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Mostrando entradas de agosto, 2016

Estampas de la infancia

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Mi infancia está ligada a la lluvia y al rumor del Ingenio. Pero también, a los campos grandes de caña. Las últimas lluvias que han caído sobre la ciudad, me recuerdan esa época. Por supuesto, los escenarios no son parecidos. Las lluvias de las últimas semanas han sido crueles, devastadoras; aquellas, en cambio dulces, como el azúcar que se hacía entre esos fierros antiguos. Ahí, trabajaba mi padre.

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Foto: Quesería, Colima, México.
Autor: Pendiente

Los sonidos del agua

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El agua renace mientras resbala por los cuerpos, toma nuestra forma, el vaivén de nuestra forma. De un salto, estamos aquí, hablando bajo y tranquilo, no como dos personas, si no como la piel que lentamente se abrirá humedecida. Un ritual, a mitad del día o de la noche, mientras el agua cae y la caricia de la yema de los dedos. Me gustaría no ser sólo un cuerpo desnudo bajo la regadera, si no el mar, digo, pero luego me arrepiento. Te ríes y entiendo que la coherencia del pensamiento no importa. En este momento en que estamos solos, en que la nitidez rompe el ramaje de la razón, resulta contradictorio pensar en cómo los mensajes, bajo el escrutinio de un análisis frío, se forjan en destellos que se van borrando, en islas o desiertos.

El agua cae, resbala y comienza su abandono, la gravedad la arrastra hacia el remolino.

—Pudiéramos quedarnos aquí, eternamente.

—Tiene que haber un punto más lejano que esto.

— El mar, por ejemplo, para encontrarnos. Nuestros cuerpos yendo y viniendo como…

El enamoramiento

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No podía afirmar que su matrimonio fuera un fracaso. Por donde se le buscara, no lo era. Su marido tenía todas las virtudes, el carácter un tanto acerbo, pero nada comparable con el amor y la dedicación que le tenía. Es esta la opinión de Jerónima, quien dice conocer de lado a lado, el asunto del enamoramiento entre Alejandra y Javier. El poder de la observación, afirma, lo heredó de sus padres.
Los rosales tuvieron mucho que ver con las miradas y los tocamientos. Es urgente que vengas Javier, las hormigas amenazan con acabar el jardín. Las hormigas trepaban los tallos de las flores más exquisitas. Subían y sólo bajaban cuando éstos estaban completamente desnudos. El jardín de las rosas había sido primeramente de su madre, pero ya no estaba. Era, lo repetía cuantas veces le era posible, su herencia. Javier, no era el más diestro, pero sí el único que como Alejandra, amaba los rosales. Su trabajo, por ello, letal
.
El esposo, insiste doña Jerónima, no era malo. Sí acostumbrado a la ru…

Nombres que llevan a otros caminos (evocar a Nadia Comaneci)

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He presenciado el debate que surge a raíz del nombre que llevarán los hijos. En muchas ocasiones, si de reuniones se trata, se extiende hasta altas horas de la noche y no siempre termina bien, porque ¿quién no se siente lastimado cuando ve su propuesta eliminada y más si ésta, es decir el nombre propiamente dicho, lleva de manera implícita una carga emocional.

En esta discusión, la familia pone sus cartas sobre la mesa; esto es, los nombres de los abuelos, los tíos, el primo que murió tempranamente, etc. O, en caso contrario, nombres tomados de algún libro y que tienen, por cuestiones históricas o mero capricho del autor, significados muy altos: el nombre de una reina, de una virgen, de un dios de alguna cultura antigua.

Entre más se acerque la fecha del nacimiento, las discusiones son más apasionadas. Hay padres, que para nombrar necesitan conocer. Es el caso de Adriana y su esposo. En síntesis, si la niña se parece a ella, llevará el nombre de la madre de ésta, es decir, de la abuela…

Bajo la lluvia

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Un día antes habíamos leído poemas sobre la lluvia. Mientras escuchaba la voz de Lulú, volví a la casa paterna donde la lluvia era común en los meses de agosto y septiembre. Sobre todo, septiembre. Escuché el chasquido del agua en las hojas de los árboles, sobre la lámina que cubría la pila y el lavadero. Lulú tiene una voz espectacular y sabe leer poesía.

Regresé a casa y los versos del poeta Efraín Bartolomé, resonaban en mi interior. Así me fui a la cama: "Ayer salí a caminar bajo la lluvia en ruinas: algún día estaremos / paseando entre estos árboles, contemplando estas piedras. // La lluvia hace sentir un aire tembloroso que llega hasta los huesos, / y se va por segundos y regresa, más callado que antes todavía". Los repetí una y otra vez, hasta que el sueño me devolvió sus imágenes.

Comenzó a llover. Era el olor de la tierra húmeda, ese rumor de hojas, los charcos que luego serían espejos. De mi parte, hay un afán por ser la humedad, ese espacio traslúcido. La lluvia …

Memoria en estado cíclico

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Los rostros de las personas me pasan desapercibidos, como también, qué visten y calzan. Las fotografías me descubren los detalles del mundo; a través de éstas, formas, colores, gestos, rasgos, los pequeñísimos asombros que mis ojos me niegan. Para reconocer verdaderamente (porque lo que descubro en el fondo de la sala de conferencias, a mitad del salón de clase, la ventana de enfrente, es apenas un bulto), la persona necesita estar a escasos ochenta centímetros de distancia. Una cosa es reconocer y otra muy distinta, llamar por su nombre a quien esboza una sonrisa. Decir, por ejemplo: “¡Hola! Sara: ¿Cómo estás?”. Los nombres me son imposibles; son como una nube negra en el horizonte de la memoria. Está ahí el recuerdo, la idea de una conversación previa, pero el nombre no.

En esto tengo algo de culpa, no pregunto, no rectifico. En la búsqueda de no sé qué, paso por alto lo que nos distingue de los demás. Hablo del nombre y, por supuesto, de la historia que hay en él, “los nombres de…