
A veces una conversación literaria no empieza cuando alguien toma la palabra, sino mucho antes: en las trayectorias, en los desplazamientos, en las historias de cada autora. Con esa idea comenzó “Voces que cruzan fronteras”, una charla virtual realizada dentro del encuentro cultural "Las mujeres toman Torreón 2026", organizado por el Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón y la Coordinación de Literatura.
Las autoras invitadas fueron Kory Hernández, María del Carmen García Gerardo y Milena Muñoz. Marisol Vera Guerra también estaba contemplada dentro del diálogo, aunque finalmente no pudo integrarse a la transmisión. Desde el inicio, como moderadora, propuse que la conversación girara alrededor de una pregunta sencilla pero profunda: desde dónde se escribe cuando la vida nos obliga a movernos, a cruzar territorios o a reinventarnos. A lo largo de la charla, además, las autoras compartieron la lectura de algunos textos de su propia obra.
La primera en compartir su experiencia fue Kory Hernández, poeta nacida en Guadalajara pero profundamente vinculada con Veracruz, especialmente con Xalapa. Su formación en danza atraviesa su manera de pensar la escritura. Mientras hablaba se notaba que para ella el lenguaje también es una forma de movimiento. Contaba que dentro de la facultad de danza el cuerpo siempre está transformándose, que no existen movimientos idénticos, y que esa misma libertad es la que busca trasladar a la poesía: un lenguaje que pueda moverse, cambiar de forma, encontrar otros esquemas.
No es casual que en su libro Reunión de los aislados aparezca esa idea de desplazamiento. Al final, lo dijo de una forma muy sencilla: ella se reconoce como alguien que se mueve, que escribe y que comparte.
Después tomó la palabra María del Carmen García Gerardo, quien durante casi treinta años se dedicó a la docencia. Su relación con la poesía comenzó en talleres literarios y con el tiempo se convirtió en un proyecto de vida. Actualmente tiene tres libros publicados y dos poemarios inéditos, Colapso y La mujer que abraza el mar.
Cuando habló de su proceso creativo dijo algo muy claro: cada poemario pertenece a una etapa de la vida de quien lo escribe. Sus primeros libros estaban marcados por una poesía erótica que muchos lectores reconocen inmediatamente, pero la vida —como suele suceder— introdujo una ruptura.
Un ictus cambió su perspectiva.
La medicina describe un ictus como una interrupción del flujo sanguíneo en el cerebro, pero desde la experiencia personal ese tipo de acontecimientos funcionan también como una fractura simbólica. Ella misma contaba que después de ese episodio regresó completamente al “yo”, a la necesidad de reconocerse otra vez, de recuperar el amor propio y preguntarse quién era realmente. Esa búsqueda comenzó a reflejarse en su escritura.
Hay, además, un elemento constante en su obra: el mar. Siempre ha escrito desde el puerto de Veracruz, desde ese horizonte que aparece una y otra vez en su imaginario. Decía que el mar la jala, que está ahí como una fuerza inevitable.
Milena Muñoz, vive desde hace años en la Comarca Lagunera aunque también nació en Xalapa. Su intervención trajo otra energía a la conversación. Ella no dudó en definir su escritura de manera directa: su poesía es una poesía de rabia, de protesta, de denuncia. Su libro publicado, Poesía doméstica, se mueve justamente en ese territorio donde la experiencia cotidiana se vuelve una forma de resistencia.
Mientras hablábamos sobre los territorios desde donde nace la escritura, explicó que para escribir protesta o denuncia es necesario hacerlo desde la memoria. No se trata solamente de un gesto político inmediato, sino de una construcción que recoge la historia personal y familiar. Por eso actualmente trabaja en un poemario dedicado a la relación con su madre, donde aparecen también las abuelas y las hijas.
Uno de los momentos más interesantes del diálogo llegó cuando abordamos la idea de pertenencia. En la experiencia de Kory, la pertenencia cambia constantemente. Cada ciudad le ha dado momentos distintos de arraigo. Ha vivido en Guadalajara, Ciudad de México, Xalapa y ahora en una pequeña comunidad llamada Trapiche del Rosario. Con cierta alegría decía que ahora se reconoce como “trapicheña”. Esa forma de nombrarse resume muy bien la manera en que entiende la identidad: algo que se construye a partir del movimiento. De hecho, describió su proceso creativo como si caminara por el mundo recolectando mariposas, recogiendo frases, diálogos y palabras que después se convierten en poemas.
