Una charla sobre poesía y fenómenos astronómicos


Hace días impartí una charla que titulé “Cuando la poesía escrita por mujeres se inspira en fenómenos astronómicos”. Las autoras tratadas fueron Safo, Sor Juana, Alfonsina Storni, Elsa Cross, Tamara Alexandrovna Yirmanskaia, Gioconda Belli, Julia de Burgos, Alana Rollings, Rosalía de Castro, Josefina Pla, Esther Martínez Pastor, Alejandra Pizarnik, Carolina Coronado, Gabriela Mistral, Marilina Révora. Claro que faltaron muchísimas, por ejemplo, ahora me doy cuenta de una omisión importante: la poesía cósmica de Olga Arias.

Las voces aquí reunidas buscan responder a la inquietud de saber qué es lo que sucede más allá de cielo, así como responder a la propia existencia, el azar, el destino, el amor, el temor, la verdad. O cuando menos, a un fragmento de esa verdad, porque no hay verdades ni razones últimas. 

Dice Zurita que en nuestro tiempo no queda sino hablar de las desgracias que vivimos y nadie, creo, puede desmentirlo. Sin embargo, me gusta evocar (como lo he hecho en los últimos años) una poesía que se gesta más en el terreno de la felicidad o en la tranquilidad de quien mira pasar el tiempo. Mientras la edad avanza, buscamos vivir en este estado emocional positivo, dicen. 

Un estudio de Harvard, desde la década de los 30 nombrado “El estudio de desarrollo de los adultos” y cuyos resultados se han publicado en el libro The Good Life, dirigido por el psiquiatra Robert Waldinger y el psicólogo Marc Schulz revelan a qué edad encontramos la felicidad. Han examinado a 700 personas y sus descendencias, llegando a la conclusión de que, a partir de los 60 años, los humanos son más felices. De acuerdo con los investigadores “es porque se tienen más en cuenta los límites de la vida y de que la muerte es algo real, cambiando así sus vidas. Aunado a ello suelen tener menos obligaciones y amistades más consolidadas, desprendiéndose de aquellas que no les aportan nada”. Quizá yo no tenga tal edad pero, episodios casi fatales en la vida, me hacen priorizar hacia sensaciones de bienestar, plenitud, satisfacción y alegría. 

Este ramillete de mujeres poetas, observando la bóveda celeste (desde el silencio, desde el dolor, desde la fe) escribieron sobre un universo vivo, cambiante, enigmático; su poesía, debajo del drama de lo continuo, manifiesta, al decantarse, la maravilla de un cielo poblado de astros. Me sorprende también su vocación firme a la escritura. Hubo silencios, pero nunca dejaron de escribir. Es decir, nunca dejaron de otorgarle significado a las palabras y a la realidad propia que, en los otros, se universaliza. Dice Sor Juana “Me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad, que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras”. 

Fue grata esta experiencia de encontrarme con estas poetas y su interés por escribir sobre los diversos fenómenos astronómicos. La poesía y la imaginación no tienen límites y, sin lugar a dudas, la relación entre astronomía y poesía es fascinante. En la imagen (ambas la buscan), la invención se hace patente. 


Para ver la charla en Youtube, haz clic AQUÍ 

Nadia Contreras, poeta


Fotografía de portada tomada de internet. 

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