo escuchado, lo añorado. Los sueños, por ejemplo, se plasmaron.

¿Qué sucede entonces en el momento de escribir un poema? Tal vez, miedo. ¿Qué puedo escribir en la página electrónica? ¿Cómo puedo llenarla? Antes que todo, les recomiendo mucha lectura. La lectura es muy importante porque nos marca pautas, ritmos, métodos, abre el campo temático; la lectura, en síntesis, afina el oído. Si comienzan imitando la escritura de otro, no está mal; no obstante, les recomiendo a la brevedad, desembarazarse de esa influencia. Hay quienes aún, después de muchos años, de varios libros, siguen escribiendo como Jaime Sabines, Octavio Paz, Efraín Bartolomé. Es incorrecto.

Hablaba de uno de mis primeros libros porque las imágenes que lo detonaron eran muy sencillas. Nací en una región de cañaverales y de esto comencé a escribir. La relación que hice en ese momento y, que sostengo tantos años después, es la misma: El cañaveral es el mar. Esta metáfora me abrió muchas posibilidades.

a) El cañaveral cuando lo agita el viento es el mar, el sonido es idéntico y las olas van y vienen.
b) Hay pájaros-gaviotas, se comportan de la misma manera, enterrándose en las crestas verdes o transparentes.
c) Los cortadores de caña son pescadores.
d) La luz sobre las hojas verdes de las cañas y sobre las olas nos permiten mirar acaso los mismos reflejos.
e) El ingenio azucarero y los barcos: grandes máquinas, fierros viejos, aspas, chimeneas, vapores.

Y luego, sus historias. Las historias surgen alrededor de los cañaverales como surgen alrededor del mar; las historias de la infancia, de la adolescencia, de la juventud; el deseo, el miedo, el horror.

Como verán, en aquella primera incursión poética un poco más acabada, tomé en cuenta mi entorno. Podemos entonces partir de esto para comenzar a llenar esa página electrónica. Dos elementos que podamos comparar o uno solo que nos permita movernos en múltiples direcciones.


Hay autores que fácilmente nos atrapan. Son claros, limpios, cotidianos, incluso. Cuando comencé a escribir poesía, además de Nervo, que me impresionó, Xavier Villaurrutia me enseñó a mirar.

Todos los días vivimos bajo una misma rutina: el trabajo, la escuela, las fiestas, los amigos, etc., lo que nubla la vista o enceguece. Lo anterior lo digo de manera subjetiva, no como algo que pueda ocurrir realmente. Cuando leí por primera vez a Villaurruia, las mañana y los atardeceres me parecieron más iluminados. El autor de "Nocturno en que nada se oye" me proponía mirar o contemplar si lo quieren llevar a otro nivel. Lo que leía estaba frente a mí, no había nada extraño. Por ejemplo:

Cuando la tarde cierra sus ventanas remotas,
sus puertas invisibles,
para que el polvo, el humo, la ceniza,
impalpables, oscuros,
lentos como el trabajo de la muerte
en el cuerpo del niño,
vayan creciendo;
cuando la tarde, al fin, ha recogido
el último destello de luz, la última nube,
el reflejo olvidado y el ruido interrumpido,
la noche surge silenciosamente
de ranuras secretas,
de rincones ocultos,
de bocas entreabiertas,
de ojos insomnes.

¿Es difícil comprender lo que quiere decirnos el poema? No. ¿Quién no ha visto un atardecer? ¿Quién no ha visto la noche arribar por el extremo del cielo y, mientras el reloj avanza, ese tiempo indestructible, cubrirnos por completo? Lo que podemos agregar a la acción de mirar, son los detalles. Quizá esto es lo más difícil. Estamos acostumbramos a mirar la totalidad, aún en el engaño del ojo; la poesía pide que puntualicemos en el detalle, en esas fisuras, quiebres, brillos... De los detalles se configurará el universo poético.

