El tiempo, su paso, transforma y crea fracturas. En esto pienso cuando veo las fotografías de Benoit Courti. Pienso, también, en los poemas de José Emilio Pacheco. El tiempo y en él, lo que es retenido, lo que llena el cuenco de las manos y escapa, con la misma prontitud: arena o agua. “Sobre tu rostro crecerá otra cara / de cada surco en que la edad / madura / y luego se consume / y te enmascara / y hace que brote tu caricatura”. El tiempo: sucesión de instantes.
 El tiempo, por otra parte, nunca nos dejará solos.

El instante se precipita, sin palabras, sin gestos, sin experiencia; en su trayectoria (gira la tierra sobre sobre sí misma y alrededor del sol) una escena, por milisegundos, suspendida: la periferia de lo que sucede. Día. Noche. Y dentro, en la forma/fórmula de esa escena (10−3 o 1/1,000) = (0,001s), el instante.

¿Qué es el instante
sobre la boca o sobre los ojos cerrados?
Cruzar un puente en las alas de la mariposa
o en úlceras.

Se arroja en lo invisible, y si es visible, esa pequeña fracción de tiempo, es asignada a la ciudad-pesadilla: túneles, pasajes de jardines secos, casas de ventanales orientados al enemigo.
Instante-Alumbramiento.
(No me quito los años, los dejo en el sitio preciso, porque los años tienen que ver con los giros de la vida, descubrimientos, la trascendencia. En la edad, somos, de un modo o de otro, coleccionistas. O cuando menos, acertar ese otro camino, la interjección de lo que es distinto. La edad, tiene en sí, un sentido de pertenencia. Si me restara años, si al tiempo le arrebatara lo que es efímero, no podría poner mi imagen frente al espejo; la imagen no correspondería sino a la materia inexpresiva de lo acontecido).
El tiempo, por otra parte, nos deja huérfanos.

Casi sin darnos cuenta estamos solos, sin padre, sin madre, sin hijos que colmen de risas las habitaciones. ¿O será que el tiempo pretende decirnos otra cosa? Corazón-poema, precipitación: vida-muerte. Entonces ¿de qué naufragio nos apropiamos? ¿Del hombre mismo y su totalidad? Vuelvo a Pacheco: Nacen y mueren, la danza no termina. / Me cubro los ojos, como para protegerlos de las imágenes / que se precipitan sobre mí. / Tal vez sólo me apropio los gestos, las palabras, / los actos inherentes a la pequeña fracción de tiempo
asignada a mi persona.”
***
Benoit Courti imprime lo efímero y lo permanente. En ese contraste, radica el fondo de cada una de estas revelaciones. La paradoja del hombre: sobre sus manos hay algo, un objeto, una flor, el destino mismo. Todo, sin embargo, es simulación. La simulación nos arroja al azar. ¿Azar o choque de dados, Mallarmé? ¿Qué caso tiene ampliar los límites de las huellas? José Emilio es eco de Li Kiu Ling traducido por Marcela de Juan: “En el polvo del mundo se pierden ya mis huellas; / me alejo sin cesar. No me preguntes cómo pasa el tiempo”.
En la paradoja, el hombre debe aprender a mirar el tiempo (reloj tenaz) por efímero que sea. El tiempo, en las fotografías de Court, está delante. Y detrás, lo que es historia, el poema: “Todo poema es un ser vivo: / envejece”. 
***
Dispersar el tiempo, sus instantes, desdoblarlos sobre la tierra ardiente del verano o en las líneas y los espacios que conforman la casa, el jardín, la ventana donde el mundo toma la forma de una página y en ella, la historia inapelable. El porvenir, ha dejado ya su rastro. Admiro los despojos.  
Notas:
  1. Página de Benoit Courti (http://benoitcourti.format.com/)
  2. Benoit Courti vive en París y se fascinó por la fotografía desde su infancia. Courti inició su carrera artística como compositor de música antes de convertirse en un fotógrafo profesional en 2010.
  3. Lamono, revista de arte y cultura urbana, preparó hace un tiempo una selección de las fotografías de Courti en blanco y negro, centrándose en su serie Deep black. El resultado es intenso y vale la pena conocerlo: http://lamonomagazine.com/benoit-courti-negro-profundo/
  4. Los poemas a los que me refiero, corresponden al libro No me preguntes cómo pasa del tiempo. Valga esta entrada como un sencillo homenaje a José Emilio Pacheco.
Texto publicado en La vereda

