
Ayer, jueves 19 de marzo de 2026, dio inicio el taller presencial “Editar también es escribir”, impartido por Ruth Castro en la Galería del IMCE. Se trata de una actividad organizada por el Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón, a través de la Coordinación de Literatura, en el marco del Encuentro Cultural Las mujeres toman Torreón 2026.
Es un taller formativo de tres sesiones, dirigido a mujeres jóvenes y adultas interesadas en la edición, la corrección y los procesos editoriales, con un objetivo muy claro: visibilizar el trabajo editorial femenino y fortalecer habilidades básicas de edición. El taller comenzó ayer y continúa hoy en un horario de 19:00 a 20:30 horas, y mañana de 10:00 a 13:00 horas. Es una actividad gratuita.

Desde el inicio, Ruth puso sobre la mesa una idea: editar no es corregir, es decidir. Y eso cambia todo. Porque entonces el texto deja de ser algo terminado y se convierte en algo que todavía se construye. Como ella lo explicó, escribir es apenas una primera fase; después viene todo un proceso de decisiones, revisiones y transformaciones que convierten ese manuscrito en un libro que puede circular.
Explicó la diferencia entre escribir y editar. Por un lado, la escritura es ese espacio donde una se permite avanzar desde la intuición, incluso desde el desorden; por otro, la edición exige tomar distancia, ordenar, mirar con otros ojos. Por eso insistió en algo muy puntual: no hacer ambas cosas al mismo tiempo. Primero escribir, luego editar. Separar esos momentos no sólo hace más claro el proceso, también lo vuelve más honesto.
Habló del papel del editor, no como alguien que impone, sino como quien acompaña. Alguien que organiza, sugiere, detecta fallas de claridad o de estructura, y que incluso puede cuestionar ciertas decisiones, pero siempre respetando la voz del texto. En ese sentido, lo describió como alguien capaz de ver el proyecto completo, no sólo fragmentos sueltos.
A lo largo de la sesión compartió experiencias muy concretas que dejaron ver lo delicado del oficio. Por ejemplo, cuando una corrección se vuelve excesiva y termina borrando el estilo del autor, o cuando no se respetan los tiempos editoriales y todo el proceso empieza a tambalearse. Ahí fue muy clara: si no hay acuerdos desde el inicio —formato, diseño, objetivos—, lo más probable es que el trabajo se complique después.
Otro tema importante fue el diseño editorial. A veces se piensa que es algo secundario, pero no. La tipografía, el tamaño de la letra, la forma en que está distribuido el texto… todo eso influye en la lectura. Un libro puede tener un gran contenido, pero si no está bien diseñado, simplemente no se lee.
También se detuvo en algo que me pareció clave: editar es interpretar. Es preguntarse qué quiere hacer el texto, qué busca provocar, y trabajar a partir de eso. No se trata de imponer una idea, sino de ayudar a que el texto llegue a donde quiere llegar.
Ya casi al final, nos dejó una consigna: leer como editoras. Es decir, leer no desde el gusto, sino desde la atención. Preguntarse qué funciona, qué no se entiende, qué podría mejorar. Leer como un ejercicio mucho más activo.
Este primer acercamiento deja claro que editar no es un paso posterior ni secundario, sino una parte esencial del proceso creativo: un espacio donde el texto se reorganiza, se cuestiona y, finalmente, encuentra su forma. En las siguientes sesiones —que continúan hoy y mañana— se abordarán los temas que completan este recorrido, con la intención de entender el proceso editorial en su conjunto y afinar la mirada con la que trabajamos los textos.
RUTH CASTRO. Escritora, editora y gestora cultural especializada en literatura y promoción de la lectura. Es licenciada en Lengua y Letras Hispánicas por la Universidad Veracruzana. A lo largo de su trayectoria ha colaborado en revistas y diarios; actualmente es columnista quincenal en El Siglo de Torreón. Ha impartido talleres y cursos de literatura, escritura creativa y edición en diplomados, universidades y diversos centros culturales, consolidando una labor formativa constante en el ámbito literario. En el campo de la gestión cultural, ha sido directora de la librería Isauro Martínez, filial del Fondo de Cultura Económica (2009–2012), así como coordinadora editorial y de literatura a nivel municipal y estatal en distintas administraciones. Desde 2017 se desempeña como bibliotecóloga en el Museo Arocena. En 2014 fundó El Astillero Libros, proyecto editorial independiente que continúa activo hasta la fecha. Ha sido beneficiaria de diversos programas de estímulo cultural, entre ellos PACMYC Coahuila (2008 y 2023), el programa Iberex en Madrid (2021) y el PECDA en literatura, categoría trayectoria (2025). Es autora de El Sotol. Una historia de árido mestizaje (2023) y Pensar a caballo, pensar sobre la almohada (2024). En 2024 recibió el Premio de Periodismo Cultural “Armando Fuentes Aguirre” en la categoría de reportaje.

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