Con sentidos abiertos hay escritura


En algún momento de nuestra vida dejamos de explorar, de ahondar en el vasto terreno de la imaginación. En algún momento, como docentes, dejamos olvidada esa chispa que incendiaba el corazón de nuestros alumnos; dejamos de oir, de sentir, de vivir. ¿En qué nos convertimos? En piedras, en sombras, en moho. Cuando tratamos de sacudir el alma inmóvil; cuando procuramos quitar la pereza, la apatía, el repudio a las cosas que hacemos dentro del salón de clase, en la oficina, en casa, estamos dándole una oportunidad más a los sentidos. Eliminemos la expresión de que a nuestros alumnos no les gusta leer mucho menos hablar de poesía. A muchos les gusta, a otros no tanto o nada pero, sabemos perfectamente, que depende de cómo viven la experiencia. Si a nosotros como docentes o padres de familia no nos interesa, por supuesto, será un camino muy difícil.
        Esta reflexión parte de algunas preguntas que me plantearon en el curso "Lecturas digitales" que impartí hace algunos días: ¿De qué sitio partir para que los alumnos en el salón de clase trabajen la creatividad? ¿Hay algún manual, receta que nos ayude como docentes a orientarlos, a sugerirle temas de escritura? Y remataban: "Es que a los muchachos ya no les gusta expresar sus sentimientos. Todo se trata del celular" .
        Cada escuela y cada profesor debe adaptar sus estrategias a las necesidades de los alumnos, y de eso, hay muchísima bibliografía. Creo, sin embargo, que como docentes hemos olvidado la relación entre alumno y lectura (o literatura). En síntesis, alumnos que leen son alumnos despiertos. Ahora, ¿de qué pueden escribir? Sobre el pie, la mano, la muela partida a la mitad, el costurero de la abuela, las conversaciones, la película, el pregón de quien pasa frente a nuestra casa vendiendo hierbas medicinales. Todo, absolutamente todo es materia de escritura. Muchas veces no son los alumnos quienes muestran apatía por este tipo de actividades. Lo que sucede en estos tiempos sumamente ruidosos es que también los docentes hemos olvidado lo que significa tener los sentidos aguzados. Hay una pregunta que Sergio Andricaín y Antonio Orlando Rodríguez, plantean en su libro Escuela y poesía, y me parece conveniente: "El niño a quien nadie ha enseñado a escuchar el canto de un pájaro, ¿llegará por sí solo a descubrir toda la belleza que encierra ese prodigio de la naturaleza?".
        La escritura parte de lo que se indaga, eso que, incluso, para nosotros es desconocido. O de la revelación: un horizonte, un lago, un cisne. Sobre éste, me estremecen (recordemos el famoso poema de Enrique González Martínez) los versos de Delmira Agustini: "Pupila azul de mi parque / es el sensitivo espejo / de un lago claro, muy claro!... / Tan claro que a veces creo / que en su cristalina página / se imprime mi pensamiento. // Flor del aire, flor del agua / alma del lago es un cisne / con dos pupilas humanas, / grave y gentil como un príncipe; / alas lirio, remos rosa... / Pico en fuego, cuello triste / y orgulloso, y la blancura / y la suavidad de un cisne..."
        En lugar de cisne, un gato, un perro, un pez, un perico. Todos, en algún momento, hemos tenido una de estas mascotas en casa. Otro escenario: ¿quién niega que el largo pasillo de los juegos o la habitación o la casa de campo, las eternas conversaciones sobre  fantasmas o monstruos son asunto del pasado? En el presente, nada de esto existe porque nos consumió la edad, el cansancio, la repetición. Con este peso en los hombros, imaginen lo que proyectamos a nuestros alumnos. En fin, las luces del escenario se apagaron y la noche es la otra cara de la usanza. Las sombras no dicen nada. Pero ¿qué sucede cuando ponemos atención a la oscuridad? ¿cuando ponemos atención al cuerpo, sus voces, sus pesadillas, sus vacíos? ¿podemos motivar la creatividad de nuestros alumnos a partir de esto? Pienso en Xavier Villaurrutia, que en el poema "Nocturno grito", revela: "Tengo miedo de mi voz / y busco mi sombra en vano. // ¿Será mía aquella sombra / sin cuerpo que va pasando? / ¿Y mía la voz perdida / que va la calle incendiando? // ¿Qué voz, qué sombra, qué sueño / despierto que no he soñado / serán la voz y la sombra / y el sueño que han robado?".