Fernando Moguel
“Shakespeare no hubiese dado en el clavo en esta época. No es el mundo lo que es un escenario: lo son las redes sociales, donde una trata de representar su espectáculo. El resto de la vida son ensayos, preparativos con vistas a ser fabulosa en internet”. La frase anterior la leí hace tiempo, no escribí su autor, por lo que me disculpo, pero me quedo con ella. Me hace pensar en muchas cosas, es detonante.
El tiempo y el hombre han desmontado los escenarios para llevarlos a la vida diaria. La frase sintetiza este cambio. Retoma el pasado, pero también se refiere a lo que es presente y futuro. Siempre, futuro. El escenario, no es el mundo, sino la existencia de quienes no somos. Pero volvamos al escenario real, cada una de sus partes, el telón que abre o cierra imaginarias ventanas. Más allá de la relación entre actor y espectador (el espectador hechizado, por supuesto) habla el otro que se quiere ser; tanto actor como espectador, son el otro, los otros. Ocurre la transformación y el alma, no el cuerpo, se desnuda. Otro aspecto, eternizar. En la representación, los personajes renacen cada vez. Pero a diferencia del Ave Fénix, fingen y el espectador también finge y atrapa el mismo tiempo, la misma hora, el mismo gesto de la alegría o la furia, la sorpresa o el desencanto. El espectáculo-el disfraz.
*
Vivir el/en espectáculo todos los días. La justificación para vivirlo. Shakespeare entendió esto de la vida. En el montaje (lo autobiográfico también como espectáculo), encontrar el ángulo perfecto, la sonrisa, el gesto de la felicidad y la dicha. ¿Quién cuando llora se toma fotos y las publica? Estoy lejos de hablar sobre los escenarios que no son montados: la guerra, por ejemplo, la agonía de los pueblos, la nula posibilidad del planeta.
Otro escenario: el virtual.
Un escenario precisamente voraz. Lo que proponemos, al espectador-incauto-ciego, es la vida exquisita, no aquella relegada al sótano. Cortamos de tajo lo relegado, no las raíces (de esa vida relegada, no puedo quitar las raíces. Ustedes saben: duele, quema, carcome). Escenario: doble fingimiento-doble juego.
*
Hay una desviación en el ojo izquierdo, una aún más pequeña en el ojo derecho. La fotografía que miente para todos, no lo hace para mí. Los lentes no son disfraz. El ojo izquierdo se cierra obligado por el cuerpo, la disposición de éste a ser retratado. El ojo, en la imperfección, se estremece, se sacude. La fotografía, no es un buen espectáculo. Lo que obtengo, una imagen que debo borrar de manera inmediata y, con ella, los preparativos, los ensayos para el espectáculo. Borro las fotografías, no los recuerdos, esa superposición infinita de imágenes. Se borra el ojo izquierdo, no el ojo derecho donde se agranda la vida relegada. Vida-sótano. (El hombre, ese que un día elegí para mí, el hombre-hielo, no ama, se oculta, no se reconoce. La mentira que fuimos, la farsa). Qué difícil, en la nitidez del destino, mirar de frente, justo ahí, donde el fotógrafo sabe de un pájaro sobre su cabeza y el niño (padre, tengo la necesidad de repetir la palabra “mirada”, la palabra “sombra”) que lo mira con asombro.
Escenario: doble fingimiento-doble juego.
Personajes preparados, coloreados, equilibrados, moldeados con potentes filtros, efectos, fondos. Photoshop, Paintshop, Aperture, Pixelmator, The Gimp… ángulos perfectos, rostros, cuerpos en la escala-escalera más alta del retoque.
*
“Lo que más me gusta de la fotografía es que me permite coleccionar sentimientos, sensaciones, cosas maravillosas que tienen los actores. La fotografía tiene una de las cosas más maravillosas que es la sorpresa y que yo obtengo a la primera toma”, señaló el yucateco Fernando Moguel, el fotógrafo de los “paisajes escénicos”. Moguel murió en noviembre de 2014, a la edad de 62 años, debido a complicaciones del cáncer que padecía.
En 2008, en el marco de la 29 Muestra Nacional de Teatro realizada en Ciudad Juárez, Chihuahua, recibió la Medalla Xavier Villaurrutia por 30 años de promocionar el arte dramático a través de sus fotografías. Moguel creó un archivo histórico de artes escénicas recientes de más de cuatro mil obras de teatro, cada una de ellas clasificadas debidamente por autor, director, productor y fotógrafo.
*
El escenario se ha mudado de espacio y ocupa el virtual. La vida diaria es virtual. Hay, sin embargo, una contraparte en todo esto y se relaciona directamente con el fotógrafo. El fotógrafo (Moguel, es un ejemplo), espectador en el centro de la escena, la escena misma. Captura la parte que no vemos, el color, la textura, la sensualidad, la exquisitez de lo que la mirada, en su distracción, no atrapa. A flor de piel el instante, la experiencia de quien se entrega en cuerpo y alma, al espectador. Cuerpo. Alma.
*
Objetos, manejo de luces, voces, música, el relato mismo y el público envuelto en él, dejándose llevar por el manejo visual del montaje. Congelar la imagen con la precisión que el director, el dramaturgo, los actores, los productores y técnicos, revitalizan la escena. Congelar la fuerza, el sentido de la vida concentrado ahí, en ese espacio brevísimo, la felicidad, y los problemas humanos, la injusticia, la represión contra la mujer, la corrupción, la injusticia. Congelar la imaginación y la realidad. Shakespeare (tal como Lorca), a costa de alma, a costa de sangre.
Texto publicado en La vereda



