
La charla se realizó en la Sala Francisco José Amparán, en el Centro de Convenciones, y reunió a Alfredo Loera, Armando Rivera, Sandra Ríos Agüero, Ena Galíndez, Alicia Díaz y Karen Domínguez, bajo mi moderación.

Desde el inicio expliqué que la idea de la mesa era reunir distintas formas de acercarse a la literatura. No solamente desde quienes escriben libros, sino también desde las personas que promueven la lectura, sostienen espacios culturales o trabajan todos los días para acercar los libros a más personas. Entre bromas y anécdotas, comenté también que todas y todos los participantes son personas importantes para mí y que admiro profundamente el trabajo cultural que realizan en Torreón.
La primera ronda de la conversación estuvo enfocada en el origen de la relación de cada participante con la lectura. Yo la describí como “el chismecito” de cómo comenzaron a acercarse a los libros.
Alfredo Loera recordó que creció siendo hijo único y que durante muchas tardes de infancia la lectura apareció como una manera de combatir la soledad y el aburrimiento. Comentó que en aquellos años no existía la cantidad de entretenimiento inmediato que hay actualmente y que los libros terminaron convirtiéndose en una forma de salir de sí mismo y vivir otras experiencias. Uno de los primeros títulos que lo marcaron fue Los tres mosqueteros, obra que le hizo descubrir la aventura, el azar y la posibilidad de imaginar otros mundos.

Durante su participación explicó que algo que siempre le llamó la atención de esa novela era que los personajes no ganaban solamente por ser más fuertes o más inteligentes, sino muchas veces por simple fortuna. Esa idea, dijo, le hizo entender desde joven que la vida también funciona así. Más adelante mencionó que otro libro importante para él fue El extranjero, porque encontró en Albert Camus la figura de un escritor más cercano a la experiencia común y no necesariamente ligado a las élites intelectuales.
Armando Rivera habló sobre cómo la literatura y el periodismo terminaron cruzándose en su vida. Afirmó que en ciudades como Torreón muchas personas interesadas en el arte o la escritura terminan estudiando carreras cercanas, como comunicación, porque no siempre existen suficientes espacios especializados para disciplinas artísticas. Señaló que la lectura resulta fundamental para desarrollar una escritura más profunda dentro del periodismo, especialmente en tiempos donde gran parte de la información se consume de manera rápida y superficial.
También reflexionó sobre la importancia de leer distintos géneros y no encerrarse solamente en un tipo de literatura. Señaló que los lectores más apasionados suelen ser aquellos que se mantienen abiertos a novelas, poesía, ensayo, divulgación y periodismo por igual.
Sandra Ríos Agüero centró buena parte de su intervención en la conexión emocional que se produce entre una persona y un libro. Explicó que una lectura logra atrapar cuando el lector encuentra algo propio dentro de la historia: emociones, heridas, sueños o experiencias personales.
“Ese libro habla de mí”, mencionó al explicar lo que muchas personas sienten cuando conectan verdaderamente con una obra.
Compartió además experiencias de los clubes de lectura que realiza en centros de rehabilitación. Contó que muchas personas llegan diciendo que no les gusta leer, cuando en realidad nunca habían encontrado un libro que dialogara con su propia historia.
Recordó el caso de un joven que decía odiar El principito porque lo habían obligado a leerlo en la escuela. Tiempo después, cuando volvió a acercarse al libro sin presión, descubrió que en realidad sí le gustaba.
Sandra insistió en que la lectura no debe imponerse. Para ella, leer tiene mucho más que ver con la libertad, el descubrimiento y el encuentro personal que con la obligación escolar.
Ena Galíndez habló desde su experiencia al frente de la "Librería Aurora" y también desde los años que trabajó como bibliotecaria y promotora de lectura infantil. Explicó que, contrario a lo que muchas personas creen, los niños siguen teniendo mucho interés por los libros. Señaló que los dinosaurios continúan siendo “los reyes” de las ferias del libro infantiles, junto con temas como princesas, naturaleza, espacio, experimentos y cuerpo humano.
Aseguró que el problema no es la falta de interés de los niños, sino la poca cercanía que tienen con los libros. “Si no se los presentas, ¿cómo van a aprender?”, señaló durante la charla. También habló sobre la importancia de que madres y padres acompañen el proceso lector y no solamente compren libros por obligación.