        Para la narradora Soledad Puértolas,  autora de El fin, Queda la noche Compañeras de viaje, el ejercicio de la memoria  recupera aquellos fragmentos de la realidad perdida. Los recuerdos como motivo para la experiencia creativa. Los recuerdos, esa otra realidad y sus espejos “se convierten en recreaciones inventadas, ya que al rememorar nos encontramos con  nosotros mismos”.
        El tiempo, su marca inacabable. Es destino, circunstancia, un juego (choque) de dados (Mallarmé) . En él, la realidad (volvemos a la realidad) es simbólica. Es muy interesante analizar el tiempo a partir de variadas perspectivas; el tiempo nuestro, este que marca el reloj de manera puntual y el tiempo que viven los personajes dentro de los textos, llámense cuentos, crónicas, novelas, poemas. El tiempo es un buen tema para confeccionar, tal vez, un ensayo filosófico. Pensemos, en los personajes de los relatos de Raymond Carver. Con un relato del autor basta para internarnos en calles y barrios desolados, mirar rostros que van y vienen pero sin disponer ningún tipo de amistad, relación, empatía con los vecinos, la comunidad. A Carver lo obsesionaban estas historias y sus sentidos estaban ahí. Pero si revisamos a Carver, debemos repasar también las narrativas de Chejov (su maestro, imposible pasar por alto su gran humor para ridiculizar), Hemingway, Saroyan, Miller.
        Si hablamos de aguzar los sentidos, nos damos cuenta que a la escritura se llega por múltiples caminos. No hay una vía única, no existen pócimas ni fórmulas mágicas. Es la vida diaria, así, con sus triunfos, sus pormenores, sus derrotas. Es el cuerpo, el alma, el corazón, la sangre. Dije pormenores porque el dolor, la muerte, han dado textos que merecen mención a parte. Pensemos en Guadalupe Amor o en el poeta Henri Michaux (perdón por hablar tanto de él) que luego de la muerte de su mujer en un incendió, escribió un poema desgarrador que lleva como título "Nosotros dos aún". Leamos un fragmento: "Aire del fuego, no supiste jugar. // Arrojaste sobre mi casa una tela  negra. ¿Qué es esta opacidad en todas partes? Es la opacidad que cubrió mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto. // Para esperar me hubiera bastado con un hilo de agua. Pero te lo llevaste todo. El sonido que vibra me fue quitado. // No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrible pantano de sangre".
        Y finalmente, el celular puede ser una gran herramienta de lectura y escritura. Claro, como docentes podemos sugerir a nuestros alumnos el uso de éstas. A continuación menciono algunas TIC que son interesantes para la labor docente: World Literary Atlas: Atlas que vincula ciudades y pueblos a las obras literarias en las que aparecen y los escritores que las crearon; Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes: incluye numerosos recursos para la enseñanza de la literatura española; Don Quiote de la Mancha: incluye juegos y actividades; Materiales de lengua: Página con multitud de recursos digitales y actividades para el aula de Lengua y literatura; y finalmente Apuntes de lengua: sitio de José Hernández Ortega con recursos, actividades, podcast, videos, juegos y muchas cosas más para trabajar la asignatura. Y si de escribir se trata, dos aplicaciones que funcionan de maravilla: Evernote y WeNote.

Textos publicado originalmente en La vereda, periodismo cultural en línea

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