Persistiendo, entrevista a Nadia Contreras


El día de ayer apareció en línea la entrevista que me realizó la poeta XÁNATH CARAZA. Se publicó en El coloquio de los perros, y debo decir que la edición de todo el proyecto, es hermosa. Muy emocionada y agradecida con quienes hacen esto posible.

—EL COLOQUIO DE LOS PERROS: ¿Quién es Nadia Contreras?

—NADIA CONTRERAS: Difícil responder a esta pregunta. Por un lado, he tenido que superar algunas adversidades: mi primera infancia (y su huella permanente), luego, cuando creí en el amor y éste era una mentira. Puedo decir que soy una persona de altibajos, de felicidad, pero también de tristezas (o viceversa). La escritura, quizá muchos no estén de acuerdo, ha sido una catarsis y me ha salvado. Darme a los demás, entonces, siempre ha sido difícil, aunque en los últimos años esto ha comenzado a desvanecerse. Confío más en mi persona y mi trabajo literario me da la oportunidad de conocer públicos maravillosos. Hay tranquilidad en mi vida y amor, ahora sí, con letras mayúsculas, y esto me fortalece. He superado la autodestrucción del “yo”.

—ECP: ¿Quiénes guían tus primeras lecturas?

—NC: Puedo decir que mi madre, aunque en casa nunca hubo libros. Cuando cursaba el primer año de secundaria, me regaló dos libros: Frente a un escaparate y La muchacha y la pureza. A ella se los regalaron cuando estaba a punto de casarse. No recuerdo más datos de aquellos libros, no tengo certeza tampoco de sus historias. Lo que sí recuerdo es la impresión que causó en mí la palabra impresa. No tenían dibujos, pero sí una tipografía impresionante. Comencé a leerlos maravillada por esa forma de imprimir los pensamientos. Son los únicos libros que había en casa junto con la Biblia y Mi ángel de la guarda. Quizá un año después o dos la directora de esta misma escuela me pidió que participara en un concurso de declamación, mi voz es muy fuerte, y podía participar con un poema: ‘En paz’ de Amado Nervo. Fue el primer poema que leí; luego, leería muchos más de su libro La amada inmóvil. Comencé a leer a Nervo, Villaurrutia, Novo, Pellicer y más adelante a Octavio Paz. Comencé con poesía y con una poesía que abría profundamente las heridas. Leía a Plath, Pizarnik, Castellanos. El milagro: comencé a escribir. Había forma de decir lo que sentía, lo que pensaba, lo que dolía. Una válvula de escape. He tenido excelentes guías: Víctor Manuel Cárdenas (con quien trabajé mis primeros textos), Raúl Aceves (que escribió el prólogo para mi libro Mar de cañaverales), Antonio Marts (que como editor publicó mi libro Figuraciones), Luis Armenta Malpica, José María Espinaza, Alberto Chimal, Jaime Muñoz Vargas, Gloria Vergara, Ada Aurora Sánchez y un largo etc.

—ECP: ¿Cómo comienza el quehacer poético para Nadia?

—NC: Comencé a escribir y casi a la par a publicar. Tuve la fortuna de encontrarme con gente maravillosa que me apoyó en la difusión de mi trabajo. Mis primeros poemas se publicaron en un suplemento cultural de la ciudad de Colima que se llamaba “Cartapacios” y aparecía los domingos dentro del periódico Ecos de la costa. No pasó mucho tiempo para que publicara mi primera plaqueta, luego mis primeros libros: Mar de cañaverales y Lo que queda de mí. No recuerdo qué impacto tuvieron estos libros. En esta época hubo mucha confusión. Es maravilloso ver nuestros libros publicados. La permanencia de nuestro pensamiento, de nuestra forma de ver la vida, adaptarnos y responder a ella. Hace días alguien me preguntó que por qué había escrito tal poema, qué me había motivado. Veo la imagen del poema y me quedo pensando por qué el poema no me viene a la mente. Tengo la idea hasta que veo la portada del libro (que esta misma persona me envía) y la imagen del texto. Me impactan estos momentos porque hay algo que el lector encuentra en mis textos, quizá responden a un momento de su vida, al amor, al destino. Ojalá mis textos disipen duda.

