
Ayer, en el taller Dunas de
versos, nos acercamos a la poesía de Anne Carson, una escritora que puede
comenzar hablando de un matrimonio y terminar llevándonos a una batalla de
Napoleón, a los dioses griegos o a un poema de Emily Brontë. Lo curioso es que
todo termina teniendo sentido. Carson escribe sobre el amor, los celos, la
muerte, la familia y esas cosas que nos pasan y que muchas veces no sabemos
explicar.
Quise comenzar con algunas
preguntas. ¿Por qué deseamos tanto lo que no podemos tener? ¿Cuánto de nosotros
perdemos cuando amamos? ¿Se puede seguir amando a alguien que nos ha lastimado?
Me interesaba que los participantes se acercaran a los poemas sin preocuparse
demasiado por encontrar una respuesta correcta. Con Carson eso sería bastante
difícil. Sus textos permiten muchas lecturas y, mientras más nos detenemos en
ellos, más cosas encontramos.
Anne Carson nació en Toronto,
Canadá, en 1950. Es poeta, ensayista, traductora y estudiosa de la literatura
griega. Ha dedicado buena parte de su vida a leer a los autores clásicos y a
traducirlos. Entre ellos está Safo, una poeta griega que escribió sobre el amor
y el deseo hace más de dos mil quinientos años. En 2020 recibió el Premio
Princesa de Asturias de las Letras y el 8 de octubre de 2026 fue anunciada como
ganadora del Premio Nobel de Literatura. La Academia Sueca reconoció su manera
de trabajar con los textos clásicos y de encontrar nuevas formas de escribir.
Su obra reúne poesía, narrativa, ensayo y teatro. A veces todo aparece mezclado
en un mismo libro.
Una de las cosas que más me
gustan de Carson es su manera de escribir. No siempre encontramos versos que
suenen a poesía. Puede contar una anécdota, reproducir una conversación o
detenerse en algo que leyó hace muchos años. De pronto aparece una frase que
nos obliga a regresar unas líneas. Hay poemas que parecen fragmentos de una
novela y otros que nos hacen sentir que estamos escuchando los pensamientos de
alguien. Carson cambia de tema, interrumpe una historia, hace preguntas y deja
muchas cosas sin explicar. Eso puede desconcertarnos al principio, pero también
despierta la curiosidad.
Durante el taller nos detuvimos
en La belleza del marido, un libro publicado en 2001 que Carson organizó
en veintinueve tangos. Cuenta la historia de una mujer que recuerda su
matrimonio con un hombre hermoso, mentiroso e infiel. Ella sabe perfectamente
quién es él y lo que le ha hecho. Sin embargo, continúa amándolo. No porque
ignore sus defectos, sino porque el amor no desaparece necesariamente cuando
descubrimos que alguien nos ha lastimado.
Hay un verso que me parece
importante: «El amor no es condicional. Vivir es muy condicional». Nos
detuvimos a pensar en esa diferencia. Podemos seguir sintiendo amor por alguien
y, al mismo tiempo, saber que no queremos continuar a su lado. Los sentimientos
no siempre obedecen a nuestras decisiones. El amor puede permanecer, pero
nuestra vida necesita límites.
La protagonista reconoce que amó
a su marido por su belleza. Lo dice sin vergüenza. Y aquí aparece una pregunta
incómoda: ¿cuántas veces hemos perdonado cosas que no deberíamos porque alguien
nos atrae demasiado? A veces nos enamoramos de una sonrisa, de una voz, de una
manera de caminar o de mirar. Luego descubrimos otras cosas, algunas bastante
feas, y aun así seguimos acordándonos de aquello que nos enganchó.
Carson no presenta a esta mujer
como alguien incapaz de comprender lo que sucede. Al contrario, sabe que su
marido miente. Lo observa, recuerda sus engaños y reconoce las contradicciones
de su matrimonio. En uno de los poemas, incluso cuenta que él tomaba frases de
sus cuadernos para escribirle a otra mujer. Me impresionó ese detalle. El
hombre no sólo traicionaba a su esposa: utilizaba sus propias palabras para
conquistar a alguien más.
