Fotografías negras, poemas publicados en Página Siete del periódico Vanguardia


Mi gratitud a Nazul Aramayo por invitarme a formar parte de Página Siete del periódico Vanguardia con la selección poética titulada "Fotografías negras". Gracias también a Esmirna Barrera, por la ilustración.

Nadia Contreras es fundadora y directora de la Revista Literaria Digital Bitácora de Vuelos y de la casa editorial digital con el mismo nombre
Por: Nadia Contreras

I
He de hablar desde esta oscuridad alucinada.
Tal vez,
terminados los lamentos,
puedas a menor distancia,
alcanzarme.

II
Ordenamos las fotografías,
el jardín.

Lo demás,
es mero azar, desdoblamiento.

En la existencia desprovista el destino
—si existe—, avanza
en sentido contrario
a los reflejos.

III
Si me vieran sentada aquí,
a la mesa de las bebidas ardientes.

Hay tanto asombro prolongado,
cuerpos de aquí para allá,
cigarros que se encienden,
se apagan
en un suspiro.

¿Me vieron ya?
¿Atestiguan mi presencia, mi soledad fundida
al temblor de la silla?

¿Podré sostener mi nombre
como los árboles sus encendidos frutos?

IV
El desierto es una gota obstinada
debajo del fuego.

Corrige la luz,
la concavidad
que dispersa los pájaros.

¿Podrás entender la razón
de amar el desierto?

La niña que miraba las olas del mar
—la espuma
invadía el malecón—
está frente a la corriente
de un viento seco, gastado.


V
El cielo, ¿qué es?,
frente a un muelle de niebla suspendida,
frente a un jardín habitado
por la aurora.
¿Qué es?,
ante el fuego
o la vigilia
de pájaros callados.
Mariposas
que se quedan o pasan.

VI
El color dice más que el gesto
en oblicua falsedad.

Sea del cabello
o de la blusa disimulando
la perforación del ombligo.

No miente. Descifra los bordes,
el hechizo de las huellas,
el transcurrir cobrizo de la edad.

El color del mar, de la flor o la noche
es uno solo,
aun para los ojos del ciego.

Se mezcla. En la profundidad de la existencia
hay objetos lentamente decolorándose.

VII
El dolor se erige
—nunca en verdad se ha ido.
Donde se anida la fractura,
las pastillas
dejan calambres ciegos.
En voz alta un remolino
de espuma negra.

La grieta degrada
la autoestima
del paisaje.

VIII
Me devora otro fondo.

Un mar ajeno
donde el tiempo
ha perdido el color, la voz,
la sombra
de las cosas que no terminan.

“Ayúdame a no pedir ayuda”.

IX
La sed es espiral.

Se enreda como la arena y el vientre
provisto de semen está prohibido.

Dentro de mi cuerpo
hay una playa que alumbra.

[Tus padres y tus hermanos
son ataúdes].

El destino conduce
hacia otras vertientes.

Yo lo recuerdo así:
dibujabas el cielo
y las estrellas
se perdían
en su propia sombra.

No era necesariamente
una vertiente,
pero hablamos
del filo de aquella brecha
en la que los hijos
dejarían su nombre.

Tardes desplomadas
para no morir sola.

X
En la inflexión del olvido
dejo los sentimientos.

Llorar, equivale
a acercar lo lejano, a doblegarme
ante las puertas que se cierran
y fotografías
donde no se distingue
el hundimiento de la sombra.

No voy a llorar
cuando mueras, padre;
no voy a agregar
más lágrimas a las lágrimas,
más palabras
al lenguaje
descompuesto
de la ausencia.

Vivir consistirá
en extender la mirada
sobre el desierto
y duplicar, dentro de ella,
el color de la espuma,
el color del fuego
que enciende los campos.

Luego, hallaremos otros rostros
entre el principio y el final.

XI
Debería haber lámparas
en el camino de la muerte.

O cuando menos,
flores para evocar los días
en que tu voz
desarticulaba la tristeza.

El tiempo no se detiene,
y todo lo que sé de ti
es porque mi padre se consuela
en los recuerdos.

Sus historias
toman la forma de tu cuerpo, Clara,
de tu mirada que se colma
de fantasmas y gatos.

Hablo de la muerte
como hablar de la vida
porque de una u otra manera soy
tu mano cuando saludas,
tu sueño
para designar
otra puerta a la noche.

El oficio de escribir
es para mantener
—aun bajo la eternidad
que desintegra—
los ojos abiertos.

XII
(A Juanita)

En vano el aire
en tus pulmones
y las señales invisibles
de los pájaros,
a veces en el cielo,
a veces en el río.

No soportas el empujón de los cristales
cuando abres los ojos.

XIII
Hundir un haz de luz,
romper con esa luz focalizada
los fluidos.


*Nadia Contreras

ESCRITORA, ACADÉMICA Y TALLERISTA

(Quesería, Colima, 1976) Autora de más de 10 libros de poesía, entre sus más recientes publicaciones están Quedará el vacío (PinosAlados Ediciones, 2017), Solo sentir (Editorial Paraíso perdido, 2017), Cumplimiento de la voluntad (Secretaría de Cultura de Coahuila, Colección Arena de Poesía, 2014). Su obra ha sido traducida al inglés, portugués e italiano. Escribe para diferentes medios nacionales y extranjeros. Es fundadora y directora de la Revista Literaria Digital Bitácora de Vuelos (http://www.rdbitacoradevuelos.com.mx/) y de la casa editorial digital con el mismo nombre.

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