—ECP: ¿Tienes poemas favoritos de otros autores? ¿O estrofas? ¿Pudieras compartir algunos versos y un poco de tu reflexión/atracción hacia ese poema o esas estrofas?

—NC: De Rosario Castellanos: «Me desgajé del sol (era la entraña / perpetua de la vida) / y me quedé lo mismo que la nube / suspensa en el vacío. / Como la llama lejos de la brasa, / como cuando se rompe un continente / y se derraman islas innumerables / sobre la superficie renovada del mar / que gime bajo el nombre de archipiélago. / Como el alud que expulsa la montaña / sacudida de ráfagas y voces». De Alejandra Pizarnik: «Toda la noche me abandonas lentamente como el agua cae / lentamente. Toda la noche escribo para buscar a quien me busca. // Palabra por palabra yo escribo la noche». De Pita Amor: «Voy a pescar peces rojos / y a encerrarlos con cerrojos / en un frasco de cristal // Ya es mi locura total / estoy por ti encarcelada / en la cárcel de la nada». De Oscar W. Milosz: «Y el hombre y la mujer sin nombre están muertos, y su amor / Está muerto, ¿y quién se acuerda acaso? ¿Quién? Tú, quizás, / Tú, triste, triste ruido de la lluvia sobre la lluvia, / O tú, alma mía. Pero pronto olvidarás eso y el resto». De Henri Michaux: «Aire del fuego, no supiste jugar. // Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esta opacidad en todas partes? Es la opacidad que cubrió mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto. // Para esperar me hubiera bastado con un hilo de agua. Pero te lo llevaste todo. El sonido que vibra me fue quitado. // No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrible pantano de sangre». De José Emilio Pacheco: «Al lugar que fue nuestro llega el invierno / y cruzan por el aire las bandadas que emigran. / Después renacerá la primavera, / revivirán las flores que sembraste. / Pero en cambio nosotros / ya nunca más veremos / la casa entre la niebla». […] Tomé estos versos porque mi vida está en ellos, mis dolores, mis preocupaciones, la idea del “yo” y la idea del “otro”, “los otros”. Pudiera, con estos versos, trazar la línea de mi tiempo, como persona y como escritora. Lo que fui, lo que soy, y a donde dirijo mis pasos. Esta fue la idea cuando, por invitación de la Secretaría de Cultura de Coahuila, hice la selección de poemas para mi libro Cumplimiento de la voluntad. 

—ECP: ¿Cómo es un día de creación literaria para Nadia?

—NC: Hace muchos años dejé de tener días exclusivos de escritura. Antes, en la casa paterna, tenía un escritorio, con todo lo necesario, cuadernos y una máquina Olivetti. De esa máquina salieron mis primeros libros: Retratos de mujeres, Mar de cañaverales y parte de Lo que queda de mí. Escribía y leía mucho, a puerta abierta, porque hasta el día de hoy me dan pavor las habitaciones cerradas. Luego, con mis estudios y trabajo, mudé mi escritorio a cualquier parte. Comencé a escribir en las cafeterías, en los salones de clase, en la redacción del periódico (trabajo y escribo para diversos medios desde 2001). Actualmente ocurre lo mismo. No tengo un lugar específico y, aunque tengo una habitación-biblioteca para ello, escribo en el comedor, junto a la cocina (cocino y escribo), en la cama, en el sillón, en mi trabajo mientras mis alumnos (llevo más de doce años impartiendo clases) realizan alguna actividad. Voy robando palabras al tiempo y a los compromisos. No sé si podría escribir como antes lo hacía. Vivir así, en el filo de lo que puede o no ser escrito, evidenciado, me mantiene alerta. Es como estar a punto de escritura en todo momento. 