Las palabras tienen mucha
importancia en este libro. El marido miente sobre sus amantes, el dinero, sus
reuniones y hasta sobre cosas que no necesitaba ocultar. Carson recuerda
entonces a Homero y la idea de que los dioses conocen las palabras humanas,
aunque les dan significados distintos. Pensé en lo que ocurre cuando alguien
dice «te amo» y quien lo escucha entiende una promesa que el otro nunca tuvo
intención de cumplir. Las palabras son las mismas, pero cada persona puede
estar diciendo algo diferente.
Carson recurre constantemente a
la mitología griega. En La belleza del marido aparece Perséfone, la hija
de Deméter, que fue llevada al mundo de los muertos por Hades. Su madre la
busca desesperadamente y, cuando finalmente consigue recuperarla, descubre que
ha comido unas semillas de granada que la mantienen unida al inframundo durante
una parte del año.
Carson relaciona esa historia con
una mujer enamorada que acepta las reglas de un hombre sin detenerse a
preguntar demasiado. La protagonista recuerda que su madre desconfiaba de él.
Había advertencias, señales, cosas que quizá no quería escuchar. Me parece que
ahí hay algo muy humano. A veces quienes nos quieren ven lo que nosotros
preferimos ignorar. No siempre porque seamos ingenuos. Puede suceder que
deseemos tanto estar con alguien que terminemos aceptando condiciones que antes
nos habrían parecido inaceptables.
También aparece la historia. El
marido es aficionado a los juegos de guerra y conoce muy bien la batalla de
Borodinó, librada en 1812 entre los ejércitos de Napoleón y Rusia. Puede pasar
noches enteras estudiando movimientos militares y hablando de estrategias. La
esposa recuerda que él sabía mucho más de aquella batalla que de su propio cuerpo.
Me hizo gracia la ironía, aunque detrás hay algo triste. Un hombre puede
dedicar horas a conocer una guerra ocurrida hace siglos y mostrar muy poco
interés por comprender a la mujer con la que comparte la vida.
En otro poema Carson menciona a
Kenzaburō Ōe, escritor japonés que recibió el Premio Nobel de Literatura en
1994. Recupera un episodio de la historia de Japón: cuando el emperador
Hirohito habló por radio para anunciar la rendición del país en 1945. Muchas
personas habían crecido creyendo que el emperador tenía una condición divina.
Escucharlo hablar con una voz humana les produjo una enorme impresión.
¿Por qué aparece esta historia en
un libro sobre un matrimonio? Porque la protagonista había convertido a su
marido en una especie de dios. Lo había colocado en un lugar donde parecía
extraordinario, casi intocable. Cuando descubre sus mentiras, tiene que aceptar
que ese hombre al que admiraba tanto es una persona común, con defectos y
decisiones bastante cuestionables. Creo que a muchos nos ha sucedido algo
parecido. Idealizamos a alguien y después nos cuesta reconocer que no era la
persona que habíamos imaginado.
Otro autor que aparece es John
Keats, poeta romántico inglés. En su famosa Oda a una urna griega
relaciona la belleza con la verdad. Carson retoma esa idea y la pone frente a
un hombre hermoso que miente constantemente. Ahí tenemos otro problema. ¿La
belleza nos dice algo sobre la verdad de una persona? ¿Por qué nos cuesta tanto
aceptar que alguien puede ser hermoso y, al mismo tiempo, hacernos daño?
Hacia el final de uno de los
poemas que leímos, la esposa intenta reunir las palabras que nunca pudo decir.
Hay reclamos, preguntas y frases que se quedaron pendientes. Carson escribe que
las palabras son «un extraño y dócil trigo». Me gusta esa imagen porque nos
lleva a pensar en algo que crece, se inclina y termina por caer. Las palabras
también tienen su tiempo. Algunas las decimos demasiado tarde. Otras nunca
llegan a salir de nuestra boca.
Después aparece una reflexión
sobre la belleza. La protagonista descubre que aquello que buscaba fuera de sí
misma ya estaba dentro de ella, mezclado con sus recuerdos y con todo lo que
había vivido. El hombre al que amó terminó formando parte de su propia
historia. Ya no puede separar completamente lo que él fue de lo que ella llegó
a ser durante esa relación.
Carson escribe: «Aguantad la
belleza».
Confieso que esta frase puede
prestarse a una interpretación bastante peligrosa. Podríamos pensar que nos
está diciendo que debemos soportar cualquier cosa porque alguien es hermoso.
