Pueden verdaderamente decir algo


[DESCOMPOSICIÓN]

1
La tierra está rota
y muda.
Los árboles no danzan
la coreografía del viento,
y los ríos
se consumen
en cuencos áridos.
Es el tiempo
en relojes
de apesadumbradas horas.

La quemadura
atraviesa lado a lado.


2
Es pesadilla
el ataúd llevado
por un corcel falso.

Rompe la memoria
el espacio sin espacio
de narcomantas.

En su lugar,
el engaño:
nubes o fuegos artificiales.
O abrir los ojos
y cerrarlos.

Abrirlos.


3


La niñera se va a Sayulita,
un pueblo de la costa mexicana
del pacífico.

Babea 
el descorazonado,
el sonámbulo. 
Y el cuerpo
del niño cae.

La piscina
es espejo
de la descomposición. 


4
Me atrinchero en mi guarida.

En medio del día
o de la noche,
al idioma sordo
de las balas.

Hay orillas que no se alcanzan.


5
Lo inmerso
gira
muy dentro.

El horror está en todas partes.



[MATERNIDAD]


1
Desde la esterilidad,
tu rostro es espejo de la tarde,
ahí donde comienza
el torrente de vida.

Como mi madre
—me concibió a los 42—,
soy un acontecimiento.

Abro la calle,
abro la mirada.


2
Dios anda alrededor mío
o sus pájaros.

La felicidad es lo que nombro.
Y el vientre,
pequeño espacio
que guarda
la armonía de la existencia. 


3
Mi vientre crece
como las palabras
que inventan sueños.

Quiero una fiesta,
quiero al hombre;
colma mis manos,
repara el reloj del tiempo,
manecillas de piedra.

Es extraño, hija, 
el diálogo de la ilusión.


4
Los hilos —alguna vez
nos sostuvieron—,
trazan
el mapa
de la pérdida.

El cuchillo es veloz,
corta de pies a cabeza
el cuerpo solemne.

En los pormenores del mundo,
contemplar estrellas
del cristal bastardo de la noche.

Porque sufres, porque 
hay sombras
dentro de tu cabeza.
O porque sí.

Es como arrancar una espina del pecho, dicen.

Todos aplauden
la reverencia
del corazón roto.


5
La adolescencia
nos divide,
nos quiebra
en argumentos falsos.

 ¿Volverás?
O alguien —no hay testigos
cómodos—,
se llevará tus violines,
tus partituras.

Acaricio el vientre abultado
de la hija
que no existió.


6
Abrir y cerrar los ojos
dentro de la habitación minúscula.

Lo que ordeno, cae.
Fuera de la cuna, 
fotografías
sin colores ni gestos.
Y tú, hija, no llegas
a la hora prevista.

Sigue la multitud de ausencias. 


[SONRISA CIEGA]

1
A tus diecisiete    Gabriela
sin nunca enseñar el corazón
te obligan a abrir las piernas


2
¡Ve cómo te amo!

Así gimen
ellos,
los políticos
los hombres de negocios,
los policías
[…]
aquellos
que en sus discursos

prometen 

reconstruir 

sobre el desgarramiento.

Eres carne
del mejor postor

3
No obedeces a la demanda
de servicios sexuales
y vomitas
el alcohol
que te invitan
los clientes

No aceptas las drogas
No introduces en tu vagina
un tampón con vinagre
para detener la menstruación

[Elisa, escucha, 
el tiempo
es negocio redondo, 
negocio sometido.]

Te cortan los pechos
Te arrancan el vientre


4

[Gabriela]

El miedo
gira el viento
gira los corredores.

En algún lugar
el paraíso ajeno    
y la puerta;
abre a la noche
donde justamente
habita la esperanza

Guarden sus lágrimas
sus oraciones    dices

Aún hay tiempo para vivir


***

“¿Puede decirnos, Gabriela, si escribirá un libro sobre lo vivido?”

La tranquilidad lo cubre todo,
el aire es fresco
y la tarde resplandece en armonía.

La casa es una estancia,
un reflejo deslumbrante.

“¿Sabe usted que hasta el momento han cerrado trece antros y rescatado a 72 jovencitas, víctimas también de esta modalidad de trata?”

Sentada en el sillón de terciopelo verde,
te reconforta la luz del pasillo,
la puerta,
aquellos que en el camino de la condena
van a ninguna parte.

“¿Podría decir algunas palabras a las jovencitas que viven o han vivido una situación similar?”
“¿Daría alguna recomendación a las autoridades?”
  
¡La libertad y el valor
no son un secreto!

“Yo Gabriela Valdez le haré unas preguntas. Sí, señor, a usted; a usted señorita, a ustedes: ¿qué pueden decir?’
‘¿Qué opinan de un cuerpo mancillado, profanado una y otra vez’
 “Sí, le pregunto a usted, usted de la grabadora, de la cámara, del micrófono; usted, usted…”
“¿Pueden verdaderamente decir algo?”


Poemas tomados del libro Visiones de la patria muerta
Ediciones El humo. Col. Ojo cautivo. México, 2014.  p. 42

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