El inmenso paso que constituye la introducción del irracionalismo total en la literatura se ha dado gracias al poema fonético.

Richard Huelsenbeck, Catálogo Gran Exposición Dadá de Dusseldorf, 1958.

§

Los sonidos en la abstracción del universo, su radiación visible. A lo lejos [puede ser el deseo o el tintineo de los vasos en un juego de espejos] como la tensión de un arco, la curvatura del día o la noche. Los sonidos. Distorsiones léxicas, juegos, voces, por debajo de los tonos, los ritmos. Intensidad, tiempo, color. Otro estado, es decir:
1. Juego.
2. El pensamiento de los pájaros.
3. Cabina de recuerdos.
4. El acto de borrar las sombras. 
5. Polvo removido de los principios.
6. Los “completamentamientos”.
[…]

§

La poesía sonora la podríamos definir como aquella poesía que evita usar la palabra como mero vehículo del significado, y la composición del poema o texto fonético está estructurada en sonidos que requieren una realización acústica. Se diferenciaría de la poesía declamada o recitada tradicional por la introducción de técnicas fonéticas, ruidos y sobre todo por su carácter experimental.

Podríamos considerar la poesía sonora como una forma intermedia paralela a la poesía visual, si esta se coloca entre la poesía y las artes visuales. La poesía fonética no es un híbrido de música y literatura, es ambas cosas a la vez. (Conceptos tomados de merzmail.net).

§

Voz, aproximación,
escala de insinuaciones.
Voz: reino-árbol-ramaje.
Voz: los desemboques, el arrebatamiento. 

Detrás de la estrofa (membrana)
el entramado es imagen, probabilidad: canal-tímpano.