Pero después de leer lo que sucede en el matrimonio, me parece difícil que esa
sea la intención. Yo la entiendo de otra manera. Hay experiencias que fueron
hermosas y dolorosas al mismo tiempo. Podemos reconocer lo bueno que vivimos
sin negar el daño que recibimos. Aceptar ambas cosas no siempre es fácil.
La belleza de alguien no lo
convierte en una buena persona. Tampoco hace desaparecer las mentiras. A veces
lo más difícil es reconocer que amamos profundamente a alguien que no supo
querernos bien. Nos gustaría que todo hubiera sido maravilloso o que nada
hubiera valido la pena. Pero los recuerdos rara vez son sencillos. Podemos
conservar momentos hermosos y aceptar que aquella relación no debía continuar.
Me gusta mucho cómo Carson lleva
a otros escritores a sus poemas y los hace parte de sus propias historias. En El
ensayo de cristal, por ejemplo, aparece Emily Brontë, la autora de Cumbres
borrascosas. Carson escribe sobre una mujer que atraviesa una ruptura
amorosa y viaja para visitar a su madre. Lleva consigo los libros de Brontë y
encuentra en ellos una manera de pensar en su propia soledad.
Me gusta mucho esa relación entre
lo que leemos y lo que vivimos. Hay libros que llegan a nuestras manos en
determinados momentos y terminan acompañándonos durante años. A veces una frase
escrita por alguien que murió hace mucho tiempo parece hablar directamente de
nosotros. Carson lee a Emily Brontë desde sus propias preocupaciones. No
intenta separar la literatura de la vida.
Entre las escritoras que nos
ayudan a conocer mejor la obra de Carson está Safo, cuyos poemas ha estudiado y
traducido. En ellos encontramos el amor, el deseo, los celos, la alegría y el
sufrimiento. Carson retoma estos temas en Eros, el dulce-amargo, un
libro donde reflexiona sobre el deseo y esa necesidad de alcanzar lo que no
tenemos. Recomiendo su lectura a quienes quieran conocer más de su poesía y de
las preguntas que plantea sobre el amor.
También podemos acercarnos a
Emily Dickinson, una poeta estadounidense que escribió sobre la muerte, la
ausencia, la fe y los sentimientos que no siempre podemos explicar. Sus poemas
son muy distintos de los de Carson, pero ambas consiguen que nos detengamos en
palabras que parecían comunes. Pienso también en Sylvia Plath y Anne Sexton,
escritoras que llevaron a la poesía experiencias familiares, amorosas y
personales. Leerlas junto a Carson puede abrir otras conversaciones sobre la
intimidad y la manera en que una experiencia se convierte en literatura.
Nos quedaron varios libros
pendientes. Uno de ellos es Autobiografía de rojo, donde Carson recupera
a Gerión, un personaje de la mitología griega, y lo convierte en un joven rojo,
con alas, que se enamora y sufre. Es una historia que permite pensar en las
personas que se sienten diferentes y en lo que sucede cuando alguien nos hace
creer que hay algo monstruoso en nosotros. También recomendaría Decreación,
donde encontramos poemas sobre la madre, el envejecimiento y la cercanía de la
muerte. Carson escribe sobre llamadas telefónicas, conversaciones y pequeños
acontecimientos de la vida diaria. En Nox, Carson recuerda a su hermano
muerto y trata de acercarse a una vida de la que conoce sólo algunas partes. Reúne
recuerdos, documentos y palabras. La obra de Carson es amplia y permite seguir
distintos caminos. Podemos leerla por su relación con la mitología, por sus
historias de amor, por sus referencias literarias o simplemente por curiosidad.
Por amor perdonamos, esperamos,
justificamos lo injustificable y a veces nos negamos a ver lo evidente. Carson
nos enfrenta a una verdad incómoda: podemos amar profundamente a alguien y, aun
así, elegir marcharnos. Lo hermoso que vivimos no borra el daño que recibimos. Nos
quedaron muchas páginas por leer. Y muchas preguntas también.
Una actividad organizada por el Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón, a través de la Coordinación de Literatura, realizada el 21 de octubre, a las 7:30 de la tarde, en la Galería del IMCE (Juárez y Colón).
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