Sobre regalos fabulosos y la pobreza



Me he quedado estupefacta con el regalo que se han dado los diputados federales de nuestro país. La cantidad es fabulosa: 233 mil 755 pesos, primero libres de impuestos y luego, que no, que se ejecutarán éstos sobre la cantidad citada. No es la primera vez que tenemos noticias de este tamaño; ha sucedido con todas las administraciones. Es más, no recuerdo (acaso ustedes me podrán corregir), que la querida clase política se haya desprendido de estas sumas con una finalidad altruista. Luego, horas después voy rumbo a casa y escucho nuevamente la noticia. La escucho por radio mientras me detengo frente al semáforo rojo.
          Me observo en el espejo retrovisor y sé que hay cosas que comienzan a no estar bien en mi vida. Pienso, por ejemplo, que mi salario es cada vez más precario, no porque gane menos si no porque vivir en México resulta sumamente caro. Mi coche es pequeño, compacto y mantenerlo, resulta más pesado. Y cada vez más pesado sostener una casa, una forma de vida rodeada de libros y tazas de café. Sin embargo, mi mirada, parte de la simple comodidad, porque más allá del cristal, el mundo es totalmente diferente: la oscuridad de las manos que piden una moneda; los rostros desaliñados, cansados, desesperados, solos. Esta, que observo ahora, es la película real de nuestro país y me quedo corta. Duele, en este momento, lo que no se ignora, se oculta, se disfraza, se justifica.
          Podemos inventar múltiples historias de ficción, presumir salarios, construcciones, acaso, innecesarias. Podemos decir que todo pinta perfectamente bien ¡una maravilla de país en el que se pueden dar regalos de este tamaño! ¡Qué mentira! Desde el auto, la diferencia es abismal mi posición muy cómoda. Tendríamos que vivir en esos contextos para entender la urgencia, pero la vida me ha tocado con suerte y a pocos, les ha colgado una medalla en el cuello. Podemos suponer aquí la mejor de las justificaciones: "la pobreza es por destino" o "al pobre le gusta vivir como pobre".  
          ¿Se puede entender la situación de la mayoría de los mexicanos desde esos lujos? Es más fácil insistir en que el pobre es porque quiere vivir como tal o más fácil afirmar, que es porque dios así lo quiere. ¿Habrá un porvenir? El semáforo cambia y debo avanzar. ¿Cuántos Méxicos tenemos? Muchos, no obstante, no veo aquél que se concibe desde las curules. Avanzo y todo se oscurece como si el sol hubiese sido arrancado del cielo y la noche se hiciera presente; una noche como la que nos describe Charles Dickens, fangosa, llena de niebla, de hollín sobre los lomos de los perros. Sobre los rostros, no hay una infección de mal humor, sino de pobreza, abandono, incertidumbre.   

Texto publicado originalmente en Mujeres construyendo

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