El caso de María del Carmen es diferente. Para ella la pertenencia está profundamente ligada al lugar donde creció. Su infancia transcurrió en el centro histórico del puerto de Veracruz, entre el zócalo, las calles y el carnaval. Ese paisaje no sólo forma parte de su memoria personal sino también de su escritura. Decía que necesita ese espacio, que caminar por ahí ha nutrido su poesía. Incluso confesó que después de tres años sin recorrer esas calles le emocionaba volver.
La geografía cultural explica bien este fenómeno: los lugares donde crecemos se convierten en mapas emocionales. Las calles, los sonidos, los olores quedan inscritos en la memoria y terminan formando parte de nuestra identidad.
Ahora que trato de llegar a una conclusión sobre esta charla, entiendo que no existe una sola forma de escribir ni un único territorio desde el cual hacerlo. Cada autora llega a la literatura desde su propio límite y la literatura es justamente ese lugar donde distintas fronteras pueden encontrarse.
Fronteras geográficas, corporales, emocionales.
En la parte final de la conversación apareció también una pregunta del público que me pareció interesante. Comenté que Ramón Gutiérrez había enviado una pregunta que llamaba la atención porque venía desde una mirada masculina, pero que, a mi juicio, era acertada.
Les dije a las autoras:
Ramón Gutiérrez pregunta:
“Si sus textos pudieran viajar sin ustedes a cualquier lugar, ¿qué verdad o ideas o conocimientos sobre las mujeres quisieran que llevaran consigo?”
Y añadió: “No sé si hice bien la pregunta.”
Comenté que sí, que era una muy buena pregunta.
Kory se centró en la manera en que los textos viajan más allá de la intención de quien escribe. Muchas veces, al escribir, no existe una intención específica de dejar un mensaje determinado. Lo que se busca, en principio, es encontrar lectores. Una vez que un lector o lectora toma el libro, son ellos quienes interpretan y extraen aquello que necesitan de la lectura.
Sin embargo, a partir de comentarios de personas que han leído esos textos en lugares donde incluso no conocen personalmente a la autora, se repiten algunas impresiones interesantes.
Dos de ellas aparecen con frecuencia.
Por un lado, hay quienes comentan que la lectura les transmite una sensación de paz. Y eso resulta curioso, porque los textos no necesariamente hablan de paz de manera directa. Sin embargo, algunos lectores dicen que al leer sienten precisamente eso: una cierta calma.
Por otro lado, hay un comentario que también se repite y que resulta particularmente significativo: la lectura despierta el deseo de hablar con otras personas. Algunos lectores dicen que, después de leer, sienten ganas de conversar con la gente, de abrir diálogos.
Muchos de esos textos están basados precisamente en escuchar conversaciones. Por eso uno de los efectos más interesantes que han tenido es provocar el deseo de comunicarse más, de establecer diálogos incluso con personas desconocidas. En otras palabras, la literatura como una forma de tender puentes.
Después de esa reflexión abrí nuevamente la conversación para que otras autoras respondieran.
Entonces tomó la palabra Mary Carmen, quien comentó que le gustaría que, si su poesía se leyera en otros lugares, pudiera transmitir a las mujeres el mismo mensaje que intenta dejar a sus hijas: la importancia del amor propio.
Para ella es fundamental que las mujeres se cuiden y no se pierdan a sí mismas. Habló de la maternidad y de cómo, muchas veces, una mujer puede diluirse dentro de ese papel si no logra mantenerse centrada en su identidad. Por eso considera necesario aprender a encontrarse y a amarse incluso por encima de la pareja.
También reflexionó sobre cómo durante mucho tiempo no se reconocían con claridad las relaciones tóxicas. Ella misma, dijo, no siempre pudo identificarlas en su momento. Al releer algunos de sus poemas de juventud se sorprende de las formas de amor que entonces expresaba, muchas veces desde la dependencia. Por eso ahora cuida el mensaje que transmite en su escritura.
Cuando pregunté si alguien más quería agregar algo, Milena compartió una reflexión breve: sus textos buscan empoderar a las mujeres y darles fuerza para seguir luchando.
Con esa última reflexión nos acercamos al cierre de la charla.
Agradecí a Kory, a María del Carmen y a Milena, y enviamos también un saludo a Marisol. También agradecí a quienes nos acompañaban escuchando. Comenté que la tecnología hoy también difumina fronteras: durante la transmisión nos estuvieron viendo desde distintas partes de la República y seguramente estas palabras continuarán viajando hacia otros lugares.
Las palabras se mueven.
Cruzan territorios.
Y cuando esas voces se escuchan entre sí, algo parecido a una comunidad aparece, aunque sea por un momento, en medio de la pantalla. En el enlace pueden ver el video de la transmisión completa, así como los dos momentos en que las autoras comparten la lectura de su obra.
Pueden ver la transmisión completa AQUÍ

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