Una charla sobre Ernesto Sábato y la oscuridad humana, por Nadia Contreras

Fotografía recuperada del sitio web Argentina.gob.ar

En el marco de las actividades del Instituto Municipal de Cultura y Educación de Torreón, el pasado 16 de abril de 2026, se realizó la mesa de diálogo “La oscuridad y el alma: un acercamiento a la obra de Ernesto Sábato”, organizada por la Coordinación de Literatura y transmitida a través de la fanpage del IMCE.

Compartí este espacio con Rodolfo Ruiz y Alexandra Moreno, cuyas lecturas no solo dialogaron con la obra de Sábato, sino también con sus propias experiencias como escritores.

Acercarse a Sábato implica incomodarse. Su literatura no busca consolar, sino confrontar. Como se dijo durante la charla, es “un autor que nos invita mucho a pensar y a mirar hacia dentro”, alguien que abandonó la ciencia para adentrarse en territorios donde la razón se vuelve insuficiente.


Rodolfo Ruiz abrió una de las primeras líneas de reflexión al hablar de El túnel desde su experiencia como narrador. A partir de una observación que le hicieron en un taller literario —“yo era un narrador muy controlador”—, conectó esa idea con la mente de Juan Pablo Castel:

“Como todo… antes de que incluso se dé un encuentro propicio con María Iribarne, él ya está elaborando casi como una computadora todos los factores a favor o en contra de un encuentro, pero de una manera obsesiva, compulsiva, realmente se me hizo de un humor negro muy fino.”

Rodolfo Ruiz agregó que esa lectura no se quedó en lo literario, sino que se trasladó a la vida cotidiana: “alguien me dice ‘vamos a vernos en tal día’ y yo involuntariamente ya empiezo a planear la conversación… lo que la otra persona va posiblemente a contestar, lo que yo voy a replicar.”

En ese momento, Castel dejó de sentirse como un personaje lejano y empezó a parecerse mucho a nosotros, a esas pequeñas conductas que repetimos sin darnos cuenta. Rodolfo lo expresó con claridad: “Empezamos a hacer de nuestra vida una novela interior pero no en un sentido grato, sino a veces también tormentoso.”

Otro de los puntos que destacó fue la elección del oficio del protagonista: “Yo pienso que la forma de pensar de Castel tan organizada, tan maniática, se aproxima más a la mente de un escritor que a la de un pintor; ese artificio es muy efectivo cuando el autor quiere hablar un poco de él.”

Más adelante, al compartir su texto crítico, propuso una lectura que rompía con la interpretación solemne de la novela: “En esta segunda lectura la verdad se me hizo de un humor negro muy fino, más que una novela de tesis, El túnel es una tragicomedia menos trágica que cómica.” Y sobre Castel, añadió: “Castel es un detective ciego… un detective de sus celos… que trata de averiguar lo que en el fondo ya sabe.”

Por su parte, Alexandra Moreno ofreció una lectura profundamente sensorial y emocional de la obra. Su primer encuentro con El túnel la marcó: “Desde la primera línea me sentí atrapada por la historia, aunque te revelaba el final, Sábato como que me atrapó con eso y no me soltó.”

Lo que más le impactó fue la manera en que el texto introduce al lector en la mente del protagonista: “Yo sentí que toda esa locura estaba dentro de mí; no como si alguien externo me la estuviera narrando, sino como si esos pensamientos realmente habitaran en mí.”

Uno de los aspectos más perturbadores que señaló fue la empatía involuntaria con el personaje: “¿Por qué me hace sentido lo que este loco dice? ¿Por qué estoy pensando esto?” A partir de ahí, Alexandra se centró en la naturaleza de esa oscuridad: “Yo creo que él busca de manera muy obsesiva el sentido de todas las cosas y eso es algo muy humano, pero también muy loco.”

También destacó la crudeza de la escritura de Sábato: “Creo que él no le importa suavizar absolutamente nada, entra a estos territorios con una honestidad que es bárbara.” En otro momento, reflexionó sobre la figura de María Iribarne y su relación con Castel: “Ella no responde de manera completa, él quiere saber más allá, quiere que le diga toda y eso lo desquicia.” Añadió: “Yo creo que María representa esa parte del otro que no podemos controlar, que no podemos poseer completamente y eso vuelve loco a Juan Pablo.”

Su lectura también incorporó una dimensión psicológica contemporánea: “Castel tiene todo para ser un psicópata integrado… parece inteligente, sensible, culto, pero está loco.” Hacia el final, Alexandra llevó la reflexión al presente: “Estamos hiperconectados, pero cada vez más solos, construimos relaciones con personas que no nos conocen y eso también nos deshumaniza.” Cerró este apartado de su participación con otra sentencia: “Si solo consumimos historias bonitas, dejamos de cuestionarnos y nos volvemos personas frágiles.”

Mi participación se centró en el texto “Informe sobre ciegos”, desde una experiencia muy personal. Mi acercamiento a Sábato surgió a partir de la enfermedad visual de mi padre: “La ceguera dejó de ser una idea o un símbolo literario para convertirse en algo real, en algo que nos dolía”.

A esto se sumó la lectura de otras autoras y autores, que también fue muy importante en mi proceso. De esa mezcla entre lo vivido y lo leído surgió gran parte de la inspiración para escribir La niebla crece dentro del cuerpo, libro de poemas publicado en 2019 por Puertabierta Editores. Ese tránsito me llevó a leer este texto desde otro lugar: “No es un fragmento cualquiera, es el núcleo más intenso, más oscuro de la propuesta de Sábato.”

Sobre el personaje de Fernando Vidal Olmos, señalé: “Es un personaje obsesivo, incómodo, convencido de que existe una secta de ciegos que controla el mundo, pero más allá de eso, lo importante es lo que revela.” En el fondo, el texto plantea: “La locura no es solo un desorden, puede ser una forma de conocimiento, un pensamiento límite.”

Ese descenso que vive el personaje se convierte en una metáfora de la psique: “No es solo un descenso físico, es un descenso hacia lo que no queremos ver, hacia lo reprimido.” También compartí cómo este texto marcó mi propia escritura: “Un libro te lleva a otro libro y Sábato abrió en mí la necesidad de explorar las alteraciones mentales y, claro, la ceguera, no solo física, sino interna.”

La charla cerró con múltiples líneas abiertas: la sombra, la soledad, el deseo de control, la imposibilidad de poseer al otro. La obra de Sábato no se agota. Permanece. Inquieta. Y mucho.

Puedes ver la transmisión en YouTube haciendo clic AQUÍ.

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