§

[Digamos que estoy dentro de un sueño: chasquidos, rupturas, golpes, dados. Su construcción: una mala ejecución de contrabajos, víspera de lo atroz. Justo detrás del horizonte o delante].

§

“Ai aia aia/ia ia ia aia ui/Tralalí/Lalí lalá/Aruaru/urulario/Lalillá/Rimbibolam lam lam....” (Huidobro)

§

La poesía sonora o fónica, denominada en inglés sound poetry o poesía del sonido, explora las posibilidades expresivas de los sonidos y articulaciones vocales, lo cual posibilita la dimensión sonora del lenguaje verbal. Este tipo de poesía fluctúa entre la música y la literatura, entre el habla y el canto, entre el ruido semántico y el sentido poético. (Conceptos tomados de periodicodepoesia.unam.mx)

§

Sustancia fónica: la voz se acerca o ¿soy yo? Es limpia: fulgor, boca, lengua. La voz, como las manos de un niño, o como el mar mientras el mismo niño, descubre los colores. La voz definidamente profunda [a veces violenta] que se nombra en la hoja. Poema: paraíso subterráneo y sólido.

§

La fe que perdí en las palabras la encontré en los sonidos.
Fernando María de Milicua

En su libro Poemas cortos en prosa (1925), escribe:

ton , ti , que ,/ton , ti , que ,/ton , ti , que ,/tíquete – tíquete –tíqueteton

§

Escucho el galope del Poema.
Sobre la hoja me conduce ¿a dónde?

Evidentemente
hacia donde irrumpe
el relámpago.

El sol de esta mañana.



Notas

Este texto se gestó mientras leía y escuchaba “este tipo de poesía”. Los sugiero ahora, como una aventura más en el proceso creativo.

2. Ars Sonoro. Programa radiofónico, enfocado a la poesía sonora, instalaciones sonoras, performances y radio arte. http://www.rtve.es/alacarta/audios/ars-sonora/
3. Sound poetry, poesie sonore, lautpoesie https://soundcloud.com/groups/sound-poetry
4. Poetas en Mp3. Proyecto de Romina Cazón http://www.poetasenmp3.com/
5. Sonoscop es el proyecto de colaboración estable de la Orquestra del Caos con el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Su finalidad es la creación de un archivo multimedia de música experimental y arte sonoro accesible al público y el establecimiento de un programa de investigación e intercambio con otros centros homólogos que operan en el mundo. Un excelente catálogo http://caos.sonoscop.net/

