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Mostrando entradas de abril, 2017

En la inflexión del olvido

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En la inflexión del olvido
dejo los sentimientos.

Llorar, equivale
a acercar lo lejano,
a doblegarme
ante las puertas
que se cierran
y fotografías
donde no se distingue
el hundimiento de la sombra.

No voy a llorar
cuando mueras, padre;
no voy a agregar
más lágrimas
a las lágrimas,
más palabras
al lenguaje descompuesto
de la ausencia.

Vivir consistirá
en extender la mirada
sobre el desierto
y duplicar, dentro de ella,
el color de la espuma,
el color del fuego
encendido de los campos.

Luego, hallaremos
otros rostros
entre el principio y el final.

Gritos

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La casa estaba en uno de los mejores sitios de la colonia. Construida en esquina, desde el segundo piso, la visión de F.D. era casi panorámica. El terreno era amplio: dos jardines, uno al frente y otro atrás (un hombre llegó a podar los árboles, ordenar las plantas, sembrar nuevos arbustos); un pasillo de acceso, paredes altas, seguridad las veinticuatro horas.
         F. D. recibió la llave y la guardó mientras el hombre, a partir de ese momento antiguo dueño de la casa, le daba algunas recomendaciones principalmente sobre el agua y la electricidad. Abandonó la casa pero volvió sobre sus pasos para hacer una última aclaración.
         —¿La señorita de bienes raíces le informó sobre el sótano?
         —Sí, me comentó... no hay problema.
         — Nos pareció terrorífico; a mi mujer, en particular. ¿A quién se le ocurre construir algo sin cableado eléctrico y sin ventanas? ¿A quién poner once escalones para hundirse concreto abajo? Uno de mis hijos quedó atrapado. Tenía cuatro o c…

Las pulsaciones de los cuerpos

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Antes de levantar la bocina del teléfono, la figura de Guillermo toma forma en la mente de Laura. Está de pie o sentado, el teléfono puesto en la oreja, mientras una y otra vez se repite el timbre monótono.
     —Me dan ganas de abrazarte, apretarte. Meter mi lengua en tu boca, agitar las coincidencias.
     —No lo digas. La vida es angustia exagerada.
Era el mes de junio. En la mesa (un encuentro de escritores en el centro del país), Guillermo habló de una escritura que lo traspasaba violentamente y Laura insistió en historias de mujeres ávidas. Pero al final, el roce, el incendio que desarregló la habitación del hotel.
     —Cierra las cortinas. Te quiero únicamente para mí.

***

     —¿Qué nos pasó?
     —No sé.
     —Mi matrimonio está lejos de derrumbarse.
     —El mío es perfecto.
     —Entonces ¿qué nos pasó?
     —Quiero tu lengua. Necesito sentirla dentro de mi boca
     —Voy a desbordar los cauces.


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