
La mesa de diálogo ¿Qué busca un editor? se llevó a cabo el viernes 01 de mayo de 2026, como parte de la Feria Internacional del Libro de Coahuila Arteaga 2026, que tiene como sede el Centro Cultural Universitario (CCU) de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC), Campus Arteaga, donde tuve el gusto de participar como moderadora.
En este encuentro conversamos con tres referentes de la edición independiente en México: Cuitláhuac Quiroga, de Tilde Editores; Eduardo Rabasa, socio fundador de Sexto Piso; y Ruth Castro, fundadora de El Astillero Libros. Desde mi papel como moderadora —y también desde mi experiencia como escritora, editora y gestora cultural— propuse una idea para iniciar la charla: “editar es una forma de leer con responsabilidad, pero también con deseo”. A partir de ahí, la conversación tomó un rumbo tan amplio como necesario.
Eduardo Rabasa, cuya trayectoria como editor ha
sido fundamental para consolidar un catálogo influyente en lengua española, y
cuya obra como autor incluye novelas como La
suma de los ceros y Cinta negra,
ofreció una reflexión clara sobre el sentido del catálogo editorial. Retomando
al editor italiano Roberto Calasso, señaló que “la meta máxima de un editor
puede ser ver el catálogo editorial como un gran libro compuesto por todos los
libros”. Con esta idea, explicó que cada publicación forma parte de una
estructura mayor, donde las decisiones editoriales no son aisladas, sino que
responden a una visión de conjunto.
También subrayó algo importante dentro del
proceso de selección: “el hecho de que un editor decida no publicar un libro no
necesariamente es un juicio negativo; simplemente, quizás no encaje dentro de
ese catálogo”. Esto permite entender que el trabajo editorial no consiste en
definir qué es bueno o malo, sino en reconocer qué pertenece a una línea
específica de trabajo. Además, insistió en la necesidad de que el editor se
mantenga cercano a su contexto: “debe estar en sintonía con su tiempo: leer,
ver películas, escuchar música, como un acto profesional”.
Por su parte, Cuitláhuac Quiroga, con una
trayectoria amplia en el ámbito editorial —incluyendo la dirección de múltiples
proyectos y el reconocimiento al Mérito Editorial 2022 otorgado por la
Universidad Autónoma de Nuevo León—, llevó la conversación hacia una reflexión
más vinculada al contexto social y territorial. Para él, la edición implica una
lectura del presente, una forma de responder a lo que ocurre en el entorno.
En ese sentido, señaló que el editor debe
tener “la calidad y la sustancia de una esponja”, es decir, la capacidad de
absorber las tensiones, contradicciones y problemáticas de su tiempo. Uno de
los momentos más significativos de su intervención fue cuando habló del norte
del país como un espacio con identidad propia: “la frontera es identidad, pero
también es límite; somos un país dividido por un río que es un río de sangre”.
Con esto, dejó claro que el trabajo editorial también implica una
responsabilidad frente a la historia, la cultura y las realidades que
atraviesan a una comunidad.
Ruth Castro, escritora, editora y gestora
cultural, aportó una mirada centrada en el trabajo cotidiano con los textos y
en la construcción de un proyecto editorial con identidad. Con una trayectoria
que incluye la dirección de espacios vinculados al Fondo de Cultura Económica,
así como una sólida labor en promoción de la lectura y creación literaria,
explicó que no basta con que un texto esté bien escrito para ser publicado.
En su caso, su editorial se enfoca en géneros
híbridos —entre ensayo, crónica y memoria— y en una mirada situada en el
noreste del país. Además, defendió un ritmo de trabajo más pausado: “puede ser
un libro o dos al año; no quiero que el catálogo vaya creciendo sin sentido”.
Esta postura pone énfasis en el cuidado editorial y en la calidad por encima de
la cantidad.
Durante la mesa también se abordaron los
aspectos menos visibles del trabajo editorial. Ruth Castro explicó que sostener
un proyecto implica enfrentar retos administrativos importantes, como la
distribución, la venta y la gestión económica. En ese mismo sentido, Cuitláhuac
Quiroga señaló con claridad que “mover un libro en México es caro”, lo que
refleja las dificultades estructurales del sector.
Hacia el cierre, se abordó el tema de los
nuevos formatos, como el libro digital y el audiolibro. Eduardo Rabasa explicó
que, desde su experiencia, estos cambios no modifican lo esencial del trabajo
editorial: “el proceso creativo sería exactamente el mismo; no veo que afecte
tanto el tema del formato”. De esta forma, quedó claro que, más allá del
formato, lo esencial sigue siendo el contenido y el trabajo editorial que lo
respalda.
La
mesa permitió ver que editar es mucho más que publicar: es construir un
catálogo con sentido, dialogar con el contexto, sostener un proyecto en
condiciones muchas veces complejas y, sobre todo, acompañar textos que aporten
a la conversación cultural.
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