Texto publicado en CultoGrama | Prensa cultura



Las fotografías antiguas me causan terror. Las posturas de aquellas personas, los gestos, la mirada, la mayoría de las veces, no al centro de la cámara, si no fija en un punto, una esquina, o sobre aquello que la lente no atrapa. Jamás entraría a una habitación de paredes llenas con retratos antiguos o retratos “post mortem”, como tampoco entraría en la casa de los espejos. Hay en la muerte y en estos últimos, una especie de fuga, habitar otro espacio y en él, como escribe Borges, ese “rostro que mira y es mirado".
Dentro de las fotografías (son también un espejo), aquellas personas dejan caer sobre nosotros una serie de interrogantes: la casi inexistencia del ataúd y los episodios felices. Las fotografías y los espejos se convierten en horror. Hay una fotografía, por ejemplo, que resulta impresionante si se mira con detenimiento. La mujer sostiene a su bebé fallecido en los brazos. De manera contraria, los ojos de la mujer han perdido la nitidez de las cosas y el bebé parece dormido.
Hay otra idea sobre las fotografías y los espejos: la transformación. Disfrazados tratamos de encontrarnos, de establecer un diálogo principalmente con nosotros mismos y con los demás. En ambos momentos, recurrimos al disfraz porque nuestra naturaleza nos lleva a mentir en función de ciertos momentos. Es decir, utilizamos el recurso de la distracción: lo que somos, el otro que no somos, el cuerpo y el no-cuerpo. Regreso a Borges:
“En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante”.
El retrato “post mortem”, es homenaje a la distracción. Al fallecido se le rodeada de flores, familiares, mascotas. O en su caso, si se trataba de un niño o una niña, se le presentaba dormida, rodeada con algunos de sus juguetes. Otra distracción, otra puesta en escena: presentar a los difuntos con las mejillas "ligeramente coloreadas".
Disfrazarse para ser otro o disfrazarse para ser uno mismo. El cuerpo, su apariencia, la vida, la muerte, en los límites de la ficción. O la ficción misma. Una ficción, que en su transfiguración mágica, horroriza. Lo mismo, las máscaras, el disfraz, la vestimenta y el maquillaje de los payasos, "el ritual de la liberación de los Carnavales".
Me niego, insisto, a mirar esas fotos, como también me niego (nunca en mi vida lo he hecho) a entrar a la casa de los espejos. Hay algo más allá de la mirada ausente, de los disfraces, de esa yo duplicado, múltiple, irregular. Ese otro, en efecto, fascina a Borges:
“Si entre las cuatro
paredes de la alcoba hay un espejo,
ya no estoy solo. Hay otro.”
Horror vago, lo sé, reminiscencias del pasado atroz. No obstante, el horror como la realidad caótica que vivimos y nos circunda. El hombre sobrevive apenas, o lo que queda de él, la imbecilidad.
Otros apuntes:
  1. La fotografía de difuntos fue una práctica que nació poco después que la fotografía (1839) en París, Francia, que luego se extiende rápidamente hacia otros países. La práctica consistía en vestir el cadáver de un difunto con sus ropas personales y participarlo de un último retrato grupal, con sus compañeros, familiares, amigos, o retratarlo individualmente. La fotografía mortuoria no era considerada morbosa, debido a la ideología social de la época del Romanticismo. En dicho periodo se tenía una visión nostálgica de los temas medievales y se concebía la muerte con un aire mucho más sentimental, llegando algunos a verla como un privilegio.
  1. Virxilio Vieitez, nació en Soutelo de Montes en el municipio pontevedrés de Forcarey en 1930. Comenzó a trabajar en la construcción con dieciséis años y emigró a Cataluña para ejercer similar trabajo. En Palamós conoció a Julio Pallí que le enseñó el oficio de la fotografía. Comenzó a trabajar de fotógrafo en la Costa Brava haciendo retratos a los turistas, en 1955 regresó a Galicia y poco después abrió un estudio fotográfico en su pueblo natal, de ese modo tuvo ocasión de retratar a muchas generaciones de vecinos de la Tierra de Montes de forma casi anónima.
Sus fotografías son retratos de personas y grupos en actos sociales como comuniones, velatorios o bautizos, pero también en actividades cotidianas, con relación a su técnica la mayoría de sus fotos son en blanco y negro, aunque en los años setenta realizó alguna en color.
Abandonó la actividad fotográfica en los años ochenta, pero en los noventa su obra fue revalorizada protagonizando la representación de la fotografía gallega en la VIII edición de la Fotobienal de Vigo en 1998 y después en el Museo de Arte Contemporánea MARCO, en la Sala de Exposiciones Caixanova de Vigo, en la exposición "150 años de fotografía en España" seleccionada por Publio López Mondéjar que estuvo en La Coruña y Orense, en la muestra Al gust de Cartier-Bresson en Barcelona, en Ámsterdam y en Nueva York. Falleció en la misma villa en que nació el 15 de julio de 2008.
  1. Virginia de la Cruz Lichet, en su libro Del retrato y la muerte: la tradición de la fotografía “post mortem” en España. (Temporae, D.L. 2013), aborda esta práctica. El libro cuenta con 185 imágenes de época procedentes en su mayoría de archivos públicos y privados de Galicia. Abundan los retratos post mortem infantiles, metáfora gráfica de la virulencia de enfermedades por entonces letales como el tifus o el sarampión. ¿Por qué alguien querría fotografiar el cuerpo sin vida de un ser querido? es la pregunta que vertebra la obra. Descubrir estas fotografías en el archivo personal de Virxilio Vieitez, despertaron su curiosidad.
  1. El primer retrato post mortem (hecho con un daguerrotipo) data de 1840, pero la representación de la muerte nació en el momento en que el ser humano fue consciente del carácter pasajero su existencia. Las figuras monolíticas prehistóricas, las efigies egipcias, las máscaras mortuorias medievales, las pinturas renacentistas, reservadas a la alta sociedad...
Para saber más:
  1. El retrato y la muerte. Sobre el libro de Virginia de la Cruz Lichet http://www.etnobloc.es/entrada/el-retrato-y-la-muerte/
  2. Fotografía/monumento. Historia de la infancia y retratos postmortem. Estudio. http://hispania.revistas.csic.es/index.php/hispania/article/viewFile/159/154
  3. Las fotografías que acompañan el texto fueron tomadas de diferentes sitios de internet.
Texto publicado en La vereda.


