
El pasado 06 de marzo de 2026, participé en una donación de libros que, a simple vista, podría parecer un gesto sencillo. Sin embargo, mientras compartíamos ese momento, pensé que en realidad se trataba de algo mucho más trascendente.
La donación del acervo se realizó al Instituto Municipal de la Mujer y, para quienes integramos el Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón y la Coordinación de Literatura, siempre es un gusto coincidir con instituciones que trabajan todos los días por abrir caminos para las mujeres.
A nombre del arquitecto Antonio Méndez Vigatá, director del IMCE, y también a título personal, fue un placer saludar con afecto a la maestra Amira Darwich García, directora del Instituto Municipal de la Mujer, así como a todo su equipo de trabajo. Por parte del IMCE, también me acompañó la maestra Lariza Altamirano, responsable del departamento jurídico.
Los libros nunca son simples.
Donar libros no significa únicamente entregar objetos que ocuparán un lugar en un estante. Significa compartir pensamiento, imaginación, preguntas, memoria. Cada libro guarda dentro de sí una conversación con el mundo y, cuando cambia de manos, esa conversación continúa. Y ahí ocurre algo cercano a la magia.
En ese sentido, una donación de libros es también un gesto de confianza: confianza en que la lectura puede abrir horizontes, acompañar procesos personales y ofrecer nuevas formas de mirar la realidad.
A lo largo de la historia, la escritura ha sido una herramienta para comprender el mundo, pero también para comprendernos a nosotros mismos. En el caso de las mujeres, la relación con la palabra escrita ha sido, además, una forma de abrir camino, de nombrar la propia experiencia y de ocupar un lugar dentro de la memoria colectiva.
Por eso resulta especialmente valioso que estos libros —provenientes de diversas editoriales y también de la colección “Viento y Arena”— encuentren un espacio en el Instituto Municipal de la Mujer, una institución que se distingue por la atención, el acompañamiento y el trabajo constante que realiza en favor de las mujeres de nuestra comunidad.
Que estos libros estén aquí no es un gesto menor: significa que la lectura y el conocimiento también pueden formar parte de los procesos de reflexión, aprendizaje y crecimiento personal que muchas mujeres viven en este lugar.
Durante siglos, muchas voces femeninas tuvieron que escribir desde los márgenes, desde silencios impuestos por la sociedad, por la familia o por la propia historia. Sin embargo, la literatura se convirtió en un espacio donde esas voces pudieron nombrarse, existir y transformar su experiencia en palabra.
Y este es también un lugar donde muchas historias comienzan a reorganizarse.
En ese proceso —aunque a veces no lo pensamos de inmediato— la lectura puede convertirse en una aliada silenciosa. Un libro puede abrir preguntas, despertar conciencia, ofrecer consuelo o simplemente recordarnos algo muy importante: que no estamos solas en lo que vivimos. La literatura tiene esa capacidad extraordinaria de conectar historias individuales con la gran historia humana.
Con ese mismo espíritu hemos impulsado, en los últimos años, un proyecto editorial que nos llena de orgullo: la colección “Viento y Arena”, que hasta ahora reúne 27 títulos de autoras y autores.
Esta colección ha creado un espacio para dar voz a escritoras y escritores de la Comarca Lagunera y de otras regiones del país, al mismo tiempo que permite un diálogo con autores que forman parte de la tradición literaria.
De alguna manera, “Viento y Arena” se ha convertido en un pequeño mapa de nuestra voz regional: un lugar donde se resguardan historias, reflexiones y, por supuesto, poesía.
Porque cuando una comunidad decide apoyar a sus escritores, en realidad está afirmando algo muy importante: que cree en la palabra, en la memoria y en la imaginación como parte de lo que somos.
Por eso nos da mucho gusto que algunos de estos libros encuentren aquí un nuevo hogar.
Ojalá encuentren lectoras.
Ojalá circulen.
Ojalá despierten curiosidad y conversaciones.
Y ojalá, de alguna manera, acompañen los caminos que cada mujer decide construir para su propia vida.
Que la lectura siga siendo siempre ese espacio de libertad, de pensamiento y de encuentro.
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