Los sueños se convierten en realidad


Decía Anaïs Nin que los sueños son necesarios para la vida y, por supuesto, estoy de acuerdo. Siempre he considerado a los sueños como una puerta más hacia otra existencia, incluso, como una posibilidad de escapar cuando las situaciones se complican en ésta. O de encontrarme con algún objeto misterioso que me permita ver todas las cosas y lugares a la vez. Hablo de “El Aleph” de Borges, una circunferencia o un microcosmos, de apenas unos centímetros de diámetro que desafía las barreras entre lo real y lo imaginario. A veces, allá, encuentro la tranquilidad que necesito y, otras, huyo con demasiada prisa. Sin embargo, sé que soy una aquí, en este justo momento en que escribo estas líneas, y otra, en aquel espacio, que tiene quizá una edad muy distinta a la que tengo ahora, que goza o sufre de un mundo muy diferente al que distingo cuando abro los ojos. Dormir, en efecto, me representa la alternativa de vivir otra vida y esto, de una u otra manera, acrecienta lo que puedo llevar a la escritura.

En el sueño estoy dentro de un vehículo que responde a sus caprichos. O a los caprichos de alguien. Si intento avanzar, es imposible. Una fuerza colosal lo jala hacia la izquierda o derecha. Escucho el chirriar de las llantas y percibo el olor a rueda quemada. Por las ventanas veo cómo me acerco peligrosamente a la gente que camina por las aceras, a las casas o los puestos improvisados de comida. O voy de reversa, sin control. La primera noche desperté horrorizada. Conforme pasaron los días, me acostumbré a la historia: el auto se detiene a unos centímetros de que ocurran los atropellamientos. Nadie se percata de la situación, aunque estoy envuelta en llanto, muevo las manos en todas direcciones o, con ellas, me cubro el rostro. Allá afuera, la gente sigue su marcha, su rutina. Mi corazón pulsa muy fuerte. Salgo del auto tiempo después y la gente está en su propio gozo; ese gozo también me inunda y siento oportuno caminar las calles, detenerme en los aparadores o mirar la caída del sol sobre aquella visión infinita, bulliciosa.

El sueño se repitió varias noches. Pero finalmente terminó. Lo último que soñé ya nada tuvo que ver con aquellas escenas aterradoras. Había pedido un café y, con el marido, decidía qué mesa ocupar. Nada raro en el acto. Es esta la costumbre de fin de semana: refugiarnos en un lugar como ese, mientras las tazas de café, van y vienen. Un sueño agradable.

Mi tía Olivia sugería que cuando tuviera sueños raros consultara el oráculo. La pregunta era simple: ¿Qué significa mi sueño? Las respuestas eran pura charlatanería, sin embargo, a veces funcionaba o lo crecíamos así cuando el augurio se orientaba a que “recibiría una buena noticia” o “una herencia” o “se realizaría un viaje a tierras desconocidas”. Era lo que queríamos oír y había algo de esperanza en sus respuestas. Creo, sin embargo, que los sueños, como el mismo funcionamiento del cerebro y la memoria, son terrenos aún desconocidos. No creo que estemos enterados cabalmente de cómo los sueños y la realidad se entretejen. Es un acercamiento, una aproximación. O una fisura. ¿Cómo abarcarla? ¿Cómo contener el todo?

Recuerdo que en la escuela nos hablaban mucho de las teorías que giraban en torno a los sueños. Nos hablaron de Sigmund Freud, que afirmaba que los deseos y conflictos inconscientes se manifestaban en los sueños. Creía que los sueños brindaban una salida para los impulsos reprimidos. Nos hablaron también de la teoría del inconsciente colectivo de Carl Jung. Para esta teoría los sueños están llenos de símbolos universales y arquetípicos que representan las experiencias humanas como un todo. Otra que recuerdo es la que se refiere a la psicología cognitiva; sostiene que el sueño REM (movimiento ocular rápido), cuando ocurren los sueños, es causado por la actividad cerebral. Cuando en los sueños se combinan recuerdos, emociones y vivencias, se piensa que la información se procesa y consolida de esta forma. Como dije, meros acercamientos, aproximaciones. Y ¿qué es la literatura sino la posibilidad de desentrañar el misterio, el enigma?

Ya he hablado de Borges, pero debo añadir Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. En ella, los sueños actúan como visiones proféticas o premoniciones: “Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo”. En Pedro Páramo de Rulfo, el protagonista experimenta una serie de sueños vívidos e inquietantes. Esta serie de sueños se fusionan con la realidad cotidiana. También deberíamos hablar de Rayuela. ¿La búsqueda de La Maga es un sueño?, ¿Existió realmente La Maga? Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, es otra muestra. Hay infinidad de libros que abordan el tema de los sueños. No hace muchos días, leía en la web: “Una investigación aportó datos reveladores para comunicarse con personas en sueño profundo”. La investigación se basó en una muestra de 36 participantes reclutados a través de anuncios y que cumplían con ciertos criterios de selección, como ser tener un buen estado de salud general y no presentar trastornos del sueño diagnosticados.

Según el reporte, a todos los sometieron a sesiones de experimentación durante el sueño REM y utilizaron técnicas de estimulación y señalización motora, para intentar establecer una comunicación en tiempo real con ellos mientras soñaban. Los resultados del estudio arrojaron que algunos participantes pudieron responder a las preguntas formuladas durante el sueño REM mediante movimientos oculares específicos. Esto, dicen, sugiere la posibilidad de una comunicación limitada durante los sueños, pero, al margen de ello, no se logró conversar de forma fluida y completa con la persona dormida. Y qué sucede si los sueños no se acaban. ¿Se convierten en realidad? Tal vez. Lo escribió así el poeta Pedro Salinas: Todos los sueños pueden / ser realidad, si el sueño no se acaba. / La realidad es un sueño. Si soñamos / que la piedra es la piedra, eso es la piedra. / Lo que corre en los ríos no es un agua, / es un soñar, el agua, cristalino.

Artículo originalmente publicado en Medium.
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