—ECP: ¿Cuándo sabes que un texto está listo para ser leído? ¿Cómo has madurado como escritora/crítica literaria/poeta?

—NC: No sé cuándo un poema está listo, como tampoco si un cuento, si una columna, si una reseña o un ensayo. Nunca lo sabré, creo. Para mí un texto está terminado cuando su fecha de publicación está cerca, o cuando veo la posibilidad de armar un libro. Sí, escribo mucho, una parte para publicar y otra que guardo “celosamente” en la carpeta de lo inédito. Escribo y luego me alejo. Escribo movida por los sentimientos, las emociones, la felicidad, la ira, etc. Esto hace, de una u otra forma, que mis textos sean viscerales. La distancia sobre ellos, cuando esa emoción incluso ha desaparecido, me permite volver a ellos, de manera más crítica y, como si se tratara del texto de alguien más (ese alguien totalmente desconocido y horripilante), no tengo compasión. Es una manera de decirlo, pongo la aclaración entre paréntesis, porque cuando tallereo textos de otras personas, más que tachar, eliminar, borrar, destruir, quemar, mi objetivo es incentivar la lectura y la escritura. Nunca parar de leer y escribir. Son grandes motores, luego llegará la mirada crítica, el cuchillo crítico.

—ECP: ¿Qué tanto hay de México en Nadia, en lo que escribes?

—NC: Desde siempre, los paisajes de mi patria. “Nací” en una región muy hermosa, Quesería, Colima. Un pueblo al norte de ese estado. Por un lado el mar y por el otro los cañaverales. Estos son los paisajes de mis primeras publicaciones y el nombre de mi segundo libro: Mar de cañaverales. Crecí entre árboles, ríos, piedras volcánicas. Cuando tuve conciencia de mis dolores, o cuando éstos me llegaron a la garganta, fue cuando el paisaje se puso gris. Los dolores, los llamo también tormentas, colmaron mis textos. Dejé de mirar el paisaje para convertirme en tema principal de lo escrito. Dije que la escritura salva y lo repito porque sigo aquí y dentro y a mi alrededor hay una mañana fresca, un jardín repleto de árboles y gatos. Una madre que nunca estuvo, un padre que tampoco se hizo presente, tienen que ver mucho con esta mirada hacia adentro. Y, por supuesto, los estragos del abandono, porque hay quien sólo abandona, es decir, da media vuelta y se va, como también aquellos que dejan una vez que han dañado, abusado, amarrado, secado de hambre y sed. Correspondo a esta segunda versión del abandono. Digo la palabra “nací” entre comillas porque tuve una segunda oportunidad en esta región de Colima. Viví ahí con mis padres adoptivos y ahora ellos viven conmigo en Torreón, Coahuila, a escasos diez minutos de distancia. Cuando el cielo se derrumbe cierra esta temática. Aborda también otra, la de la farsa, porque cuando me casé por primera vez creí en el hombre que pasaría el resto de mi vida conmigo; creía en el matrimonio y en los hijos por venir (más adelante me daría cuenta que no podía tenerlos). Uno se da cuenta de que todo es mentira, que el error más grande del mundo es amar a una persona que no corresponde, que no se entrega, que no vive, que hace de los días más soleados el invierno. El libro cierra esta temática y abre mi mirada hacia otros paisajes. Cuando comencé a escribir Presencias, había ya una persona a mi lado (mi segundo esposo y con quien vivo actualmente y quiero seguir haciéndolo), está el paisaje desértico del norte del país, las texturas, los colores, la playa y los cañaverales imaginarios. Esto intenté escribir en un librito que titulé CaleidoscopioVisiones de la patria muerta abordará de lleno los problemas de México, la corrupción, los crímenes, las ausencias, la apatía nuestra y la de nuestros gobernantes. Mi México fracturado, partido, como la fe, la esperanza, los sueños de muchos de los nuestros, los que viven aquí o han emigrado a otras patrias (¿se podrán llamar patrias?) en busca de mejor suerte. 