Viajar. A Saltillo, Monterrey, E.U. No, E.U no, Trump molesta, hiere, indigna. Desconectarme del mundo, esa es la urgencia. El mundo es plantar un ciruelo en medio del desierto; mira, se desprenden las últimas hojas. No soy fatalista. Es el traumatismo del cansancio. Además, necesitaba una frase para describir el cansancio, sujetarlo y hundirlo en el viaje.

El coche, tomar la carretera, la velocidad, esa conversación que él y yo hemos creado. Luego, la música. Un viaje para, en algún momento, tirarme en el sillón de atrás y mirar los árboles desfilar por la ventana; desde esta posición miro las copas, el cielo, la parte alta de las casas, la ropa desteñida agitando tendederos. El viento del norte.

La tranquilidad me devuelve la infancia y me arremolino en el sillón de la parte trasera. Las cosas del mundo se dibujan; la ventana-cielo, es alcanzable. Pero las cosas del mundo, esa ventana, son una instantánea en blanco y negro.
—¿Por qué en blanco y negro?

La pregunta gira en el aire, una, dos vueltas hasta llegar a mis oídos donde el ruido del motor se anida. Un ruido apenas perceptible pero que, si cierro los ojos, está hecho del ronroneo de los gatos. Hablo en voz alta, no me hagas caso, respondo, pero el mensaje no llega de regreso; en el tiempo, el mensaje se atrasa. ¿Podrá también adelantarse?

—Cuánto debo esperar para que respondas.

—Busco la respuesta. No quiero hablar sólo por hablar. La instantánea en blanco y negro, el paisaje fijo dentro de los ojos, es la máscara que luego del invierno, se posa sobre la vida misma. ¿Te has dado cuenta que los árboles son la expresión franca de la sombra? Los árboles que miramos, son árboles apagados, árboles negros. No puedo evitarlo: un color así conduce hacia los caminos de otras historias y, a la vez, al desamparo que hay en cada una.

—¿Te refieres a la infancia?

—No te escucho.

Cambio de lugar, cuestión de sentarme y girar el cuerpo en sentido contrario, mirar, con cuaderno y pluma en mano, otro escenario o la imitación del que ya miraba.

—No hablaré del desamparo; el desamparo, en su interminable variedad, se refiere de uno u otro modo, a la vida como una habitación desordenada. Pienso más bien en el desasosiego: arboles-desasosiego, árboles-en-la-interminable-fila-del-desasosiego. Como los árboles de las fotografías de Marta Pereyra; el desasosiego por lo inconcluso, la contradicción, el vacío. Mira, en el desasosiego hay un profundo vacío y en él, dentro de él, la desnudez de un ser amorfo. El desasosiego nos lanza contra “disolución y la finitud inexorable”. Pudiera escribir tanto sobre el Libro del desasosiego de Fernando Pessoa.

