
Ayer, 28 de enero, nos reunimos en la Galería del Instituto Municipal de Cultura y Educación a leer a Jaime Sabines. No a “estudiarlo”, no a clasificarlo. Hablar de Sabines es hablar del cuerpo. Del cuerpo que desea, se cansa, ama sin garantías.
En la sesión recorrimos algunos de sus poemas más significativos, nos detuvimos en cómo dice lo que dice y por qué eso sigue resonando tanto.
Leímos “Adán y Eva” como un poema fundacional, pero no desde la culpa ni el castigo, sino desde el deseo. Sabines reescribe el mito devolviéndolo al cuerpo: el paraíso no es moral, es sensorial; el origen del mundo no está en la ley, sino en el contacto.
Eva aparece como fuerza activa, como impulso vital.
El erotismo no es escándalo ni ornamento, sino una forma de conocimiento.
Luego pasamos por “Los amorosos”. Lo leímos como un poema-manifiesto donde el amor no es refugio, sino riesgo. Los amorosos no están a salvo, no llegan nunca a puerto.
Amar es exponerse, vivir en tránsito, aceptar la herida.
Sabines desmonta el amor romántico y lo deja en carne viva: intenso, contradictorio, profundamente humano.
Uno de los momentos más densos de la sesión fue acercarnos a “Algo sobre la muerte del Mayor Sabines”. No como elegía, sino como proceso. Sabines escribe desde el hospital, desde la espera, la impotencia de ver morir al padre.
El poema no consuela, no embellece, no cierra. Hay repetición, cansancio, rabia, culpa. Dios aparece como una figura cansada, impotente. Aquí la poesía no busca belleza: busca no mentir. Y esto lo vuelve un texto incómodo y honesto.
También hablamos de “Tía Chofi”, un poema que confronta otra forma de dolor: la vida que pasó sin ser vista. Sabines no idealiza a su tía ni la convierte en símbolo; la nombra con crudeza, con ternura, con una culpa que llega tarde. El lenguaje coloquial funciona aquí como un gesto ético: decir la verdad es una forma de amor.
El poema incomoda porque nos obliga, así lo concluimos durante el taller, a pensar en cuántas personas ignoramos mientras viven.
A lo largo de la charla, volvió una idea una y otra vez: Sabines no escribe poemas “bonitos”. Escribe desde la honestidad radical. Usa el lenguaje cotidiano porque ahí está la vida real.
Sus recursos retóricos —la repetición, la negación, la literalidad, el coloquialismo— no adornan: exponen.
El taller se lleva a cabo una vez al mes, en un horario de 7:00 a 8:30 de la noche, y cada encuentro está dedicado a la obra de un autor o autora diferente. Días antes de la sesión, doy a conocer en mis redes a la o el poeta que trabajaremos, y el material de lectura se comparte directamente durante el taller.
Gracias al público por la excelente y entusiasta respuesta.
Fotografía de portada tomada de Internet.

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El material revisado durante la sesión lo pueden descargar AQUÍ
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