Comentarios sobre Poesía mexicana


Siempre que pienso en la poesía, no sólo de México, si no del mundo, me viene a la mente toda esa diversidad que confluye en un punto, a veces, por mera coincidencia, lejos de escuelas, tradiciones, etc. También pienso en aquellos poetas o poemas que responden a circunstancias políticas, como el caso de Díaz Mirón y otros tantos.
          Hay una momento importante para la poesía en México y me refiero al Modernismo. Más allá de ser un periodo de transición, es una ruptura que además de recoger la herencia hispánica, se enfrenta a la solemnidad, a los "gestos patrióticos" como dice Monsiváis y abre la puerta (la influencia de Baudelaire) para que la literatura hispanoamericana se inscriba en la literatura del mundo.
          Sin temor a equivocarme el Modernismo será fundamental para explicar la poesía del siglo XX y la nuestra. Menciono a Plaza, a Manuel Acuña (la gran leyenda que es "Nocturno a Rosario"), Rubén Darío (verdaderamente el gran poeta de este periodo). A partir de este momento, tenemos grandes plumas (Manuel Gutierrez Nájera, Manuel José Othón, Salvador Díaz Mirón, Efrén Rebolledo, Amado Nervo, entre otros), que además de explorar el idioma, indagan en su sonido. El Modernismo es enorme y va más allá de estas pocas líneas que comparto a manera de pinceladas.
          Otro poeta que me parece importante es Francismo González León, poeta del siglo XIX. Leí, mientras cursaba la carrera, su libro Campanas de la tarde (1922). Su obra está reunida en Poemas, libro editado por el Fondo de Cultura Económica. Su poesía se fundamenta en los sentidos (la amada) así como lo hará López Velarde, Carlos Pellicer, Villaurrutia sobre el paisaje transformado. Luego, vendrá la realidad con su punzada oscura.
          La poesía de Alfredo R. Plascencia, más allá de relación con el hecho religioso y la divinidad, es muy sencilla y para la época, será un látigo muy fuerte:

Así te ves mejor, crucificado.
Bien quisieras herir, pero no puedes.
Quien  acertó a ponerte en ese estado
no hizo cosa mejor. Que así te quedes.

Efrén Rebolledo es otro poeta importante en este periodo. Me sorprende la manera en que enfrenta el hecho erótico en el centro de una sociedad acostumbrada a disfrazarlo:

Bajo la oscura red de la pestaña
destella su pupila de deseo
al ver la grupa de esplendor sabeo
y el albo dorso que la nieve empaña.

Embiste el sexo con la enhiesta caña
igual que si campara en un torneo,
y con mano feliz ase el trofeo
de la trenza odorífera y castaña.

La retórica cubre el acto de la penetración pero el momento está deliciosamente plasmado. "El beso de Safo", es otro poema que vale la pena leer. 
          Para cerrar este comentario, mencionaré por último a Ramón López Velarde. En 1935, Xavier Villaurrutia señaló, como dice Guillermo Sheridan en su texto "Pórtico: la poesía de Ramón López Velarde", algunas verdades pertinentes para entrar a su poesía: 

«... la rara calidad de esta obra, el interés que despierta y la irresistible imantación que ejerce en los espíritus que hacen algo más que leerla superficialmente, hacen de ella un caso singular en las letras mexicanas. Si contamos con poetas más vastos y mejor y más vigorosamente dotados, ninguno es más íntimo, más misterioso y secreto que López Velarde. La intimidad de su voz, su claroscuro misterioso y su profundo secreto han retardado la difusión de su obra, ya no digamos más allá de nuestras fronteras, donde no se le admira porque se le desconoce, sino dentro de nuestro país, donde aun las minorías le han concedido rápidamente, antes de comprenderlo, una admiración gratuita y ciega, admiración que es, casi siempre, una forma de la injusticia».
     

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