Sobre los árboles ha caído el invierno, dicho de otro modo, el desasosiego aprieta los colores, los ahoga. Y así como están, los árboles incluyen mi pasado, los dobleces del pasado, las suturas rígidas. Todos llevamos una porción de desasosiego en lo que somos. Pienso, por ejemplo, en el hombre que nunca vivió los estremecimientos.

El desasosiego me obliga a mirarme como un espectador más. La escena: una mujer desnuda en el centro de la cama; la cama absolutamente fría. Si el hombre del que hablo reflexionara de modo objetivo y, se mirara de “manera literal” frente al espejo, entendería que la mujer fue quien verdaderamente amó y tuvo que seguir, con la carcasa de su vientre vacía, hacia adelante.

—Comenzamos a hablar en voz baja, recuerdo, en los pasillos, los cafés, las salas de cine.

—Sí, se desvanecen las sombras del desasosiego. “Lisboa y sus casas de colores”, dice Pessoa. Me atrevo: la carretera y sus árboles de colores.

Mi cuaderno es un archivador de imágenes o una cámara que apunta directamente al universo reconfigurado. Tomo nota. No tengo prisa, no aceleres demasiado.

Coda

1. Las fotos que inspiraron este texto, el lector puede encontrarlas aquí y es un proyecto de Marta Pereyra: http://fijaciones.org/2015/10/el-hogar-de-los-palos/
2. Marta empezó a hacer fotos a los 15 años. En marzo de 2004 compró una Nikon D70 y desde entonces no ha parado y estos años han sido una carrera de aprendizajes, tanto del manejo de la cámara digital como del Photoshop. Mantiene la página web Fijaciones (http://fijaciones.org/) que surgió por insistencia de sus amigos. Comenzó colgando fotos en Usefilm, luego en un fotoblog gratuito (le daba tanta vergüenza que ni siquiera firmaba con su nombre) y cuando se acabó lo gratuito dio paso a comprar un dominio y un hosting, eso fue el 16 de octubre de 2004. El nombre Fijaciones, surge de muchas cosas. Y explica: “tampoco es que hubiera muchos dominios libres, pero fundamentalmente sale de lo cabezota y repetitiva que soy con mis fotos (…) También me gustó por la relación directa que tiene con el laboratorio de fotografía, ese olor tan característico del líquido fijador. Guardo una botella que destapo de vez en cuando para recordar buenos momentos”.
3. Intenté ponerme en contacto con Marta pero no lo logré. Me ganó el tiempo y las colaboraciones como ustedes saben deben aparecer. Espero no le moleste este experimento, por supuesto, un pretexto más para escribir.

Texto publicado en La vereda.

Había olvidado subir los carteles del curso taller de Literatura y Ebooks. Al final de ellos, pongo la información por si hay interés en seguir promoviéndolo.




Curso-Taller "Literatura y Ebooks"
Imparte: Nadia Contreras

I. Literatura específicamente electrónica
a. Introducción a la e-literatura: conceptos básicos que engloba la literatura electrónica.
b. Cómo se inserta la literatura electrónica en la tradición literaria.
c. La disolución del lenguaje moderno. Las vanguardias y el acceso a la literatura electrónica.

II. Cibercultura
a. Literatura cibertextual-intertextual: randomización, generadores de textos, literatura adaptativa. (Propuesta de Cristina Rivera Garza y Alberto Chimal).

III. Géneros, formas y temas en la creación digital
a. Narrativa digital.
b. Poesía digital.
c. Ciberteatro (opcional).

IV. Blogs, wikis y escritura colectiva
a. Audio libros y podcasts.
b. Catálogos, buscadores, el universo google.

V. Proyecto de Bitácora de vuelos, revista y editorial
a. Antecedentes.
b. Revista.
e. Ediciones, experiencias, retos.

VI. Ejercicio práctico, crear una editorial virtual
a. De la idea a la realización.
b. Diseño, creación y producción multimedia.

Costo del curso por inbox. Presencial o en línea.