En uno de los momentos más simpáticos de la mesa, le pregunté qué tanto influyen los gustos de los padres en las lecturas infantiles. Ena respondió entre risas que a veces “pobres criaturas”, porque algunos adultos terminan escogiendo libros que al niño ni siquiera le llaman la atención.
Karen Domínguez abordó el tema desde la psicología y las emociones. Explicó que la lectura crea vínculos afectivos desde edades muy tempranas, especialmente cuando los libros se relacionan con momentos compartidos entre padres e hijos. Habló de cómo los cuentos, las imágenes y las historias ayudan a desarrollar la imaginación y permiten que las personas se conozcan mejor emocionalmente.
Para Karen, leer es una experiencia que no puede reemplazarse fácilmente porque involucra emociones, recuerdos y procesos internos muy personales. Añadió que los libros permiten viajar, imaginar y salir de la rutina, incluso cuando las circunstancias económicas o sociales parecen limitarnos. En la parte final de la mesa compartió una de las reflexiones más emotivas de la tarde al decir que los libros funcionan como una especie de pasaporte emocional: “Dentro de los libros tenemos viaje, felicidad, experiencias, tiempo, todo abierto para descubrir”.
Alicia Díaz recordó cómo descubrió la lectura durante la infancia al visitar una biblioteca pública. Contó que para ella fue casi mágico descubrir que podía llevarse libros a casa solamente con una credencial de préstamo. Aquella experiencia terminó convirtiéndose, con los años, en el deseo de abrir un espacio propio relacionado con la cultura y la lectura. Así nació "La Cafetita", proyecto que describió como mucho más que una cafetería. Explicó que la intención del lugar es generar convivencia alrededor de los libros, el arte y las actividades culturales, especialmente para niñas, niños y familias. Reconoció que sostener un espacio cultural independiente no es sencillo, sobre todo por las dificultades económicas actuales, pero aseguró que el proyecto sigue adelante gracias al cariño de la comunidad.
Durante la segunda parte del diálogo, la conversación se enfocó en leer y escribir en tiempos de inmediatez digital. Armando Rivera habló sobre el impacto de las redes sociales y la inteligencia artificial en los medios de comunicación. Comentó que actualmente cualquier persona puede generar información falsa o poco verificada en internet y que eso representa un reto importante para el periodismo.
Reflexionó también sobre la permanencia del libro físico y señaló que, pese a que desde hace años se anuncia su desaparición, los lectores siguen buscando espacios como las ferias del libro. Consideró que precisamente el trabajo detrás de una publicación impresa puede ofrecer cierta confianza frente a la rapidez y desinformación de las redes sociales.
Por su parte, Alfredo Loera se refirió al papel de la literatura dentro de una sociedad cada vez más acelerada. Aseguró que la escritura sigue siendo necesaria porque obliga a detenerse, pensar y mirar la realidad desde otro lugar. Incluso señaló que la literatura continúa siendo uno de los pocos espacios donde todavía existe cierta libertad frente a la lógica de la productividad y el consumo constante.
En otro momento interesante de la conversación, Sandra Ríos Agüero apuntó sobre las personas que aseguran no disfrutar la lectura. Explicó que muchas veces eso ocurre porque alguien fue obligado a leer textos con los que nunca logró conectar emocionalmente. Compartió que el secreto está en encontrar libros relacionados con los propios intereses y experiencias de vida.
Al finalizar, Karen Domínguez y Alicia Díaz dejaron dos ideas que resumieron el espíritu de toda la conversación. Karen habló sobre la lectura como una experiencia emocional imposible de reemplazar, mientras Alicia invitó a compartir los libros y contagiar a otras personas el gusto por leer.
La mesa “Leer desde Torreón” dejó ver que la literatura en La Laguna sigue muy presente gracias a las personas que escriben, leen, recomiendan libros y crean espacios para compartir la cultura. En medio de tiempos tan rápidos, la charla recordó algo importante: los libros siguen siendo una forma de entendernos, acompañarnos y encontrar un momento de calma entre tantas cosas que pasan todos los días.
Aquí pueden ver la trasmisión:
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