Las TIC en el salón de clase




Recientemente participe en un foro sobre el uso de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en la educación. En el foro, se analizaron tanto las ventajas y las desventajas, pero sobre todo, la manera en cómo éstas han revolucionado la manera de impartir clase, compartir información, trabajar, estudiar, socializar, etc. La manera de leer y de escribir, también se ha modificado y ahora es imposible concebir a la escritura sin la tecnología. Los muy jóvenes, quizá no lo entiendan, no lo sientan, no lo comprendan totalmente. Quienes pasamos los 40 años sabemos lo que implicó ese salto, ese vértigo. De las máquinas convencionales, a la eléctrica, al teclado; de la página en blanco, a la página electrónica. Tal vez, algo muy similar sucedió cuando Gutenberg hizo posible la impresión e inició la era de la edición masiva. Imagínense, de la letra hecha a mano, a la letra fabricada en moldes de plomo preparados exclusivamente para impresión. Encender la computadora, o el celular, ejecutar programas, apps, diseñar una presentación, realizar las tareas en las diversas plataformas existentes, indagar en Facebook, Twitter, hacer apuntes en Evernote, etc, representa un cambio radical. Ahora, pensemos en la literatura que se genera en la red y debe ser leída en la red. Menciono a la poesía electrónica como un ejemplo, que incluso, es anticuado.
            La tecnología es parte de nuestra vida y también forma parte de la vida académica. El desarrollo de las mismas sociedades da origen a estos cambios e ignorarlos, pasarlos por alto, pretender anularlos, limita, en parte, la manera en cómo los alumnos se integrarán al campo social, económico, político..., una vez que hayan egresado. Tal vez, hasta aquí, resulte alarmante ¿cómo hacer esto posible? ¿Cómo lograr que estás se conviertan en verdaderos utensilios para elevar el nivel educativo en un país como el nuestro? Como nunca nos preguntaron si estábamos de acuerdo en que la tecnología “asaltara” nuestro hogar, nuestra escuela, la vida, queda entonces involucrarnos en su proceso, promover su uso adecuado, informado, reorientar esa fascinación, esa enajenación.
            Con la introducción de la Web 2.0 cambiaron las cosas. Los usuarios dejaron de ser lectores estáticos, receptivos y, de la noche a la mañana, se convirtieron en co-creadores o creadores. Surgen los blogs, las redes sociales, los cuadernos digitales, los foros, las wikis, la educación a distancia; surge todo lo que ahora conoces, cada vez más perfecto, cada vez más ambicioso. Hay una historia aparte para el hipervínculo, el hipertexto, los audiolibros (o libros parlantes)… Y aquí, utilizaré un término fundamental en el aula de clase: aprendizaje colaborativo. Es decir, el trabajo en equipos, muchas veces no físicos, sino conectados, en línea.
            Los teléfonos son otra maravilla de las TIC, estemos de acuerdo o no, dentro del salón de clase; una maravilla en comparación con aquellas primeras computadoras enormes, imposibles de llevar de un lado a otro; hablo de almacenamiento, desempeño, ergonomicidad. El uso de dispositivos móviles, el uso de lectores de libros electrónicos, sintetizan el trabajo realizado al interior de los salones de clase. Mis alumnos leen en pantalla, y si quisieran, leerían también con sus apps en sus dispositivos móviles. Hay infinidad de éstas para la lectura: Aldiko, es un ejemplo. Tendrían acceso a un sin número de bibliotecas digitales gratuitas, a un sin número de fuentes de lectura bajo préstamo o bajo renta mensual: Digitalee, Bookmate, por mencionar dos ejemplos.
            Quienes somos asiduos compradores de libros electrónicos, conocemos sus ventajas: cuestan menos y en nuestros dispositivos, llámense Kindle, Nook, Kobo, etc, podemos llevar miles de estos. En mi caso, la investigación es una tarea cada vez menos difícil. Si antes cargaba con innumerables volúmenes, ahora basta con mi dispositivo que alberga “casi” mi biblioteca completa. Como dije, las TIC en la educación tienen sus ventajas. En síntesis, su relación con otras disciplinas, con otros medios; su relación con información no solo producida en nuestro país, sino en el extranjero; la interacción inmediata con los compañeros de clase, los mismos profesores; la comunicación vía chat, correo electrónico; videoconferencias o transmisiones en vivo (Periscope, Skype, Facebook Live) otros agentes, acaso, en la coincidencia, en la visión sobre el mundo. La nube, lo sincrónico y asincrónico, son otra forma de ocupar ese otro espacio, infinito, perdurable, sí, tal vez.
            Pero debemos mirar también las desventajas y los retos que presentan las TIC en la educación. El primero de ellos, son los costos; no me refiero propiamente al plano individual (el equipo según nuestras necesidades y podemos comprar), sino al de las instituciones. El costo de equipamiento y el costo del personal capacitado para su funcionamiento óptimo. En Latinoamérica, el rubro de los presupuestos es desigual y las escuelas se separan entre públicas o privadas, por no decir, pobres o ricas. Otro punto: verdaderamente ¿se puede leer todo lo que se publica en internet? ¿todo lo que se publica sirve como material fiable de consulta tanto para alumnos como por profesores? ¿los profesores apoyamos a nuestros alumnos en la elección de la información? ¿Los apoyamos otorgándoles herramientas que les sean útiles para jerarquizar, analizar, interpretar, reformular esa nueva información? ¿qué tanto los docentes inculcamos el manejo adecuado de fuentes bibliográficas respetando la propiedad intelectual?
            Finalmente, pongo sobre la mesa otro concepto: “analfabetas digitales”. Es decir, aquellas personas que utilizan la herramienta digital como un medio básico para conversar, seguir las publicaciones en redes, subir fotos, ver videos, pero sin fines educativos. La posibilidad de crear un ambiente óptimo para el aprendizaje, lúdico, de múltiples experiencias, se ve reducido. En fin, el debate puede ser infinito y origina múltiples lecturas. Lo que queda claro es que las TIC (que se suman a lo que ya se hace al interior de las escuelas), como se mencionó líneas arriba, son parte de la vida y parte del salón de clase. Aquí comienza el trabajo de investigación, actualización, reflexión, creación... por parte de los padres de familia y los docentes. Un poco tarde (alrededor de 1950 nació el internet), pero ya necesario.

Artículo publicado originalmente en la página de Mujeres Construyendo

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