Escribir para borrar


La chica de arriba no soy yo, pero de alguna manera, refleja la situación en la que me encuentro. Tengo la idea de lo que quiero escribir: la soledad y el tiempo, pero estoy atorada. El momento que paso ahora es de esos desesperantes donde las ideas están en contra y lo que sucede, luego de escribir tres o cuatro renglones, es el hundimiento. Borro lo escrito y aunque no lo crean esto me frustra. Hace poco, borré un libro completo de poesía y fue como quedar a media calle, desamparada, perdida; como si de pronto, perdiera mi familia. Escribir, borrar.

Busco conjurar el mal hechizo con alguna lectura; lectura por supuesto, que me haga pensar en el tema clavado en medio del pecho. Paso una hoja y otra, y el tema está ahí, pero muy lejos. Mi pensamiento brinca de aquí para allá. Dentro de él hay ruido. Imágenes que lo alteran y quizá tenga que ver con haber llegado a casa luego de una jornada larga de trámites. Existir implica papeleo aquí y allá. Hablo de las cosas que desvían la inspiración, ese estar "a punto de". Observar no para escribir, sino para existir. Y existir apenas. Me doy cuenta que la creación no se lleva con el mundo burocrático de ahora. Pero, quitando la burocracia, ¿quién se lleva bien con el mundo? Leamos los periódicos, escuchemos y veamos las noticias. Hay dolor. ¿Qué está por suceder? ¿A qué nos han condenado?

La creación tampoco debería llevarse bien con el caos; la poesía, por ejemplo, no debería surgir de este caer en pedazos sino de la contemplación de los paisajes, la dicha y la maravilla de la vida. Pero, en otro escenario, la poesía denuncia, sacude, altera, reconfigura. Desde el alma, desde la raíz. La poesía salva y tal vez, si todos leyéramos y escribiéramos poesía (o cualquier cosa, un diario por ejemplo, o simple y sencillamente, escribir de lo que ahoga, lo que quiebra o revienta de emoción) no odiaríamos, no pelearíamos, no haríamos la guerra. Lo digo de otro modo: la escritura, sana y salva.

Voy a intentar retomar el texto que comencé hace un par de horas. El sonido del teclado (mis dedos aplican demasiada fuerza como si escribiera en aquellas máquinas Olivetti) me tranquiliza. Estoy más perceptiva, me siento cómoda mientras recupero la respiración, el cauce de los pensamientos. Me dejo llevar.

Comentarios

Entradas populares