—ECP: ¿Cuál piensas que es tu papel como mujer y poeta/escritora? ¿Crees que hay alguna responsabilidad?

—NC: Existe, por supuesto, una responsabilidad en toda escritura. La primera es nombrar lo que está delante de nuestros ojos y lo que ahora está delante no es nada grato. Nombrar para hacerlo evidente, hacerlo incluso, incómodo, porque hay muchos (políticos y poderosos, principalmente) que prefieren borrar antes que nombrar. La escritura no funciona así. La escritura vuelve palpable aquello que ha sido roto, distorsionado, alterado. La escritura, en este sentido, es muy poderosa. Por ello se atenta contra quienes escriben. Ejemplos: Veracruz, Ciudad Juárez, Ciudad de México, Coahuila, etc. La escritura es lo mismo que conciencia. Un camino difícil como el de la mujer en la historia de nuestras sociedades. Tenemos un lugar, pero hay mucho camino por recorrer.

—ECP: ¿Podrías comentar un poco sobre tu vida como profesora?

—NC: Llegué a esta vida por mera casualidad. No estudié para ser maestra, no soy egresada de la normal, que en México es un requisito para quienes imparten clase en escuelas públicas. Siempre he trabajado en escuelas privadas, pero no alejada de la situación que vive la educación en México. Estamos muy lejos de un proyecto educativo claro y sólido, antes bien, amañado, colmado de intereses, juegos políticos, apariencias. En México la educación es de apariencias. Comencé a dar clases en preparatoria, luego en Universidad. Cuando me ofrecieron dar clases en secundaria, me negué. Más adelante, no tuve otra opción que aceptar la propuesta. Comienza mi día con secundaria y preparatoria y termina con alumnos de sexto y octavo de carrera, en la universidad. El trabajo con secundaria y preparatoria es muy enriquecedor. Los de secundaria, sobre todo los alumnos de primer grado, no tienen miedo a escribir lo que piensan, escriben tal cual se les viene la idea a la mente. Los de prepa son más miedosos y a unos no les queda más remedio que escribir, pero de una u otra forma, crean un hábito, pierden el miedo a la pantalla y al teclado porque no es lo mismo un texto creativo (que se refiera a ellos mismos, muchas veces) que una conversación por face, por ejemplo. Son dos escenarios que me gustan para mostrarles la escritura y fomentar la lectura. Creo que mis alumnos escriben bastante, sólo espero que en un futuro próximo sea la escritura una forma de vida, algo inherente a sus proyectos personales y profesionales.

—ECP: ¿En qué proyectos estás trabajando ahora?

—NC: Destino mucho tiempo a mi blog Bitácora de vuelos. Primero, porque cuando comencé el proyecto de la revista no sabía nada de lenguajes, códigos, hojas de estilo. Fue un aprendizaje para mí. Con el tiempo, he aprendido a optimizar mis tiempos en cuanto a la revista y las plaquetas virtuales que editamos. Hay muchas colaboraciones en casi todos sus proyectos y eso me da mucho gusto; que confíen en tu trabajo es un logro que no tiene nombre. Por supuesto, me apoyan muchas personas en cada proyecto. En cada una de las cosas que se me ocurren hay siempre una mente que me ayuda a darle forma. Estoy trabajando en varios libros que tengo pendientes: poesía y prosa. No digo sus nombres porque no estoy segura de que se llamarán así. Hay varias publicaciones en puerta para este año y otras más que quiero enviar a las editoriales. Hay encuentros, festivales, amigos que veré próximamente.

—ECP: ¿Qué consejos tiene Nadia para otros escritores/poetas/críticos literarios?

—NC: Como dice Luis Cardoza y Aragón: «En la garganta de todos: / ¡Vivir! ¡vivir! ¡vivir!».

Fecha de publicación: 5/29/2016

Leer entrevista en El coloquio de los perros. (El sitio está fuera de línea)

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