Para mi edad, hablo de casi veinte años, escribir poesía fue muy sencillo. Entonces ¿de qué escribir? De aquello que se ha vivido. A la poesía de entonces agregué el elemento autobiográfico. No tiene nada de malo convertirse en "personaje" literario. Aproveché la oportunidad que me brindaba la confusión, el miedo, el odio, el rencor, el dolor. Adolescencia y juventud fueron épocas difíciles pero había llegado a Rosario Castellanos.

¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.

¿Qué más podía pedir en ese momento? Podía hablar de mí sin miedo, podía reconfigurar el destino o el azar de ese destino. Sugerencia para comenzar a escribir poesía: leer la obra poética de Xavier Villaurrutia y Rosario Castellanos.


Hace poco me preguntaron qué significaba la palabra “Perseverar”. Mi respuesta inmediata fue: mantenerse firme ante la vida. No retroceder, por ejemplo, por más difícil que sea el trabajo o por más horas que éste implique. Es una palabra en desuso para la mayoría de nuestros jóvenes. Para ellos, la ley que impera en cualquiera de sus actividades o responsabilidades es la ley del mínimo esfuerzo.

La RAE, define “Perseverar” como: “Mantenerse constante en la prosecución de lo comenzado, en una actitud o en una opinión”; en este caso, refrenda mi postura. Luego, otra pregunta: ¿Usted, en qué aplica la perseverancia? En todo, incluso en las cosas que pueden parecer insignificantes como lavar los platos, mantener la casa en orden, la oficina, etc. ¿Te imaginas volver a casa y encontrar todo revuelto, sucio, hediondo? Hay días, por ejemplo, que no tengo ganas de asistir a la escuela, o de escribir, o de preparar el nuevo número de la revista; es normal pero finalmente debo hacerlo. No por inspiración, sino por disciplina, por perseverancia. En torno a este mismo tema, Leonard Cohen maneja un concepto hermoso: “ética del trabajo”. Si dejamos “a las ganas” o “a la inspiración” el motivo de nuestro trabajo, jamás moveríamos un pie o una mano.

Al concepto de perseverancia agrego el de estudio. ¿Para qué estudiar esto o aquello? El estudio, decían los mayores, es la mejor herencia que los padres dejan a los hijos. Mi padre pensaba igual. Una herencia más jugosa que una cuenta bancaria, una casa, un auto. Estudiar es invertir en nosotros mismos. Y quizá, una posibilidad más de integrarnos a la vida laboral. Esto es claro: si a nuestros jefes no les gusta nuestro trabajo sin pensarlo dos veces nos “ponen de patitas en la calle”. Muchos jóvenes piensan que son la “última coca del refrigerador”, pero sabemos que ese modelo ha cambiado. Si me despiden hoy, lo sé, en un día o dos habrá alguien más ocupando mi puesto. ¿En qué momento dejamos de ser imprescindibles? Antes éramos pocos los que teníamos una maestría, una especialidad, un doctorado; hoy, cientos, miles. Ahora ¿a quién no le gusta ver reflejado su esfuerzo en algo tangible como un libro, una pieza musical, el diseño de una casa, un software, etc.

Ahora casi todo está a la mano. Basta escribir un tema en cualquier buscador para obtener, en un abrir y cerrar de ojos, cientos de páginas relacionadas con éste. A Federico Reyes Heroles le escuché la siguiente frase: “el gran reto es que los instrumentos sirvan al ser humano y no que el ser humano a los instrumentos”. Una vez más volvemos al concepto de “Perseverancia”. Para el alumno es muy fácil tomar información de cualquier lado, sin importar autores, sin importar la confiabilidad del sitio, llámese página web, periódico o revista. Es verdadero porque está en el internet, dice. Pero no sólo el alumno, ese adolescente, ese joven; hay profesores a quienes no les importa este punto, lo que es muy irresponsable. La responsabilidad digital es una tarea diaria.

Como dije anteriormente, la perseverancia está en las cosas pequeñas, como en aquellas que impactan a nuestra familia, colonia, ciudad, etc. Considerar que las cosas se logran por sí solas o por arte de magia es como considerar que vivimos sin ningún fin.

Texto publicado en La vereda, periodismo cultural en línea